COMENTARIO

 Nm 13,30-33 

Dos actitudes se contraponen: la de Caleb movido por la fe y la confianza en Dios, y la del resto de los exploradores que, ante la dificultad con la que han de enfrentarse, no sólo no cuentan con la ayuda de Dios, sino que ponen en cuestión la bondad del don que Dios les promete, la bondad de la Tierra. Éste es el punto de partida que les llevará a la rebeldía abierta contra Dios y Moisés.

Con frecuencia se hacen patentes las dificultades que cualquier proyecto humano o sobrenatural lleva consigo. Pero la solución no consiste en claudicar ante los obstáculos, sino en luchar con fe y valentía por superarlos. El miedo de los israelitas a la lucha para conquistar la Tierra, debido a la magnitud de los enemigos que han de combatir, lleva a algunos de ellos a despreciar y hablar mal de la misma Tierra. Algo similar ocurre en el cristiano, cuando, por miedo, se retrae en la lucha por alcanzar la perfección: «Sé que, enseguida, al hablar de combatir se nos pone por delante nuestra debilidad, y prevemos las caídas, los errores. Dios cuenta con esto. Es inevitable que, caminando, levantemos polvo. Somos criaturas y estamos llenos de defectos. Yo diría que tiene que haberlos siempre: son la sombra que, en nuestra alma, logra que destaquen más, por contraste, la gracia de Dios y nuestro intento por corresponder al favor divino. Y ese claroscuro nos hará humanos, humildes, compasivos, generosos» (S. Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 76).

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