37El Señor habló a Moisés diciendo:
38—Habla a los hijos de Israel y diles que, por todas sus generaciones, se pongan flecos en las esquinas de sus vestidos y que pongan entre estos flecos uno de púrpura violácea. 39Tendráneste fleco para que cuando lo vean recuerden todos los mandamientos del Señor y los cumplan, y no sigan los deseos de sus corazones y de sus ojos, que los llevan a la perversión; 40de este modo recordarán y cumplirán todos mis mandamientos y serán santos para su Dios. 41Yo soy el Señor, su Dios, que los he sacado de la tierra de Egipto para ser su Dios. Yo, el Señor, su Dios.
16Nm1He aquí que Coré, hijo de Yishar, hijo de Quehat, levita, y Datán y Abiram, hijos de Eliab y On, hijo de Pélet, rubenitas, 2se alzaron contra Moisés junto con doscientos cincuenta hombres de los hijos de Israel, jefes de la comunidad, miembros del consejo, hombres importantes. 3Se juntaron contra Moisés y contra Aarón y les dijeron:
—¡Esto es demasiado! Todos los de la comunidad, todos, son santos, y el Señor está en medio de ellos, ¿por qué, pues, se ponen por encima de la asamblea del Señor?
4Moisés lo oyó y cayó sobre su rostro, 5y habló a Coré y a toda su gente diciendo:
—Por la mañana el Señor dará a conocer quién es suyo y quién es el santo, y hará que se le acerque. Hará que se le acerque el que él elija. 6Hagan esto: que Coré y toda su gente tomen unos badiles. 7Pongan en ellos unas brasas y mañana echen sobre ellos incienso delante del Señor. El santo será el hombre a quien el Señor elija. ¡Esto es demasiado, hijos de Leví!
8Moisés dijo a Coré:
—Hagan el favor de escuchar, hijos de Leví: 9¿Les parece poco que el Dios de Israel les haya separado de la comunidad de Israel para acercarlos a sí, para que desempeñen el servicio del Tabernáculo del Señor, para que se presenten a su servicio delante de la comunidad? 10Te ha acercado a sí, a ti y a todos tus hermanos, los levitas, y ¿reclaman también el sacerdocio? 11Por eso tú y toda tu gente se están rebelando contra el Señor. Pues, ¿quién es Aarón para que murmuren contra él?
12Moisés envió a llamar a Datán y a Abiram, hijos de Eliab, pero ellos dijeron:
—¡No subiremos! 13¿Te parece poco que nos hayas hecho salir de una tierra que mana leche y miel para hacernos morir en el desierto, para que encima te quieras imponer sobre nosotros? 14No nos has traído a una tierra que mana leche y miel ni nos has dado en heredad campos y viñas. ¿Es que a esta gente le vas a arrancar los ojos? ¡No subiremos!
15Moisés se enfureció y dijo al Señor:
—No hagas caso a su ofrenda. No les he quitado ni un solo burro, y no he hecho mal a nadie.
16Moisés dijo a Coré:
—Tú y toda tu gente, comparezcan mañana ante el Señor; tú, ellos y Aarón. 17Tomen cada uno su badil, echen sobre ellos incienso y ofrezcan ante el Señor cada uno su badil: doscientos cincuenta badiles. Tú y Aarón, cada uno su badil.
18Tomaron cada uno su badil y pusieron sobre ellos unas brasas y echaron sobre ellos incienso. Permanecieron a la entrada de la Tienda de la Reunión junto con Moisés y Aarón. 19Coré convocó frente a ellos a todo el grupo a la entrada de la Tienda de la Reunión. Y la gloria del Señor se manifestó a toda la comunidad.
20El Señor habló a Moisés y a Aarón diciendo:
21—Apártense de esa gente, que los voy a devorar en un instante.
22Ellos cayeron sobre sus rostros y dijeron:
—¡Oh Dios, Dios de los espíritus de toda carne! ¿Te vas a enfadar con toda la comunidad por el pecado de un solo hombre?
23El Señor habló a Moisés y Aarón diciendo:
24—Habla a esa gente y diles: «Apártense de las proximidades de las tiendas de Coré, Datán y Abiram».
25Moisés se levantó y se dirigió hacia Datán y Abiram mientras los ancianos de Israel marcharon tras él. 26Y habló a la comunidad diciendo:
—¡Apártense de las tiendas de estos hombres malvados, y no toquen ninguna de sus cosas para que no sean castigados por todos sus pecados!
27Ellos se apartaron de los alrededores de la morada de Coré, Datán y Abiram; Datán y Abiram salieron y se quedaron a la puerta de sus tiendas, con sus mujeres, sus hijos y sus pequeños.
28Y dijo Moisés:
—Ahora sabrán que es el Señor el que me ha enviado a hacer todas estas obras, que no proceden de mi corazón. 29Si estos hombres mueren como todo hombre, y los alcanza el castigo común a todos los hombres, es que el Señor no me ha enviado. 30Pero si el Señor obra algo nuevo, y el suelo abre su boca y se los traga con todas sus posesiones, y bajan vivos al sheol, ustedes conocerán que estos hombres han injuriado al Señor.
