COMENTARIO

 Nm 36,1-12 

Se trata de un desarrollo de la ley de la herencia de las hijas, expuesta ya en 27,1-11. A partir de aquel caso concreto se regula el matrimonio de las hijas que heredan, para que la propiedad de la Tierra no pueda pasar a otra tribu. Es un detalle más en el que se refleja la fe en que la Tierra es un don de Dios, no sólo al pueblo en general, sino a cada familia y a cada individuo. La consecuencia es que la porción que le ha correspondido a cada uno ha de cuidarla como un don que es de Dios.

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