COMENTARIO

 Dt 8,1-6 

Se recuerda a los israelitas, junto con la prueba del desierto, la especial protección y los cuidados paternales que Dios les ha dispensado, y se les exhorta de nuevo a la fidelidad. En este contexto ha de entenderse el v. 4: no es necesario interpretarlo al pie de la letra, como hacían algunas fábulas rabínicas, que entendían que los vestidos de los israelitas no se gastaron en esos años, mientras que los de sus hijos crecían con ellos.

«El hombre vive de todo lo que sale de la boca del Señor» (v. 3). Jesucristo evocará estas palabras al rechazar la primera tentación de Satanás en el desierto (cfr Mt 4,4).

La relación entre Israel y Dios, comparada con la de un padre y su hijo (v. 5), será tema central de la conciencia y enseñanza de Jesús. También en otros textos del Antiguo Testamento, aunque no muy frecuentes, se habla de esta relación (cfr, p.ej., Os 11,1); más numerosos son los pasajes referentes a la relación paterno–filial del Señor con el Rey (p.ej., 2 S 7,14-15; Sal 2,7; 89,27).

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