COMENTARIO

 Nm 14,1-25 

La rebelión llega a su punto culminante con la pretensión de elegir otro jefe en vez de Moisés, volverse a Egipto y apedrear a quienes proclaman la confianza en Dios. Aarón vuelve a aparecer junto con Moisés y Josué, unido a Caleb y participando de su entusiasmo (vv. 5-6). Sin embargo, quien resuelve la cuestión es la gloria y el poder del Señor que amenaza con castigar y, lo que es más tremendo, con desheredar al pueblo, disponiéndose a crear un pueblo nuevo a partir de Moisés (vv. 11-12). Pero una vez más éste intercede en favor del pueblo, ahora recurriendo a los argumentos más fuertes que pudiera presentar: el mismo honor de Yahwéh ante los pueblos, y su ser clemente y misericordioso como Él mismo había dicho de Sí (cfr Ex 34,6-7). Dios, en efecto, perdona al pueblo una vez más, y no lo destruye; pero ha de actuar con justicia diferenciando entre los que confiaron en Él como Caleb, y los que, por el contrario, se rebelaron contra Él hasta «diez veces» (v. 22), es decir, completamente y con plena conciencia.

Volver a Nm 14,1-25