INTRODUCCIÓN

1Dt1Éstas son las palabras que habló Moisés a todo Israel en la Transjordania, en el desierto, en la Arabá frente a Suf, entre Parán y Tófel, Labán, Jaserot y Di–Zahab.

2Desde Horeb hasta Cadés–Barnea, por el camino de los montes de Seír, hay once jornadas. 3En el año cuarenta, el mes undécimo, el día primero del mes, anunció Moisés a los hijos de Israel todo lo que el Señor le había ordenado para ellos. 4Después de haber derrotado a Sijón, rey de los amorreos, que habitaba en Jesbón, y a Og, rey de Basán, que moraba en Astarot y Edreí, 5comenzó Moisés a exponer esta ley en la Transjordania, en el país de Moab, diciendo:

PRIMERA PARTE:
PRIMER DISCURSO DE MOISÉS:
INTRODUCCIÓN HISTÓRICA

I. RESUMEN HISTÓRICO DEL ÉXODO

Partida del Horeb–Sinaí

6—El Señor, nuestro Dios, nos habló así en el Horeb: «Ya llevan bastante tiempo en estas montañas. 7Pónganse en camino y marchen a las montañas de los amorreos y de todos sus pueblos vecinos, a la Arabá, a las Montañas, a la Sefelá, al Négueb y a la costa del mar, esto es, al país del cananeo, y al Líbano hasta el gran río, el Éufrates. 8Miren, he puesto el país ante ustedes; vayan y tomen posesión de la tierra que el Señor juró dar a sus padres, a Abrahán, Isaac y Jacob, y a su descendencia».

Institución de Jueces

9»Entonces les dije: «Yo solo no puedo ocuparme de ustedes. 10El Señor, su Dios, los ha multiplicado, y son hoy tan numerosos como las estrellas del cielo. 11¡El Señor, Dios de sus padres, os haga crecer mil veces más y los bendiga según les dijo! 12Pero ¿cómo podría yo solo llevar la carga de ustedes, su peso y sus pleitos? 13Propongan algunos hombres sabios, prudentes y expertos de cada tribu, para que los ponga al frente de ustedes». 14Me respondieron diciendo: «Está bien el plan que has decidido». 15Entonces tomé entre los responsables de sus tribus, a hombres sabios y expertos, y los constituí en autoridad sobre ustedes: jefes de millares, jefes de centurias, jefes de cincuentenas, jefes de decenas y escribas de sus tribus. 16Y al mismo tiempo ordené a sus jueces: «Oigan las causas de sus hermanos, y juzguen con equidad entre un hombre y su hermano, o entre él y un extranjero. 17No harán en juicio acepción de personas; escucharán tanto al pequeño como al grande; no se dejarán intimidar por nadie, pues el juicio pertenece a Dios. Si una causa es demasiado difícil para ustedes, remítanmela y yo la atenderé». 18En aquella ocasión les prescribí todo lo que debían hacer.

Rebelión y castigo del pueblo

19»Partiendo del Horeb, caminamos a lo largo de ese inmenso y terrible desierto que han visto, hacia las montañas del amorreo, conforme el Señor, nuestro Dios, nos había ordenado; y llegamos a Cadés–Barnea. 20Entonces les dije: «Han llegado a las montañas del amorreo, que el Señor, nuestro Dios, nos da. 21Mira, el Señor, tu Dios, te ha dado el país. Sube, toma posesión de él, como te ha dicho el Señor, Dios de tus padres. No temas ni te asustes».

22»Pero acudieron a mí todos ustedes diciendo: «Enviemos por delante hombres que exploren el país, y nos informen acerca del camino por donde hemos de subir y de las ciudades en que hemos de entrar». 23Me pareció bien la propuesta, y tomé doce hombres entre ustedes, uno por tribu. 24Se pusieron en camino, subieron por los montes, y, llegando hasta el valle de Escol, exploraron la región. 25Luego, tomando frutos del país, los trajeron y nos informaron: «Es una buena tierra la que el Señor, nuestro Dios, nos da».

26»Sin embargo, no quisieron subir, rebelándose contra la voz del Señor, su Dios. 27Y se pusieron a murmurar en sus tiendas, diciendo: «¡El Señor nos ha sacado del país de Egipto porque nos odia, para entregarnos en manos del amorreo y aniquilarnos! 28¿Adónde vamos a subir? Nuestros hermanos nos han destrozado el corazón al decir: “Es gente más alta y corpulenta que nosotros; sus ciudades son grandes y fortificadas hasta el cielo, e incluso hemos visto anaquitas allí”».

