COMENTARIO

 Nm 22,6 

En el contexto cultural del antiguo Medio Oriente se consideraba que la palabra de la maldición o la bendición tenía eficacia por sí misma, especialmente cuando era pronunciada por una persona con autoridad, como por ejemplo el padre (cfr Gn 27,37). En el caso de Balaam, su palabra se consideraba portadora de una eficacia singular.

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