COMENTARIO
El camino por el desierto, hacia la tierra prometida, constituía un recuerdo de enorme importancia en la memoria de Israel. Por medio de Moisés, Dios les había guiado cuidadosamente a lo largo de unas cuarenta etapas, con cuarenta y dos estaciones de parada. Valía la pena por tanto registrarlas con detalle como testimonio fidedigno de aquella gesta que Dios llevó a cabo con su pueblo. Tal es la intención que se refleja en la redacción de este capítulo de Números. Para reconstruir las etapas de aquel recorrido, el redactor del libro se sirve de datos que procedían de antiguas tradiciones. Así, al principio (vv. 5-15) recoge los nombres que habían ido apareciendo desde Ex 12,37 hasta Ex 19,2 (excepto los dos nombres nuevos del v. 13); después (vv. 16-36) introduce lugares en su mayor parte desconocidos para nosotros; y a continuación (vv. 37-38), empalma con los mencionados antes en Nm 20,22-29. Sin embargo, en las últimas etapas (vv. 41-49), es decir, en el camino de Cadés a Moab, recuerda el paso de Israel a través de Edom y Moab, sin tener en cuenta el rodeo por el sur de la Arabá del que se ha hablado en 20,14-21.
Las estaciones de Israel en el desierto, camino de la tierra prometida, fueron interpretadas por algunos Santos Padres como San Ambrosio y otros escritores cristianos como Tertuliano, en el sentido de ser prefiguración de los cuarenta días de ayuno en la cuaresma, camino hacia la Resurrección del Señor. De ahí que esos días se llamaran también «estaciones», porque los cristianos estaban orando y vigilando, entre todos los demás hombres, en espera de la tierra prometida. San Jerónimo, yendo más lejos en su interpretación de este pasaje, veía en cada uno de los cuarenta y dos nombres de las estaciones del desierto, uno de los cuarenta y dos momentos, o virtudes, por los que el cristiano llega al cielo. Por ej. Ramsés, o «alegría del trueno», significa la alegría de la conversión mediante la escucha de la predicación; Mará, o «amargura», significa la penitencia; Sinaí, o «zarza», las dificultades del camino en que Dios comunica su voluntad; Cadés, o «santo», donde Dios castigó a Moisés y a Aarón, el recuerdo de que todos hemos de morir a causa del pecado; etc. (cfr S. Pedro Damiano, De XLII Hebraeorum mansionibus).