COMENTARIO
Se trata ahora de un pecado cometido deliberadamente, y en materia grave, ya que llevaba consigo la pena de muerte para quien lo cometiera (cfr Ex 31,14-15). En este caso se especifica el modo concreto de ejecutar esa sentencia, que es el usual en el judaísmo antiguo: la lapidación. La dureza de la pena prevista sirve para hacer patente la magnitud de la ofensa a Dios que supone la comisión de un pecado mortal.