31Cuando acabó de decir todas estas palabras, se hundió el suelo sobre el que estaban, 32la tierra abrió su boca y se los tragó junto con sus familias, y toda la gente de Coré y todos sus bienes; 33ellos bajaron vivos con todas sus posesiones al sheol; la tierra los cubrió, y desaparecieron de en medio de la asamblea. 34Todos los israelitas que estaban alrededor de ellos huyeron al oír sus gritos, diciendo:
—No vaya a ser que nos trague la tierra.
35Un fuego procedente del Señor salió y devoró a los doscientos cincuenta hombres que ofrecían el incienso.
17Nm1El Señor habló a Moisés diciendo:
2—Di a Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, que rescate los badiles de las llamas y disperse el fuego, pues 3los badiles de los que han pecado han sido consagrados por su muerte. Los transformarán en láminas metálicas para revestir el altar, pues ellos los habían ofrecido ante el Señor y estaban consagrados; servirán como señal a los hijos de Israel.
4Y el sacerdote Eleazar tomó los badiles de cobre que habían ofrecido los que habían quedado abrasados y los laminaron para revestir el altar, 5como memorial para los hijos de Israel: para que ningún profano, nadie que no sea de la descendencia de Aarón, se acerque a quemar incienso delante del Señor, y no le suceda como a Coré y a su gente, conforme a lo que el Señor le dijo por medio de Moisés.
6Toda la comunidad de los hijos de Israel murmuró al día siguiente contra Moisés y contra Aarón diciendo:
—Ustedes han hecho morir al pueblo del Señor.
7Cuando se reunió la comunidad contra Moisés y contra Aarón, éstos volvieron el rostro a la Tienda de la Reunión, y he aquí que la nube la cubrió y se manifestó la gloria del Señor. 8Moisés y Aarón vinieron a la parte delantera de la Tienda de la Reunión, 9y el Señor habló a Moisés diciendo:
10—Sepárense de esta comunidad, que los voy a devorar en un momento.
Ellos cayeron sobre sus rostros. 11Moisés dijo a Aarón:
—Toma el badil y coloca sobre él fuego del que hay encima del altar, pon incienso y marcha rápidamente hacia la comunidad y ofrece una expiación por ellos, porque ha salido la cólera del rostro del Señor y ha comenzado la plaga.
12Aarón hizo lo que le había dicho Moisés y corrió hacia la asamblea; ya había comenzado la plaga en el pueblo. Añadió el incienso y ofreció una expiación por el pueblo. 13Se colocó entre los muertos y los vivos, y se detuvo la plaga. 14Los muertos por esta plaga fueron catorce mil setecientos, sin contar los muertos por el episodio de Coré. 15Y Aarón volvió hacia Moisés a la entrada de la Tienda de la Reunión porque la plaga se había detenido.
16El Señor dijo a Moisés:
17—Habla a los hijos de Israel y toma de ellos una vara por cada casa patriarcal; una vara por el jefe de cada casa patriarcal: doce varas. Sobre cada vara escribirás su nombre; 18sobre la vara de Leví escribirás el nombre de Aarón, pues habrá una sola vara por cada cabeza de familia. 19Depositarás las varas en la Tienda de la Reunión delante del Testimonio, donde me suelo reunir con ustedes. 20Y sucederá que la vara del hombre a quien yo elija florecerá. Así haré cesar las protestas con las que los hijos de Israel murmuran contra ustedes.
21Moisés habló a los hijos de Israel y cada uno de sus príncipes le dio una vara: doce varas, una por príncipe de cada casa patriarcal, y la vara de Aarón estaba entre ellas. 22Moisés depositó las varas ante el Señor en la tienda del Testimonio. 23Al día siguiente vino Moisés a la tienda del Testimonio y la vara de Aarón, la de la casa de Leví, había florecido: brotó yemas y flores, y produjo almendras maduras. 24Moisés sacó todas las varas de delante del Señor y las enseñó a todos los hijos de Israel; ellos las vieron, y cada uno tomó su vara.
25El Señor dijo a Moisés:
—Vuelve a poner la vara de Aarón delante del Testimonio para conservarla como señal para los rebeldes. Así se acabarán sus murmuraciones contra mí, y ellos no morirán.
26Y Moisés lo hizo. Como el Señor se lo había mandado, así lo hizo.
27Los hijos de Israel dijeron a Moisés:
—¡Vamos al exterminio, perecemos, perecemos todos! 28Todo el que se acerca, cualquiera que se acerque al Tabernáculo del Señor muere: ¿acaso vamos a morir hasta el exterminio?
18Nm1El Señor dijo a Aarón:
—Tú, tus hijos y tu casa paterna tendrán la responsabilidad del santuario; tú y tus hijos tendrán la responsabilidad del sacerdocio de ustedes. 2Toma contigo también a tus hermanos de la tribu de Leví, de la tribu de tu padre, para que te acompañen y te sirvan, a ti y a tus hijos, ante la tienda del Testimonio. 3Se ocuparán de tu servicio y del servicio de toda la tienda, pero no se acercarán a los utensilios del santuario ni al altar para que ni ellos ni ustedes mueran. 4Te acompañarán y se ocuparán del servicio de la Tienda de la Reunión, de todo lo que se refiere a las tareas de la tienda. Que ningún profano se entrometa. 5Ustedes les encargarán del servicio del santuario y del servicio del altar, y no habrá más cólera contra los hijos de Israel. 6He aquí que yo mismo he tomado de en medio de los hijos de Israel a sus hermanos los levitas, como un don para ustedes, entregados al Señor para encargarse de la tarea de la Tienda de la Reunión. 7Tú y tus hijos ejercitarán su sacerdocio en todo lo que guarda relación con el altar y lo que queda en el interior del velo. Les doy a ustedes como don su sacerdocio, para que sea su trabajo. El que no sea de familia sacerdotal que se entrometa morirá.