29»Yo les decía: «No se espanten ni les teman; 30el Señor, su Dios, que marcha a su frente, combatirá por ustedes, como vieron que hizo en Egipto 31y en el desierto, donde has visto que el Señor, tu Dios, te ha llevado como un hombre lleva a su hijo, en todo el camino que han recorrido hasta llegar aquí». 32Pero ni aun así creyeron en el Señor, su Dios, 33que los precedía en el camino para buscarles lugar donde acampar: de noche mediante el fuego, mostrándoles el camino por el que debían ir, y de día mediante la nube.

34»El Señor oyó el rumor de sus palabras, se encolerizó y juró diciendo: 35«¡Ni uno solo de los hombres de esta generación perversa ha de ver la buena tierra que juré dar a sus padres! 36Sólo Caleb, hijo de Yefuné, la verá; a él y a sus hijos daré el país que ha pisado, porque ha seguido fielmente al Señor».

37»También se irritó el Señor conmigo por culpa de ustedes y me dijo: «¡Tampoco tú entrarás allí! 38Será tu servidor Josué, hijo de Nun, quien entrará allí. Dale ánimos, pues él dará a Israel la posesión del país. 39Sus niños, de quienes ustedes dijeron que serían botín, sus hijos, que hoy no disciernen el bien y el mal, ésos entrarán allá; a ellos daré la tierra y la poseerán. 40Pero ustedes vuélvanse y partan hacia el desierto, camino del Mar Rojo».

41»Entonces ustedes me respondieron, diciendo: «¡Hemos pecado contra el Señor! Subiremos a pelear conforme a cuanto el Señor, nuestro Dios, nos ordenó». Y se ciñó cada uno sus armas dispuestos a subir a las montañas. 42Pero el Señor me advirtió: «Diles: “No suban ni peleen, para no ser derrotados por sus enemigos, pues yo no estoy en medio de ellos”». 43Les hablé, pero no escucharon, sino que, rebelándose contra el mandato del Señor, se obstinaron en subir a las montañas. 44Los amorreos, que habitan aquellos montes, les salieron al paso y los persiguieron como hacen las abejas, destrozándose en Seír hasta Jormá. 45Entonces se volvieron, llorando ante el Señor, pero Él no escuchó el clamor de ustedes ni les prestó oídos. 46Por eso han morado en Cadés tantísimos días como han estado allí.

Desde Cadés a Transjordania

2Dt1»Poniéndonos en marcha, fuimos al desierto, camino del Mar Rojo, según me había ordenado el Señor, rodeando durante mucho tiempo los montes de Seír. 2Hasta que me dijo el Señor: 3«Basta ya de ir de acá para allá por estas montañas. Diríjanse al Norte. 4Da al pueblo la siguiente orden: “Van a cruzar los dominios de sus hermanos los hijos de Esaú, que habitan en Seír; ellos les tendrán miedo, 5pero de ninguna manera les ataquen, pues no les daré de su tierra ni la huella de la planta de un pie, porque ya di en heredad a Esaú los montes de Seír. 6El alimento que coman se lo comprarán con dinero, y lo mismo el agua que beban, 7pues el Señor, tu Dios, que te ha bendecido en todas las obras de tus manos, sabe de tu caminar por ese enorme desierto: desde hace cuarenta años el Señor, tu Dios, está contigo y nada te ha faltado”».

8»Así, pues, atravesando por entre nuestros hermanos los hijos de Esaú, que habitan en Seír, desde el camino de la Arabá, de Elat y de Esión–Guéber, dimos un rodeo y pasamos por el camino que conduce al desierto de Moab. 9Me dijo entonces el Señor: «No hostiguen a Moab, ni entables guerra contra ellos, pues no te daré parte alguna de su tierra, porque he dado Ar en heredad a los hijos de Lot. (10Los emitas habían habitado antes allí: fueron un pueblo grande y numeroso y de tanta estatura como los anaquitas; 11tanto a ellos como a los anaquitas se les creía refaítas; sin embargo, los moabitas les llaman emitas. 12En Seír habitaron antiguamente los joritas; pero los hijos de Esaú los desalojaron y exterminaron, y en su lugar se establecieron ellos, como hizo Israel en la tierra que posee, que el Señor les dio.) 13Ahora, pues, pónganse en pie y pasen el torrente Záred». Y, en efecto, pasamos el torrente Záred.

