COMENTARIO

 Dt 4,19-20 

Declara el texto que el Señor ha dado los astros en herencia a todos los pueblos, mientras que ha escogido a Israel como herencia propia para que sea el pueblo que le dé culto a Él. Según la opinión de algunos pueblos antiguos, los astros no eran cuerpos celestes inanimados, sino seres vivientes (cfr 17,3; Jb 38,7; Sb 13,2) cuya acción tenía repercusiones en la naturaleza y en el hombre.

El autor sagrado desmitifica tales creencias que constituían un peligro para la verdadera religión. El pasaje quiere subrayar la providencia especial de Dios con el pueblo que se ha elegido.

El Catecismo de la Iglesia Católica explica: «Este orden a la vez cósmico, social y religioso de la pluralidad de las naciones (cfr Hch 17,26-27), confiado por la providencia divina a la custodia de los ángeles (cfr Dt 4,19; Dt [LXX] 32,8), está destinado a limitar el orgullo de una humanidad caída que, unánime en su perversidad (cfr Sb 10,5), quisiera hacer por sí misma su unidad a la manera de Babel (cfr Gn 11,4-6). Pero, a causa del pecado (cfr Rm 1,18-25), el politeísmo así como la idolatría de la nación y de su jefe son una amenaza constante de vuelta al paganismo para esta economía aún no definitiva» (n. 57).

Volver a Dt 4,19-20