COMENTARIO
Comienza aquí el «Segundo Discurso de Moisés», el discurso más largo del Deuteronomio (casi 22 caps.), y la parte esencial y más importante de todo el libro. En él se hallan incluidos, entre otros textos, el Decálogo (5,1-33), una antigua formulación de la Shemá (6,4-9) y el Código Deuteronómico (12,1-26,19).
En la actualidad existe común acuerdo de que este segundo discurso constituye, en sus líneas generales y en sus pasajes principales, «el gran texto» fundamental de todo el Deuteronomio; de tal manera que los capítulos precedentes (1,1-4,43) y los siguientes (26,16-34,12) enmarcan este núcleo central.
Esta parte del Deuteronomio constituyó buena parte del texto cultual y jurídico fundamental en la vida del pueblo: la Ley o Torah meditada con el corazón, recordada con los labios y los ojos del israelita lo más continuamente posible. En él se hablaba de la unificación del culto en el Templo de Jerusalén, de la convicción de que Yahwéh, el Dios Único y salvador de Israel, es el mejor de los padres para el pueblo, el Dios que se ha acercado hasta hablar con él, y lo sigue protegiendo con una excepcional providencia y predilección… Tales son las ideas fundamentales que informan este segundo discurso de Moisés. De alguna manera son un resumen de la revelación y de la vida del Antiguo Testamento.