14»Treinta y ocho años había durado nuestra marcha de Cadés–Barnea hasta pasar el torrente Záred, hasta extinguirse del campamento toda la generación de hombres en edad militar, como el Señor les había jurado; 15pues la mano del Señor les había ido alcanzando en el campamento, hasta extinguirlos del todo.

16»Cuando murieron todos los hombres en edad militar que había en medio del pueblo, 17me habló el Señor del siguiente modo: 18«Hoy vas a pasar la frontera de Moab por la parte de Ar. 19Te acercarás a los hijos de Amón; no los hostigues ni los ataques, pues no te daré en posesión la tierra de los hijos de Amón, porque la he dado en heredad a los hijos de Lot». (20Este país es reputado también tierra de refaítas, pues la habitaron en tiempos antiguos; los amonitas los llamaban zamzumitas. 21Eran un pueblo grande, numeroso y de gran talla, como los anaquitas; pero el Señor los hizo exterminar ante los amonitas, quienes los desplazaron y se establecieron en su lugar, 22del mismo modo que había hecho cuando decretó exterminar a los joritas ante los hijos de Esaú, quienes habitaban en Seír, y que los desplazaron y se establecieron en su lugar hasta el día de hoy. 23Así había sucedido también con los jeveos, que habitaban en aldeas hasta Gaza, a quienes los caftoritas, los que emigraron de Caftor, los exterminaron y se establecieron en su lugar.)

Victoria sobre Sijón

24»Pónganse en pie, desmonten las tiendas y pasen el torrente Arnón. Mira, entrego en tus manos a Sijón el amorreo, rey de Jesbón, y su tierra. Emprende la conquista, declárale la guerra. 25A partir de hoy siembro el miedo y el terror ante ti en los pueblos que hay bajo todos los cielos: quienes oigan tu clamor se estremecerán y se llenarán de angustia ante tu presencia».

26»Así, pues, desde el desierto de Quedemot envié mensajeros a Sijón, rey de Jesbón, con palabras de paz, y le dije: 27«Debo atravesar tu territorio. Marcharé camino seguido, sin desviarme ni a derecha ni a izquierda. 28Me venderás por dinero alimentos para que pueda comer; y me darás también, a cambio de plata, agua para beber —sólo quiero pasar a pie—, 29como han hecho conmigo los hijos de Esaú que habitan en Seír y los moabitas que habitan en Ar, hasta que pase el Jordán hacia la tierra que el Señor, nuestro Dios, nos ha dado».

30»Pero Sijón, rey de Jesbón, no quiso dejarnos pasar, pues el Señor, tu Dios, había endurecido su espíritu y obstinado su corazón, para entregártelo en tus manos, como aún sigue hoy día.

31»El Señor me dijo: «Mira, comienzo ya a entregarte a Sijón y su tierra. Emprende, pues, la conquista para adueñarte de ella».

32»Entonces salió Sijón a nuestro encuentro —él y todo su pueblo—, para la batalla en Yahas. 33El Señor, nuestro Dios, nos lo entregó y lo derrotamos, a él, a sus hijos y a todo su pueblo. 34Aquel día tomamos todas sus ciudades y declaramos el anatema sobre cada una: no dejamos vivos a hombres, ni a mujeres ni a niños, 35salvo los animales que habíamos apresado y el botín de las ciudades conquistadas. 36Desde Aroer, asentada en las orillas del torrente Arnón, y la ciudad que está en la vaguada, hasta Galaad, no hubo población que nos resistiera: todas nos las entregó el Señor, nuestro Dios. 37Sólo respetaste la tierra de los hijos de Amón, así como la cuenca del torrente Yaboc, las ciudades de la zona montañosa y todo lo que nos había prohibido el Señor, nuestro Dios.

