COMENTARIO

 Dt 5,21 

Es una formulación que varía ligeramente con respecto a la de Ex 20,17. Mientras que en éste la mujer aparece como una pertenencia más del hombre, aquí en el Deuteronomio, se distingue claramente de los otros bienes del prójimo, situándola en primer lugar. Esta variante del Deuteronomio indica un claro progreso moral.

Las dos partes del versículo se hallan desglosadas en los catecismos de la doctrina cristiana constituyendo respectivamente el noveno y décimo mandamientos del Decálogo. La primera parte se expresa bajo la fórmula: «No consentirás pensamientos ni deseos impuros». Se completa así el contenido más externo y material del sexto mandamiento, orienta la templanza en cuanto reguladora del apetito sexual y guía la práctica de la virtud de la castidad, según el estado de cada persona.

La segunda parte constituye nuestro décimo mandamiento: «No codiciarás los bienes ajenos». Paralelamente a la primera parte, implica también un complemento del séptimo mandamiento, en cuanto que orienta la templanza en la posesión de bienes, ya desde el origen interno del deseo desordenado de poseerlos.

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