8El Señor habló a Aarón:
—Yo mismo te he encargado de la custodia de mis tributos. A ti y a tus hijos son dadas todas las cosas santas de los hijos de Israel con ley perpetua. 9Esto te reservarás de los dones santísimos que van a ser quemados. Todo lo que me traigan como ofrenda en sus distintas oblaciones y sacrificios por el delito, esto es santísimo: es para ti y para tus hijos. 10Comerás las cosas santísimas. Todo varón lo comerá. Lo considerarás santo.
11»También será para ti el tributo de lo que los hijos de Israel ofrecen para el balanceo ritual: a ti y a tus hijos y a tus hijas es dado con ley perpetua; todo el que esté puro en tu casa lo comerá. 12Todo lo mejor del aceite y todo lo mejor del mosto y del trigo, las primicias que ofrecen al Señor, a ti te las doy. 13Los primeros frutos de sus campos que traigan al Señor, serán para ti. Todo el que esté puro en tu casa los comerá. 14Todo lo consagrado al anatema en Israel será para ti. 15Todo primer nacido de todo viviente, hombre o animal, que ofrezcan al Señor, será para ti; pero habrás de rescatar al primogénito del hombre, y también rescatarás al primogénito de todo animal impuro. 16Lo rescatarás a partir de la edad de un mes; lo rescatarás valorándolo en cinco siclos de plata, según el siclo del santuario, que son veinte guerah. 17Pero el primogénito del toro, o el primogénito de la oveja, o el primogénito de la cabra, no los rescatarás, pues son cosa sagrada. Derramarás su sangre sobre el altar y harás arder su grasa como ofrenda consumida, de suave aroma en honor del Señor. 18Te reservarás su carne, lo mismo que el pecho que se balancea ritualmente y la pierna derecha. 19Todos los tributos de las cosas santas que los hijos de Israel presenten al Señor, los he dado con ley perpetua a ti y a tus hijos y a tus hijas; es una alianza perpetua sellada con sal ante el Señor para ti y para tu descendencia.
20El Señor dijo a Aarón:
—No tendrás ninguna posesión en su tierra, y no tendrás ninguna porción entre ellos; yo soy tu parte y tu heredad entre los hijos de Israel. 21Y a los hijos de Leví les he dado en posesión todos los diezmos de Israel como pago de su tarea, pues ellos trabajarán en el servicio de la Tienda de la Reunión; 22y los hijos de Israel ya no se acercarán más a la Tienda de la Reunión para que no carguen con un pecado digno de muerte. 23Sólo los levitas trabajarán en el servicio de la Tienda de la Reunión y cargarán con la culpa del pueblo, ley perpetua para todas sus generaciones. Y no tendrán ninguna posesión entre los hijos de Israel. 24Pues los diezmos que los hijos de Israel entreguen al Señor como tributo los he dado a los levitas como posesión; por eso les he dicho: «Entre los hijos de Israel no tendrán ninguna posesión».
25El Señor dijo a Moisés:
26—Habla a los levitas y diles: «Cuando reciban de los hijos de Israel los diezmos que les he dado como posesión de ustedes, entregarán una parte de ellos como tributo para el Señor: la décima parte del diezmo. 27Se considerará como tributo de ustedes. Como del trigo de la era y como del mosto del lagar, 28así también ustedes entregarán un tributo al Señor de todos los diezmos que tomen de los hijos de Israel. Darán parte de ellos como tributo del Señor al sacerdote Aarón. 29Entregarán todo el tributo del Señor por todo lo que reciban; tomen la parte consagrada de todo lo mejor».
30»Y les dirás con respecto a los levitas: «La ofrenda de ustedes de la parte mejor se considerará equivalente a la ofrenda del producto de la era y del producto del lagar. 31Ustedes y sus familias la comerán en cualquier lugar, pues es su salario en pago de su tarea en la Tienda de la Reunión. 32Y no carguen con ningún pecado cuando presenten la parte mejor; así no profanarán las cosas santas de los hijos de Israel y no morirán».
19Nm1El Señor habló a Moisés y a Aarón diciendo:
2—Esto es lo que el Señor estableció por ley y mandó diciendo: «Habla a los hijos de Israel para que te traigan una vaca roja sin defecto, que no tenga taras, sobre la cual no se haya puesto nunca un yugo, 3y ustedes se la darán al sacerdote Eleazar. Será sacada fuera del campamento y se inmolará en su presencia. 4El sacerdote Eleazar untará su dedo con la sangre y aspergerá la sangre siete veces hacia la entrada de la Tienda de la Reunión, 5y quemará la vaca en su presencia; quemará la piel, su carne, su sangre y sus excrementos. 6El sacerdote tomará madera de cedro e hisopo y púrpura carmesí, y los arrojará a la pira de la vaca. 7El sacerdote lavará sus vestidos y se bañará con agua, después vendrá al campamento, y quedará impuro hasta la tarde. 8El que ha quemado la vaca lavará sus vestidos con agua, se bañará en agua, y quedará impuro hasta la tarde. 9Un hombre puro recogerá la ceniza de la vaca y la depositará fuera del campamento, en un lugar puro, para que la comunidad de los hijos de Israel la guarde para hacer el agua lustral del sacrificio por el pecado. 10El que recoge la ceniza de la vaca lavará sus vestidos, y estará impuro hasta la tarde. Y será esto una ley perpetua para los hijos de Israel y para el extranjero que habite en medio de ellos.
