COMENTARIO

 Nm 20,2-13 

A diferencia de Ex 17,1-17, aquí es Aarón quien acompaña a Moisés, de tal manera que ambos son partícipes del pecado de desconfianza en Dios (cfr v. 12). El texto no dice en qué consistió tal pecado: podemos pensar que en el hecho de haber golpeado la roca dos veces por falta de fe (cfr vv. 11-12), o en el acto mismo de golpearla, siendo que Dios les había ordenado hablar a la roca (cfr v. 8) —aunque en Ex 17,6 sí manda golpearla—. En el v. 24 se dice que fue un pecado de desprecio, y en Sal 106,32-33 se interpreta como haber pronunciado palabras insensatas. En Dt 1,37, y en otros pasajes, el castigo que padeció Moisés se atribuye, en cambio, a la desobediencia del pueblo. En cualquier caso, el suceso es aquí narrado justo antes de contar la muerte de Aarón, como también será recordado en Dt 32,51 antes de contar la muerte de Moisés. Aquí el episodio se relaciona con dos nombres geográficos: Cadés que significa precisamente «santidad» y suscitaría el recuerdo de la santidad de Dios (cfr v. 12), y Meribá que significa rebelión y traería a la memoria la falta de Moisés. Ambos nombres aparecen unidos formando uno sólo, Meribá Cadés, en Dt 32,51 y Ez 47,19.

Aquella roca prefiguraba a Cristo, como enseña 1 Co 10,4-5. Los Santos Padres interpretaron alegóricamente que la piedra es Jesucristo, y el agua la gracia que brota del costado abierto del Señor; el golpear dos veces significa los dos maderos que forman la cruz. Moisés representa a los judíos, pues lo mismo que Moisés dudó y golpeó la piedra, el pueblo judío crucificó a Cristo, no creyendo que era el Hijo de Dios (cfr S. Agustín, Contra Faustum 16,15; Quaestiones in Heptateuchum 35).

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