Victoria sobre Og

3Dt1»Luego, dando un rodeo, subimos camino de Basán. Og, rey de Basán, salió a nuestro encuentro —él y todo su pueblo—, para la batalla en Edreí. 2Y me dijo el Señor: «No le temas, porque lo he puesto en tus manos, lo mismo que todo su pueblo y su tierra: haz con él como has hecho con Sijón, el rey amorreo que habitaba en Jesbón». 3El Señor, nuestro Dios, entregó también en nuestras manos a Og, rey de Basán, y a todo su pueblo, y lo batimos hasta no dejar ni un superviviente. 4Entonces conquistamos todas sus ciudades; no quedó pueblo que no tomáramos: sesenta poblaciones, toda la confederación de Argob, el reino de Og en Basán; 5todas ellas plazas fuertes, con altas murallas y puertas reforzadas, sin contar las muy numerosas villas abiertas. 6Declaramos el anatema sobre ellos como habíamos hecho con Sijón, rey de Jesbón: toda ciudad, esto es, sus hombres, mujeres y niños, la consagramos al anatema; 7pero nos apropiamos de todos los animales y del botín de las ciudades.

8»De este modo, tomamos en aquel tiempo todo el territorio que estaba en poder de ambos reyes amorreos, en la Transjordania, desde el torrente Arnón hasta el monte Hermón (9los sidonios llaman Siryón al Hermón, y los amorreos lo llaman Senir), 10y todas las ciudades de la altiplanicie, todo Galaad y todo Basán hasta Salcá y Edreí, poblaciones del reino de Og en Basán. (11Og, rey de Basán, era el único superviviente de los refaítas: su lecho es ese lecho de hierro que hay en Rabá de los hijos de Amón, de nueve codos de largo y cuatro codos de ancho, en codos de hombre.)

Distribución de la Transjordania

12»En aquel tiempo nos apoderamos, pues, del territorio que se extiende desde Aroer, en la orilla del torrente Arnón. Así, la mitad de los montes de Galaad, con sus ciudades, la di a los de Rubén y a los de Gad, 13mientras que el resto de Galaad y todo Basán, el reino de Og, lo di a la mitad de la tribu de Manasés (toda la confederación de Argob y todo Basán, es lo que se llama tierra de los refaítas. 14Yaír, hijo de Manasés, se apoderó de toda la confederación de Argob hasta la frontera de los guesuritas y de los maacatitas, e impuso su nombre a las villas de Basán, esto es, Javot–Yaír, hasta el día de hoy). 15Y a Maquir le di Galaad. 16A los de Rubén y a los de Gad les di una parte de Galaad, desde el torrente Arnón (marcando la frontera la mediana del torrente) hasta el torrente Yaboc, frontera con los hijos de Amón; 17por el otro lado define la frontera la Arabá con el Jordán, desde Genesaret hasta el Mar de la Arabá o Mar de la Sal, en las estribaciones del Pisgá, que está al oriente.

18»En aquella ocasión les di esta orden: «El Señor, su Dios, les ha dado en propiedad estas tierras. Ustedes, guerreros, todos los armados, pasarán delante de sus hermanos los hijos de Israel. 19Sólo sus mujeres, sus niños y sus rebaños —sé que tienen grandes rebaños— se quedarán en las ciudades que les he asignado 20hasta que el Señor, su Dios, conceda descanso a sus hermanos, como a ustedes, y tomen posesión también ellos de la tierra que el Señor, su Dios, va a darles al otro lado del Jordán. Entonces podrán volver cada uno a la heredad que les he dado».

Exhortación a Josué

21»Entonces di a Josué esta orden: «Tus ojos han visto todo lo que el Señor, el Dios de ustedes, ha hecho con esos dos reyes; así hará con todos los reinos por donde has de pasar. 22No los temas, porque el Señor, su Dios, es quien lucha por ustedes».

Súplica de Moisés

23»Entonces pedí gracia al Señor, rogándole: 24«Dios y Señor mío: Tú empezaste a mostrar a tu siervo tu grandeza y tu poder, pues ¿qué Dios hay en el Cielo y en la tierra que pueda hacer tus hazañas y tus proezas? 25Permíteme, te lo ruego, pasar y ver la bella tierra al otro lado del Jordán, esas bellas montañas y el Líbano». 26Pero el Señor estaba enojado conmigo por culpa de ustedes, y no me escuchó, sino que me dijo: «¡Basta ya! ¡No me hables más de esto! 27Sube a la cima del Pisgá; mira con detenimiento al poniente y al norte, al sur y al oriente, y contempla con tus ojos, porque no has de pasar ese Jordán. 28Pero da órdenes a Josué; confórtale y dale ánimos, porque él pasará al frente de este pueblo, y les dará posesión de la tierra que vas a ver».