11»El que toque a un muerto, a un cadáver de un hombre, quedará impuro siete días; 12se purificará con el agua lustral en el tercer día y en el séptimo día, y quedará puro; pero si no se purifica en el tercer día y en el séptimo día, no quedará puro. 13Todo el que toque a un muerto, al cadáver de un hombre que murió, si no se purifica, hace impuro al Tabernáculo del Señor. Esa persona será extirpada de Israel; quedará impura puesto que el agua lustral no le ha rociado; su impureza permanecerá mientras no se purifique.
14»Ésta es la ley para cuando un hombre muere en una tienda: todo el que entre en la tienda y todo el que esté en la tienda, quedará impuro siete días; 15toda vasija abierta que no esté tapada quedará impura. 16Todo el que toque a un traspasado por la espada, o a un muerto, o a un esqueleto humano, o a una tumba, en pleno campo, quedará impuro siete días. 17En este caso, se tomará ceniza de la pira del sacrificio por el pecado, y en una vasija se echará sobre ella agua corriente. 18Un hombre puro tomará un hisopo, lo mojará en el agua y aspergerá la tienda, todas las vasijas, las personas que estaban allí y al que tocó el esqueleto o al traspasado o al muerto o a la tumba. 19El hombre puro aspergerá al impuro al tercer día y al séptimo día, y lo purificará en el día séptimo: éste lavará sus vestidos y se bañará en agua y quedará puro por la tarde. 20En cambio, el hombre que quede impuro y no se purifique, ese hombre será extirpado de la asamblea, pues ha contaminado el Santuario del Señor. El agua lustral no lo ha rociado, queda impuro. 21Esto será para ustedes ley perpetua: el que rocía el agua lustral lavará sus vestidos y el que toque el agua lustral quedará impuro hasta la tarde. 22Todo lo que toque el impuro quedará impuro, y la persona que toque al impuro quedará impura hasta la tarde.
20Nm1Toda la comunidad de los hijos de Israel llegó al desierto de Sin en el mes primero, y el pueblo se estableció en Cadés. Allí murió María y allí fue sepultada.
2La comunidad no tenía agua, y se reunieron contra Moisés y contra Aarón; 3se rebeló el pueblo contra Moisés diciendo:
—¡Ojalá hubiéramos perecido cuando nuestros hermanos perecieron ante el Señor! 4¿Por qué ustedes han traído a la asamblea del Señor a este desierto, para que en él muramos nosotros y nuestro ganado? 5¿Por qué nos han hecho subir desde Egipto para traernos a un lugar tan malo como éste? ¡No es un sitio de siembra, ni de higueras, ni de vides ni de granados; ni siquiera hay agua para beber!
6Moisés y Aarón, apartándose de la asamblea, fueron a la entrada de la Tienda de la Reunión, cayeron sobre sus rostros, y se les manifestó la gloria del Señor. 7El Señor habló a Moisés diciendo:
8—Toma la vara y reúne a la comunidad, junto con Aarón, tu hermano. Hablarán a la roca a la vista de ellos, y dará su agua. Harás manar para ellos agua de la roca y darás de beber a la comunidad y a su ganado.
9Y sacó Moisés la vara de delante del Señor, como él lo había mandado. 10Moisés y Aarón reunieron a la asamblea delante de la roca, y les dijeron:
—Escuchen, rebeldes: ¿acaso podemos hacer manar agua de esta roca para ustedes?
11Moisés levantó su mano y golpeó la roca con la vara dos veces, y manó agua en abundancia; y bebió la comunidad y su ganado.
12El Señor dijo a Moisés y a Aarón:
—Puesto que no han creído en mí y no me han santificado a los ojos de los hijos de Israel, por eso no harán entrar a esta asamblea en la tierra que les he dado.
13Éstas son las aguas de Meribá, donde los hijos de Israel se rebelaron contra el Señor, y Él mostró su santidad ante ellos.
14Moisés envió mensajeros desde Cadés al rey de Edom para decirle:
—Así dice tu hermano Israel: «Tú conoces todas las adversidades que nos han sobrevenido, 15pues nuestros padres bajaron a Egipto, y hemos habitado en Egipto mucho tiempo; los egipcios nos han maltratado a nosotros y a nuestros padres. 16Pero clamamos al Señor y Él escuchó nuestra voz, envió un mensajero y nos sacó de Egipto. Ahora estamos en Cadés, ciudad que está próxima a tu frontera. 17¡Déjanos pasar por tu tierra! No atravesaremos los sembrados ni las viñas, ni beberemos agua de los aljibes; marcharemos por el camino del rey, y no nos apartaremos ni a derecha ni a izquierda hasta que hayamos salido de tu frontera».
