COMENTARIO
La idolatría es considerada en el Antiguo Testamento como si fuera una especie de adulterio. De ahí que la ira de Dios sea calificada como “celos”.
Para entender la amenaza de castigar en los hijos los pecados de los padres, hay que tener presente que en la cultura oriental de aquella época era muy acentuado el sentido de la solidaridad de cada individuo con su familia y su pueblo. En la Biblia abundan los episodios —incluso en el Nuevo Testamento— que manifiestan esta mentalidad (cfr, p.ej., 2 S 21,1-14; Jn 9,1-2). De todas formas, en otros pasajes del mismo Deuteronomio queda clara la responsabilidad individual: «Los padres no han de ser castigados con la muerte por culpa de los hijos, ni los hijos lo han de ser por culpa de los padres: cada uno es reo de muerte sólo por su propio pecado» (24,16). Esto a su vez no excluye las tremendas repercusiones negativas que los pecados de los padres pueden tener en los hijos por los bienes espirituales de que les privan en la Comunión de los Santos, y por el mal ejemplo que les dan.