29»Y nos asentamos en el valle, frente a Bet–Peor.

II. EXHORTACIÓN A LA OBSERVANCIA DE LA LEY

Fidelidad a la Ley. Cercanía de Dios a su pueblo.

4Dt1»Ahora, Israel, escucha las leyes y normas que yo les enseño a poner en práctica para que vivan y para que entrando en la tierra que el Señor, Dios de sus padres, les da, tomen posesión de ella. 2No añadan nada a los mandamientos que les ordeno, ni tampoco omitan nada de ellos, sino guarden los preceptos del Señor, su Dios, que yo les prescribo.

3»Sus ojos han visto lo que hizo el Señor con Baal–Peor, cómo el Señor, tu Dios, exterminó de entre ustedes a todo el que había dado culto a Baal-Peor. 4En cambio, ustedes los que adhirieron al Señor, su Dios, están hoy todos vivos. 5Miren que les he enseñado leyes y normas, según me ha ordenado el Señor, mi Dios, para que se comporten con arreglo a ellas en la tierra en la que van a entrar a tomar posesión. 6Obsérvenlas y llévenlas a la práctica, pues serán su sabiduría y su discernimiento a los ojos de los pueblos que, al conocer todos estos mandatos, dirán: «En verdad esa gran nación es un pueblo sabio y juicioso». 7Porque ¿qué nación hay tan grande que tenga dioses tan cercanos, como lo está el Señor, nuestro Dios, cuantas veces le invocamos? 8Y ¿qué nación hay tan grande que tenga unas leyes y normas tan justas, como toda esta ley que hoy les entrego?

Revelación en el Horeb

9»Guárdate, pues, y cuídate mucho de no olvidar los sucesos que han visto tus ojos, de modo que no se alejen de tu corazón en todos los días de tu vida; y enséñalos a tus hijos y a los hijos de tus hijos. 10Recuerda el día en que estuviste en la presencia del Señor, tu Dios, en el Horeb, cuando el Señor me dijo: «Convócame al pueblo y les haré oír mis palabras, para que aprendan a temerme todos los días que vivan sobre la tierra, y las enseñen a sus hijos»; 11cómo se acercaron y permanecieron al pie de la montaña, que ardía en llamas que subían hasta el corazón de los cielos, en medio de oscuridad, nubes y niebla. 12Y el Señor, su Dios, les habló desde el fuego: ustedes oían el sonido de las palabras, pero no veían imagen alguna, sólo una voz. 13Les anunció su alianza, que les mandó cumplir: las Diez Palabras que escribió en las dos tablas de piedra. 14En tal ocasión, me ordenó enseñarles leyes y normas para ponerlas en práctica en la tierra a la que van a pasar y tomar en posesión.

Condena y castigo de la idolatría

15»Cuídense mucho de ustedes mismos: puesto que no vieron imagen alguna el día que el Señor les habló en el Horeb desde el fuego, 16no vayan a pervertirse haciéndose alguna imagen esculpida con alguna forma de figura de varón o de mujer; 17figura de cualquier bestia de la tierra, figura de cualquier ave que vuele por el cielo, 18figura de reptil que se arrastra por el suelo, figura de peces que viven en las aguas debajo de la tierra. 19Ni, al alzar la mirada a los cielos y ver el sol y la luna y las estrellas y todo el ejército celeste, vayas a dejarte engañar e ir a postrarte ante ellos dándoles culto. Pues el Señor, tu Dios, los ha dado a todos los pueblos que hay bajo los cielos. 20Pero a ustedes los tomó el Señor y los sacó del férreo horno de Egipto para que sean el pueblo de su heredad, como ya lo son hoy.

21»Por culpa de ustedes el Señor se irritó conmigo, y juró que yo no pasaría el Jordán ni entraría en la buena tierra que el Señor, tu Dios, te da en herencia. 22Sí, yo moriré en este país, no pasaré el Jordán; ustedes, en cambio, lo pasarán y tomarán posesión de esa buena tierra. 23Guárdense de olvidar la alianza que el Señor, su Dios, selló con ustedes, haciéndose alguna imagen esculpida de cuanto el Señor, tu Dios, te ha prohibido, 24porque el Señor, tu Dios, es fuego que devora, es un Dios celoso.