18Y dijo Edom:
—No pasarás por mí si no quieres que salga a tu encuentro con la espada.
19Replicaron los hijos de Israel:
—Subiremos por el camino y si nosotros o nuestro ganado bebemos tu agua, te pagaremos su precio. Nos limitaremos exclusivamente a pasar.
20A lo que respondió:
—¡Ustedes no pasarán!
Y Edom salió a su encuentro con mucha gente muy bien armada. 21Y como Edom se negó a dar a Israel paso por sus confines, Israel cambió su ruta.
22Los hijos de Israel, toda la comunidad, partieron de Cadés y llegaron al monte Hor. 23Y en el monte Hor, en la frontera de la tierra de Edom, el Señor habló a Moisés y a Aarón:
24—Que se reúna Aarón con los suyos, pues no entrará en la tierra que daré a los hijos de Israel, puesto que ustedes despreciaron mi orden en las aguas de Meribá. 25Toma a Aarón y a Eleazar, su hijo, y hazlos subir al monte Hor. 26Despoja a Aarón de sus vestidos y viste con ellos a su hijo Eleazar, pues Aarón se reunirá con los suyos y morirá allí.
27Moisés hizo lo que le había mandado el Señor y subieron al monte Hor en presencia de toda la comunidad. 28Moisés le quitó a Aarón sus vestidos y se los hizo vestir a Eleazar, su hijo; y Aarón murió allí, en la cumbre del monte. Moisés y Eleazar bajaron del monte. 29Toda la comunidad vio que Aarón había fallecido, y toda la casa de Israel lloró a Aarón durante treinta días.
21Nm1El rey cananeo de Arad, que habitaba en el Négueb, oyó que Israel venía por el camino de Atarim; luchó contra Israel, y capturó algunos prisioneros. 2Israel hizo un voto al Señor diciendo:
—Si pones este pueblo en mis manos, exterminaré sus ciudades.
3El Señor escuchó la voz de Israel; le entregó los cananeos, y fueron exterminados ellos y sus ciudades; y denominó este lugar con el nombre de Jormá.
4Partieron desde el monte Hor camino del Mar Rojo rodeando la tierra de Edom, y en el camino desfalleció el ánimo del pueblo. 5El pueblo habló contra Dios y contra Moisés:
—¿Por qué nos han hecho subir de Egipto para morir en este desierto, donde no hay pan ni agua y nuestra alma no puede más con este alimento tan ligero?
6El Señor les envió serpientes venenosas que mordieron al pueblo, y murió mucha gente de Israel. 7Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo:
—Hemos pecado porque hemos hablado contra el Señor y contra ti. Ruega al Señor que aparte de nosotros las serpientes.
Y Moisés oró por el pueblo. 8El Señor dijo a Moisés:
—Haz una serpiente venenosa y ponla sobre un mástil, y todo el que haya sido mordido y la mire, vivirá.
9Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un mástil, y si alguien había sido mordido por una serpiente, miraba fijamente la serpiente de bronce y vivía.
10Partieron los hijos de Israel y acamparon en Obot. 11Y partieron de Obot y acamparon en Iye–Ha-Abarim, en el desierto que está delante de Moab por el lado oriental. 12Partieron de allí y acamparon en el torrente de Záred. 13Desde allí partieron y acamparon al otro lado del torrente Arnón que está en el desierto y viene de las tierras de los amorreos. En efecto, el Arnón es la frontera de Moab, entre Moab y los amorreos. 14Por eso se dice en el Libro de las Guerras del Señor:
«…Vaheb en Sufá y los torrentes: el Arnón, 15y la ladera de los torrentes que cae hacia los poblados de Ar, y linda con la frontera de Moab».
16De allí fueron a Beer. Éste es el pozo donde el Señor dijo a Moisés:
—Reúne al pueblo y les daré agua.
17Entonces Israel cantó esta canción:
—¡Arriba pozo! ¡Cántenle!
18Pozo por príncipes excavado,
abierto por nobles del pueblo
con su cetro y con sus cayados.
Y del desierto fueron a Mataná. 19Y de Mataná a Najaliel, y de Najaliel a Bamot; 20y de Bamot al valle que hay en la campiña de Moab, hacia la cumbre de Pisgá que mira al yermo.
21Israel envió mensajeros a Sijón, rey de los amorreos, diciendo:
22—Voy a pasar por tu tierra. No nos desviaremos por los campos ni por las viñas, ni beberemos agua de ningún aljibe; marcharemos por el camino del rey hasta que atravesemos tus confines.
23Pero Sijón no dejó pasar a Israel por su territorio. Sijón reunió a todo su pueblo y salió hacia el desierto para hacer frente a Israel. Llegó a Yahsá y luchó contra Israel, 24pero Israel lo venció a filo de espada y se hizo con su tierra desde el Arnón hasta el Yaboc, hasta el país de los hijos de Amón, pues la frontera de los amonitas estaba fortificada.
25Israel tomó todas aquellas ciudades, y se estableció en todas las ciudades de los amorreos, en Jesbón y en todos sus aledaños. 26Jesbón era la ciudad de Sijón, rey de los amorreos, que había luchado contra el anterior rey de Moab y le había arrebatado de su poder toda su tierra hasta el Arnón. 27Por eso cantaban los poetas:
—¡Vengan a Jesbón!,
¡Construyan, refuercen la ciudad de Sijón!
