COMENTARIO
La metáfora del Señor llevando al pueblo de Israel «como un hombre lleva a su hijo», implica la imagen de Dios como padre del pueblo, velando sobre él para que nada le dañe. La imagen aparece otras veces en el Antiguo Testamento (cfr, p.ej., Dt 32,9-11; Is 46,3-4; Os 11,3).
Tras la venida de Nuestro Señor Jesucristo se hará patente el sentido personal de la filiación divina: no se trata sólo de que el Nuevo Israel en su conjunto sea hijo de Dios, sino de que cada cristiano —en virtud del Bautismo y de su consiguiente identificación con Cristo— ha sido constituido en hijo de Dios (cfr Rm 8,14-30; 1 Jn 3,1-2).