25»Cuando tengan hijos y nietos y envejezcan en la tierra, si se pervierten haciéndose alguna imagen esculpida, obrando el mal a los ojos del Señor, tu Dios, provocando su enojo, 26pronto desaparecerán de la tierra de la que van a tomar posesión al pasar el Jordán: yo pongo hoy por testigos los cielos y la tierra. No se prolongarán en ella sus días, sino que serán destruidos por completo. 27El Señor los dispersará entre los pueblos y quedarán pocos entre las naciones donde el Señor los deportará. 28Allí darán culto a dioses de madera y de piedra, fabricados por manos humanas, dioses que no ven, ni oyen, ni comen, ni huelen. 29Desde allí buscarás al Señor, tu Dios, y lo encontrarás si lo buscas con todo tu corazón y con toda tu alma. 30Cuando al cabo de los años, en medio de tu angustia, te sucedan todas estas cosas, te convertirás al Señor, tu Dios, y escucharás su voz, 31porque el Señor, tu Dios, es un Dios misericordioso, que no te abandona, ni te aniquila, ni se olvida de la alianza que juró a tus padres.

Singular providencia del Señor con su pueblo

32»Interroga, pues, a los tiempos antiguos que te han precedido, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra: de un extremo al otro de los cielos ¿se ha producido alguna vez un acontecimiento tan imponente como éste, o se escuchó algo semejante? 33¿Oyó pueblo alguno la voz de Dios hablándole desde el fuego, como tú le oíste, y quedó con vida? 34O ¿intentó Dios jamás venir a elegirse un pueblo de en medio de otra nación, con pruebas y señales, con milagros y guerra, con mano fuerte y brazo extendido y causando enormes terrores, como hizo por ustedes el Señor, su Dios, en Egipto, ante tus propios ojos?

35»Es a ti a quien te lo ha hecho ver, para que sepas que el Señor es el Dios y no hay otro excepto Él. 36Te ha hecho oír su voz desde los cielos para instruirte, y sobre la tierra te hizo ver su fuego sobrecogedor y oír sus palabras de en medio del fuego. 37Porque amó a tus padres y eligió a su descendencia, te sacó de Egipto, Él mismo, con inmenso poder, 38expulsando ante ti a pueblos más grandes y fuertes que tú, para hacerte entrar en sus tierras y dártelas en heredad, como ves hoy día.

39»Por tanto, reconoce hoy y medita en tu corazón que el Señor es el Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra: no hay otro. 40Guarda sus leyes y sus preceptos que yo te ordeno hoy, para que les vaya bien a ti y a los hijos que te sucedan, y para que tengan larga vida en la tierra que el Señor, tu Dios, te da para siempre.

Ciudades de refugio

41Entonces separó Moisés tres ciudades al lado oriental del Jordán, 42para refugio del homicida que diera muerte a su prójimo sin querer y sin que le hubiera mostrado odio anteriormente. Éste huirá a una de esas ciudades para salvar su vida: 43Béser en el desierto, en la alta meseta, para los de Rubén; Ramot en Galaad, para los de Gad; y Golán en Basán, para los de Manasés.

SEGUNDA PARTE:
SEGUNDO DISCURSO DE MOISÉS: LA LEY

Encuadramiento histórico y geográfico

44Ésta es la ley que promulgó Moisés ante los hijos de Israel. 45Éstas son las disposiciones, las leyes y las normas que ordenó Moisés a los hijos de Israel, después de su salida de Egipto, 46al otro lado del Jordán, en el valle frente a Bet–Peor, en la tierra de Sijón, rey de los amorreos, que habitaba en Jesbón, a quien Moisés y los hijos de Israel derrotaron después de la salida de Egipto; 47pues éstos tomaron posesión de su país y del país de Og, rey de Basán, ambos reyes amorreos, que estaban al lado oriental del Jordán, 48desde Aroer, a orillas del torrente Arnón, hasta el monte Siyón, o sea Hermón, 49con toda la Arabá, al otro lado del Jordán, en la parte oriental, hasta el Mar de la Arabá, en las estribaciones del Pisgá.

5Dt1Moisés convocó a todo Israel para decirle:

—Escucha, Israel, las leyes y las normas que yo pronuncio hoy en sus oídos. Apréndanlas y guárdenlas para ponerlas en práctica:

2»El Señor, nuestro Dios, ha sellado con nosotros una alianza en el Horeb. 3No selló el Señor esa alianza sólo con nuestros padres, sino también con nosotros, con todos los que hoy estamos vivos aquí. 4Cara a cara habló el Señor con ustedes en la montaña desde el fuego. 5En aquella ocasión yo me puse entre el Señor y ustedes para anunciarles sus palabras, porque estaban temerosos por el fuego tremendo y no subieron a la montaña.

