COMENTARIO
En este final del primer discurso sorprende un tanto la mención de las ciudades de refugio (cfr más adelante 19,1-13). El establecimiento de esas ciudades constituía una medida humanitaria para aliviar la ancestral costumbre de la venganza, tan extendida entre las tribus nómadas de aquellas regiones: no habiendo un poder político que protegiera los delitos involuntarios y casuales, acogerse a sagrado resultaba la medida más idónea.