COMENTARIO

 Nm 24,15-24 

A las tres bendiciones precedentes se añade ahora una serie de cuatro oráculos nacionales: sobre Israel, sobre Amalec, sobre los quenitas, y sobre Asur. En el primero se anuncia la llegada de un rey, simbolizado en la estrella y en el cetro (v.17). En el antiguo Oriente las diversas estrellas representaban a los dioses y a los reyes. En este pasaje de Números puede haber una referencia a David y su estrella; de hecho, desde muy pronto, este texto se interpretó en sentido mesiánico. Así la tradición judía unió el advenimiento del Mesías con la aparición de una estrella, como se refleja en algunas traducciones arameas —targumim— de este pasaje. En el Evangelio de San Mateo aparece una estrella en el episodio de los Magos que fueron a adorar a Jesús (cfr Mt 2,1-12). En el hecho de que en la segunda revuelta judía contra Roma (años 132-135 d.C.), un famoso maestro judío, Rabbí Aquiba, cambiase el nombre al caudillo judío que dirigía la guerra, Ben Kosheba, llamándole Bar Kokheba, es decir, «hijo de la estrella» se manifiesta también la relación entre la estrella y el Mesías esperado.

Los Santos Padres interpretaron que la estrella que predijo Balaam es la misma que vieron los Magos. De esta interpretación dedujeron que los Magos venían de Mesopotamia, de donde procedía también Balaam.

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