»Y dijo:

6«Yo soy el Señor, tu Dios,

que te he sacado del país de Egipto,

de la casa de la esclavitud.

7»No tendrás otros dioses frente a mí.

8»No te fabricarás escultura ni imagen de nada de lo que hay arriba en los cielos, ni abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas bajo la tierra.

9»No te prosternarás ante ellos y no les darás culto, porque Yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso que castigo en los hijos el pecado de los padres que me odian, hasta la tercera y cuarta generación, 10pero que tengo misericordia, durante miles de generaciones, de los que me aman y guardan mis mandamientos.

11»No tomarás en vano el nombre del Señor, tu Dios, porque el Señor no deja impune al que toma en vano su Nombre.

12»Guarda el día del sábado para santificarlo, como te ha mandado el Señor, tu Dios.

13»Durante seis días trabajarás y harás todas tus labores, 14pero el día séptimo es de descanso, consagrado al Señor, tu Dios. No harás ninguna labor, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sirvienta, ni tu buey, ni tu asno, ni ninguna bestia tuya, ni el extranjero que reside dentro de tus puertas, para que repose tu siervo y tu sirvienta como tú mismo. 15Has de recordar que fuiste siervo en la tierra de Egipto, y que el Señor, tu Dios, te sacó de allí con mano fuerte y brazo extendido; por eso el Señor, tu Dios, te ha mandado observar el día del sábado.

16»Honra a tu padre y a tu madre, como te mandó el Señor, tu Dios, para que se alarguen tus días y te vaya bien en la tierra que te va a dar el Señor, tu Dios.

17»No matarás.

18»No cometerás adulterio.

19»No robarás.

20»No darás falso testimonio contra tu prójimo.

21»No desearás la mujer de tu prójimo; no codiciarás su casa, ni su campo, ni su siervo ni su sirvienta, ni su buey ni su asno, ni nada de lo que pertenezca a tu prójimo».

22»Tales son los mandamientos que dirigió el Señor a toda la comunidad de ustedes reunida en la montaña, desde el fuego, la nube y la niebla, con voz grandiosa. Y no añadió más. Y los escribió en dos tablas de piedra y me las entregó.

23»Cuando ustedes oyeron la voz que surgía de las tinieblas, mientras la montaña ardía en fuego, se acercaron a mí todos los jefes de sus tribus y sus ancianos 24para decirme: «En verdad que el Señor, nuestro Dios, nos ha mostrado su gloria y su grandeza, y hemos oído su voz desde el fuego. Hoy hemos visto que Dios puede hablar al hombre y quedar éste con vida. 25Pero ahora, ¿por qué hemos de morir? Pues nos va a devorar ese enorme fuego. Si continuamos oyendo la voz del Señor nuestro Dios, vamos a morir. 26Porque, ¿quién es el mortal que pueda seguir con vida después de haber oído, como nosotros hoy, la voz del Dios vivo, hablando desde el fuego? 27Será mejor que te acerques tú y escuches todo lo que dice el Señor, nuestro Dios; luego nos comunicarás cuanto te haya hablado el Señor, nuestro Dios: nosotros lo escucharemos y lo pondremos por obra».

28»Oyó el Señor las palabras que ustedes me hablaban y me dijo: «Ya he oído el tenor de las palabras que este pueblo te dirigía. Está bien todo cuanto te han hablado. 29¡Ojalá mantengan ese corazón para que me guarden temor y observen siempre todos mis mandamientos, a fin de que ellos y sus hijos sean felices para siempre!

30»Ve y diles: “Vuélvanse a sus tiendas”. 31Pero tú estáte aquí conmigo. Te diré todos los mandamientos, leyes y normas para que se las enseñes y las pongan por obra en la tierra que yo les doy en propiedad».

32»Así pues, esmérense en actuar según les mandó el Señor, su Dios. No se desvien a derecha o izquierda. 33Marchen por el camino que les ordenó el Señor, su Dios, para que vivan y les vaya bien y prolonguen los días en la tierra que van a poseer.