28Un fuego ha prendido en Jesbón,
una hoguera del alcázar de Sijón
devoró las ciudades de Moab,
engulló las alturas del Arnón.
29¡Ay de ti, Moab,
pereciste, pueblo de Camós!
Entregó a sus hijos como fugitivos
y a sus hijas como fugitivas
al rey amorreo Sijón.
30En nuestras manos cayó
Jesbón hasta Dibón.
Arrasamos hasta Nófaj
que está junto a Medebá.
31Israel se estableció en la tierra del amorreo. 32Moisés mandó explorar Yazer y se adueñaron de sus aledaños, expulsando a los amorreos que estaban allí.
33Se desviaron y subieron camino de Basán. Og, rey de Basán, salió a hacerles frente acompañado por todo su pueblo en la batalla de Edreí. 34El Señor dijo a Moisés:
—No le temas, pues lo he puesto en tu mano con todo su pueblo y su tierra; harás con él lo mismo que has hecho con Sijón, el rey de los amorreos que vivía en Jesbón.
35Derrotaron a él, a sus hijos y a todo su pueblo, sin dejar ni un superviviente; y se hicieron con su tierra.
22Nm1Los hijos de Israel partieron y acamparon en las llanuras de Moab, al otro lado del Jordán, a la altura de Jericó.
2Balac, hijo de Sipor, vio todo lo que había hecho Israel a los amorreos; 3y Moab se asustó mucho al ver el pueblo, pues era numeroso, y se llenó de inquietud ante los hijos de Israel. 4Dijo Moab a los ancianos de Madián:
—Ahora esta muchedumbre pastará en toda nuestra comarca como un buey pasta la hierba del campo.
Balac, hijo de Sipor, era rey de Moab en aquel tiempo. 5Envió mensajeros a Balaam, hijo de Beor, a la ciudad de Petor, que está junto al río, en la tierra de los hijos de Amav, para llamarlo, diciendo:
—Un pueblo que ha salido de Egipto y cubre la superficie de la tierra, se ha establecido frente a mí. 6Ven, por favor, ahora, maldíceme a este pueblo, porque es más fuerte que yo, a ver si puedo derrotarlo y expulsarlo de esta tierra, pues sé que aquél a quien tú bendices es bendito, y aquél a quien tú maldices es maldito.
7Los ancianos de Moab y los ancianos de Madián se marcharon llevando consigo el estipendio del vaticinio, y se dirigieron a Balaam a quien le trasmitieron las palabras de Balac. 8Éste les dijo:
—Pernocten aquí esta noche y les daré una respuesta según lo que me diga el Señor.
Los príncipes de Moab se quedaron con Balaam.
9Vino Dios a Balaam y le dijo:
—¿Quiénes son estos hombres que están contigo?
10Y Balaam dijo a Dios:
—Balac, hijo de Sipor, rey de Moab, me los ha enviado diciendo: 11«Un pueblo ha salido de Egipto y cubre la superficie de esta tierra. Ahora, vente; maldícemelo, a ver si puedo derrotarlo y expulsarlo».
12Pero Dios dijo a Balaam:
—No vayas con ellos, no maldigas a este pueblo, porque es bendito.
13Se levantó Balaam por la mañana y dijo a los príncipes de Balac:
—Marchen a su tierra, pues el Señor no me permite ir con ustedes.
14Se levantaron los príncipes de Moab, volvieron a Balac y le dijeron:
—Balaam se niega a venir con nosotros.
15Balac envió de nuevo muchos príncipes, más insignes que los anteriores, 16que acudieron a Balaam y le dijeron:
—Así dice Balac, hijo de Sipor: «Por favor, no dejes de venir a mí, 17pues serás objeto del mayor honor, y todo lo que me digas lo haré. Ven, por favor, maldíceme a este pueblo».
18Balaam respondió a los servidores de Balac:
—Aunque me diera toda la plata y el oro de su casa, no podría transgredir el mandato del Señor, mi Dios, ni en lo pequeño ni en lo grande. 19Pero ahora, por favor, quédense aquí esta noche también ustedes hasta que sepa qué más me dice el Señor.
20Dios vino a Balaam por la noche y le dijo:
—Puesto que estos hombres han venido para llamarte, levántate y vete con ellos; harás en su momento lo que yo te diga.
21Se levantó Balaam por la mañana, aparejó su burra, y se fue con los príncipes de Moab.
22Se encendió la ira de Dios por su marcha, y un ángel del Señor se plantó en su camino en actitud hostil. Él cabalgaba sobre su burra, e iban con él dos muchachos. 23La burra vio al ángel del Señor firme en el camino con una espada desenvainada en su mano. La burra se apartó del camino y tiró por el campo. Balaam golpeó a la burra para que volviera al camino. 24El ángel del Señor estaba firme en el sendero entre viñas con una cerca a cada lado. 25La burra vio al ángel del Señor y se arrimó a la tapia, y apretó la pierna de Balaam contra la tapia, y éste volvió a golpearla. 26El ángel del Señor se interpuso de nuevo situándose en un sitio estrecho que no dejaba lugar ni a derecha ni a izquierda. 27La burra vio al ángel del Señor y se echó al suelo debajo de Balaam. Se encendió la ira de Balaam y golpeó a la burra con el bastón.
