COMENTARIO

 Nm 27,12-23 

Al igual que toda la generación de los que salieron de Egipto, excepto Caleb y Josué, también Moisés va a morir antes de entrar en la tierra prometida. Sin embargo, a diferencia de Aarón, Dios le concede como una gracia singular contemplar la Tierra de lejos antes de su muerte. Pero Moisés piensa en el pueblo, y, por su mediación, Dios concede a éste un nuevo caudillo, de forma que, aun sin Moisés, llegue a cumplirse la promesa.

Josué ya posee el espíritu, es decir, la capacidad de actuar con el poder de Dios por encima de las posibilidades humanas. Ahora, mediante la imposición de manos de Moisés, le será comunicada parte de su autoridad, la necesaria para conducir al pueblo. Con todo, Josué no recibe toda la autoridad de Moisés, ya que la figura de éste es inigualable, pues hablaba con Dios cara a cara (cfr 12,6-8).

El sacerdote Eleazar no sólo aparece como testigo excepcional, sino que, por su medio, a través de las suertes (los urim de Ex 28,30 y Lv 8,8), Dios confirma con un rito lo que ha ordenado personalmente a Moisés.

Moisés y Josué son las dos figuras centrales en los acontecimientos del éxodo de Egipto y conquista de la Tierra. Para el lector cristiano Moisés marca un primer paso en el camino de la salvación, ya que la Ley se relaciona con él, y la Ley fue como un pedagogo que condujo a la humanidad hacia Cristo; Josué, por su parte, también es el precursor de Jesucristo que con su victoria sobre la muerte nos abre el camino al descanso prometido en la vida eterna (cfr 13,1-24).

Volver a Nm 27,12-23