COMENTARIO

 Nm 25,1-18 

Israel ha salido victorioso de ejércitos enemigos (cfr 21,21-35), y también se ha visto libre de los poderes de la magia (cfr caps. 22-24); ahora se ha de enfrentar a otro enemigo más temible: la seducción de los cultos idolátricos. El texto refiere dos relatos que manifiestan la reacción de Israel frente a la contaminación con cultos paganos: el primero narra el hecho de que los israelitas se prostituyeron con las moabitas tanto en sentido material, de unión fornicaria, como espiritual, de adoración de sus ídolos (cfr 25,1-4); el segundo, en cambio, ensalza el castigo infligido a un israelita por haberse unido a una mujer madianita (cfr 25,6-15). Ambos recuerdos sirven de severa amonestación para evitar los cultos cananeos que con tanta frecuencia tentaban a los israelitas.

La acción de Pinjás es presentada como algo glorioso y como motivo de una promesa divina en su favor. Bajo la crudeza propia de un contexto y de una época que hemos de comprender, el texto bíblico quiere explicar por qué una línea de la tribu de Leví, los sadoquitas o descendientes de Sadoc, sacerdote del templo de Jerusalén en tiempos de David y Salomón (cfr 2 S 8,17), gozaban de la autenticidad del sacerdocio (cfr Ez 44,15): porque descendían de Pinjás con quien Dios había hecho una alianza sacerdotal (cfr 1 Cro 5,30-34; Esd 7,1-5). Así se ponía también de relieve que el fundamento de aquella legitimidad sacerdotal era el celo por Yahwéh. Sobre las familias sacerdotales cfr Nm 3,1-4.

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