28El Señor abrió la boca de la burra que dijo a Balaam:
—¿Qué te he hecho para que me hayas golpeado ya tres veces?
29Balaam replicó a la burra:
—Porque te estás burlando de mí; ¡ojalá tuviera una espada en mi mano; ahora mismo te mataría!
30Pero la burra contestó a Balaam:
—¿No soy yo tu burra, sobre la que has montado siempre hasta el día de hoy? ¿Solía portarme así?
Y él dijo:
—No.
31El Señor abrió los ojos a Balaam, que vio al ángel del Señor plantado en el camino con su espada desenvainada en la mano; Balaam se inclinó y se postró sobre su rostro. 32El ángel del Señor le dijo:
—¿Por qué ya le has pegado a tu burra tres veces? He salido para hacerte frente porque vas por mal camino oponiéndote a mí. 33La burra me ha visto y ya se ha apartado de mí tres veces. Si no se hubiera apartado de mí yo ya te habría matado, mientras que a ella la habría dejado vivir.
34Balaam replicó al ángel del Señor:
—He pecado, pero no sabía que tú estabas dispuesto para hacerme frente en el camino; sin embargo, puesto que te parece mal, ahora me volveré.
35El ángel del Señor dijo a Balaam:
—Vete con estos hombres, pero dirás sólo las palabras que yo te diga.
Y marchó Balaam con los príncipes de Balac.
36Balac oyó que venía Balaam y salió a su encuentro a una ciudad de Moab situada en la frontera del Arnón, que está en el límite de su territorio. 37Y Balac dijo a Balaam:
—¿Acaso no he mandado llamarte? ¿Por qué no has venido a mí? ¿Pensabas tal vez que no iba a recibirte bien?
38Balaam contestó a Balac:
—Mira, por fin he venido, pero ¿acaso podré decir algo? Pronunciaré las palabras que Dios ponga en mi boca.
39Balaam marchó con Balac y llegaron a Quiriat–Jusot.
40Balac sacrificó ganado mayor y menor, y envió una parte a Balaam y a los príncipes que estaban con él. 41Por la mañana, Balac tomó a Balaam y subieron a los Altos de Baal, desde donde se empezaba a ver el pueblo.
23Nm1Balaam dijo a Balac:
—Constrúyeme aquí siete altares, y prepárame aquí siete novillos y siete carneros.
2Balac hizo conforme a lo que le había dicho Balaam; Balac y Balaam ofrecieron un novillo y un carnero en cada altar. 3Balaam dijo a Balac:
—Quédate junto a tu holocausto mientras yo me marcho; tal vez el Señor me salga al encuentro y te pueda narrar todo lo que me haga ver.
Y se subió a una loma. 4Dios salió al encuentro de Balaam, y éste le dijo:
—He preparado siete altares y he ofrecido un novillo y un carnero en cada altar.
5El Señor puso un mensaje en la boca de Balaam y le dijo:
—Vuelve a Balac, y díselo.
6Balaam volvió a él y he aquí que Balac estaba junto a su holocausto, él y todos los príncipes de Moab. 7Y proclamó su mensaje diciendo:
—Desde Aram me conduce Balac,
el rey de Moab, desde sierras de oriente.
¡Ven! ¡Maldíceme a Jacob!
¡Ven! ¡Incrépale a Israel!
8¿Cómo voy a execrar a quien Dios no ha execrado?
¿Cómo voy a increpar a quien Dios no ha increpado?
9Desde los riscos lo atisbo,
desde los altos lo oteo:
éste es un pueblo que acampa aislado.
10¿Quién ha tasado el polvo de Jacob,
quién ha contado la arena de Israel?
Que yo tenga una muerte de justo,
y que tenga un final como el suyo.
11Y Balac dijo a Balaam:
—¿Qué me has hecho? Te he traído para execrar a mis enemigos y te pones a bendecirlos.
12Balaam respondió y dijo:
—Lo que el Señor pone en mi boca ¿me lo voy a callar?
13Replicó Balac:
—Por favor, ven conmigo, a otro lugar desde donde verás al pueblo; verás solamente una parte, pero no lo verás del todo. Maldícemelo desde allí.
14Y lo condujo al Campo de los Vigías, a la cumbre de Pisgá; allí construyó siete altares, y ofreció un novillo y un carnero en cada altar. 15Y dijo a Balac:
—Quédate aquí junto a tu holocausto mientras yo voy hacia allá.
16El Señor salió al encuentro de Balaam, puso un mensaje en su boca y le dijo:
—Vuelve a Balac, y díselo.
17Balaam volvió a él y he aquí que éste seguía junto a su holocausto, y los príncipes de Moab estaban con él. Balac le dijo:
—¿Qué ha dicho el Señor?
18Y Balaam proclamó su mensaje diciendo:
—Álzate, Balac, y escúchame;
hijo de Sipor, atiéndeme:
19No es Dios como un hombre capaz de mentir,
ni un hijo de Adán para echarse hacia atrás.
¿Es que dice y no lo hace?
¿Es que habla y no cumple?
20Yo traigo una bendición,
así que bendeciré, y no la revocaré,
21Nada de culpa observo,
no he visto malicia en Israel.