El Señor, el Dios único

6Dt1»Éstos son los mandamientos, leyes y normas que el Señor, su Dios, ordenó enseñarles para que los pongan por obra en la tierra a la que van a pasar y tomar en posesión, 2a fin de que temas al Señor, tu Dios, y guardes todas sus leyes y mandamientos que yo te he ordenado, tú, tu hijo y el hijo de tu hijo, durante toda tu vida, y así se prolonguen tus días. 3Escucha, pues, Israel, y esmérate en cumplir lo que te hará feliz y muy numeroso en una tierra que mana leche y miel, según te anunció el Señor, Dios de tus padres.

La Shemá

4»Escucha, Israel: el Señor es nuestro Dios, el Señor es Uno.

5»Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.

6»Que estas palabras que yo te dicto hoy estén en tu corazón. 7Las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando estés sentado en casa y al ir de camino, al acostarte y al levantarte. 8Las atarás a tu mano como un signo, servirán de recordatorio ante tus ojos. 9Las escribirás en las jambas de tu casa y en tus portones.

Exhortación a la fidelidad

10»Una vez que el Señor, tu Dios, te haya introducido en la tierra que juró a tus padres Abrahán, Isaac y Jacob que te daría, con ciudades grandes y hermosas que tú no has edificado, 11con casas llenas de toda clase de bienes que tú no has allegado, con aljibes ya cavados que tú no has fabricado, viñedos y olivares que tú no has plantado y de los que, sin embargo, comerás y te saciarás, 12entonces, esmérate en no olvidarte del Señor que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de la esclavitud.

13»Temerás al Señor, tu Dios, le darás culto, y en su nombre harás tus juramentos.

14»No seguirán a otros dioses, de los dioses de los pueblos que los rodeen, 15porque el Señor, su Dios, es un Dios celoso que está en medio de ti: no sea que se encienda la ira del Señor, tu Dios, contra ti y te haga desaparecer de la faz de la tierra.

16»No tentarán al Señor, su Dios, como hicieron en Masá.

17»Guardarán esmeradamente los mandamientos del Señor, su Dios, y las disposiciones y leyes que te ha ordenado.

18»Pondrás por obra lo que es recto y lo que es bueno a los ojos del Señor, para que seas dichoso y entres y tomes posesión de la hermosa tierra conforme a la promesa del Señor a tus padres 19de expulsar a todos tus enemigos delante de ti, según anunció el Señor.

20»Cuando el día de mañana te pregunte tu hijo: «¿qué significan las disposiciones, leyes, normas que les mandó el Señor, nuestro Dios?», 21le responderás: «Éramos esclavos del Faraón en Egipto, pero el Señor nos sacó de allí con mano poderosa. 22El Señor realizó ante nuestros ojos señales y prodigios grandes y tremendos en Egipto, contra el Faraón y toda su casa, 23y nos sacó de allí para traernos y darnos la tierra que había prometido a nuestros padres. 24Por eso nos ha mandado el Señor poner por obra todas estas leyes, para temer al Señor, nuestro Dios, y ser dichosos todos los días de nuestra vida, como sucede hoy. 25Ésta será nuestra justicia: que guardemos y cumplamos todos estos mandamientos en la presencia del Señor, nuestro Dios, según nos ha ordenado».

IV. ISRAEL, EL PUEBLO CONSAGRADO AL SEÑOR

Anatema para los cananeos

7Dt1»Cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra en la que estás a punto de entrar para tomar posesión, y expulse a muchas naciones delante de ti —hititas y guirgaseos, amorreos y cananeos, perezeos, jeveos y jebuseos, en total, siete naciones más grandes y poderosas que tú— 2y el Señor, tu Dios, te las entregue y tú las derrotes, las consagrarás al anatema y no sellarás pacto con ellas ni les tendrás misericordia. 3No te emparentarás con ellas: no darás tu hija a su hijo y no tomarás su hija para tu hijo, 4porque apartaría a tu hijo de seguirme y darían culto a otros dioses, con lo que se encendería la ira del Señor contra ustedes, y pronto te destruiría. 5Por tanto, deben hacer con ellas del siguiente modo: destruirán sus altares; romperán sus estelas, cortarán sus aserás y quemarán sus ídolos; 6porque tú eres un pueblo consagrado al Señor, tu Dios, a ti te ha elegido el Señor, tu Dios, para que seas el pueblo de su propiedad entre todos los pueblos que hay sobre la faz de la tierra.