El Señor, que es su Dios, lo acompaña;
tiene en sí una realeza admirable.
22El Dios, que lo saca de Egipto,
es para él como el cuerno del búfalo.
23No hay augures en Jacob
y en Israel no hay adivinos;
en cada momento se dice a Jacob
y a Israel lo que Dios realizó.
24Éste es un pueblo que se alza como una leona
y se pone de pie como un león;
sólo se tumba de nuevo cuando ha devorado su presa
y ha bebido la sangre a sus víctimas.
25Balac replicó a Balaam:
—Ya que no lo vas a maldecir, por lo menos no lo bendigas.
26Respondió Balaam y dijo:
—¿Acaso no te había dicho que haría todo lo que me dijera el Señor?
27Balac insistió a Balaam:
—Ven, por favor, te llevaré a otro lugar, tal vez parezca bien a los ojos de Dios que lo maldigas desde allí.
28Y Balac llevó a Balaam a la cumbre de Peor que mira al yermo, 29y Balaam pidió a Balac:
—Constrúyeme aquí siete altares y prepárame aquí siete novillos y siete carneros.
30Balac hizo lo que le había dicho Balaam y ofreció un novillo y un carnero en cada altar.
24Nm1Pero Balaam vio que era bueno a los ojos del Señor bendecir a Israel, y no marchó como las veces anteriores en busca de augurios, sino que dirigió su rostro al desierto. 2Balaam levantó sus ojos y vio a Israel acampado por tribus; vino sobre él el espíritu de Dios, 3y proclamó su mensaje diciendo:
—Oráculo de Balaam, hijo de Beor,
oráculo del caballero clarividente,
4oráculo de quien escucha las locuciones de Dios,
vislumbra la previsión del Omnipotente,
se postra, y contempla clarísimo.
5¡Qué hermosas son tus tiendas, oh Jacob,
y tus moradas, Israel!
6Como valles dilatados,
y jardines a la orilla de torrentes,
como áloes del Señor plantados,
como cedros a la vera de las fuentes.
7Rebosan las aguas de sus baldes,
las acequias inundan sus simientes.
Su rey será ensalzado más que Agag,
su reino será exaltado.
8El Dios, que lo saca de Egipto,
es para él como el cuerno del búfalo.
Devora los pueblos, sus rivales,
quebranta sus huesos,
les clava sus flechas.
9Está recostado, tendido, como un león;
lo mismo que una leona, ¿quién lo levantará?
¡Benditos los que te bendigan,
malditos los que te maldigan!
10Se encendió la ira de Balac contra Balaam, y golpeándose las manos Balac dijo a Balaam:
—¡A execrar a mis enemigos te he llamado, y los has bendecido tres veces! 11Ahora vete por donde has venido. Había prometido que te honraría, pero el Señor te ha privado de la honra.
12Balaam replicó a Balac:
—¿Acaso no les había dicho a los mensajeros que me enviaste: 13«Aunque Balac me diese su casa llena de plata y de oro, no podré transgredir el mandato del Señor y hacer cosas buenas o malas según me parezca»? ¡Lo que el Señor diga, eso diré! 14Ahora me marcho a mi pueblo: ven, te informaré de lo que este pueblo hará al tuyo en los días futuros.
15Y proclamó su mensaje diciendo:
—Oráculo de Balaam, hijo de Beor,
oráculo del caballero clarividente,
16oráculo de quien escucha las locuciones de Dios,
conoce el criterio del Altísimo,
vislumbra la previsión del Omnipotente,
se postra, y contempla clarísimo.
17Lo vislumbro, pero no es ahora;
lo diviso, pero no de cerca:
de Jacob viene en camino una estrella,
en Israel se ha levantado un cetro.
Tritura las sienes de Moab
y el cráneo de todos los hijos de Set.
18Edom será conquistado,
Seír, su enemigo, será invadido,
mientras Israel ratifica su poder.
19El dominador que viene de Jacob
aniquilará lo que quede en la ciudad.
20Vio también a Amalec y proclamó su mensaje diciendo:
—Principio de las naciones es Amalec,
pero su final es la destrucción.
21Y vio al quenita y proclamó su mensaje diciendo:
—Firme está tu morada,
puesto en roca tu nido,
22mas Caín será quemada,
hasta que Asur te lleve cautivo.
23Y proclamó su mensaje diciendo:
—¡Ay, quién vivirá cuando Dios haga esto!
24Embarcaciones de Quitim
oprimirán a Asur, oprimirán a Éber,
también su final es la destrucción.
25Balaam se levantó y marchó de nuevo a su lugar. También Balac marchó por su camino.
25Nm1Israel se estableció en Sitim y el pueblo comenzó a fornicar con las hijas de Moab, 2que invitaron al pueblo a tomar parte en los sacrificios de sus dioses. El pueblo comió y se postraron ante sus dioses. 3Israel se adhirió a Baal–Peor, y la ira del Señor se encendió contra Israel. 4Dijo el Señor a Moisés:
—Toma a todos los cabecillas del pueblo y ahórcalos en presencia del Señor, bajo el sol, y se apartará de Israel la ira de Dios.
5Moisés mandó a los jueces de Israel:
—Que cada uno mate a aquellos de sus hombres que se han adherido a Baal–Peor.