7»El Señor se ha prendado de ustedes y los ha elegido, no porque sean el pueblo más grande de todos los pueblos, puesto que son el más pequeño, 8sino que ha sido por el amor del Señor y por su fidelidad a la promesa que hizo a sus padres. Por eso es por lo que el Señor los sacó con mano fuerte y los liberó de la casa de la esclavitud, del poder del Faraón, rey de Egipto. 9Por tanto, reconoce que el Señor, tu Dios, es el Dios, el Dios fiel, que guarda por mil generaciones la alianza y el amor con quienes le aman y cumplen sus mandamientos; 10y que sin demora retribuye con la perdición a los que le odian; no se retrasa en dar su merecido a quien le odia. 11Guarda, pues, los mandamientos, leyes y normas, que yo te ordeno hoy que pongas en práctica.
12»En consecuencia, si observas estas normas, las guardas y las pones por obra, el Señor, tu Dios, mantendrá contigo la alianza y el amor que juró a tus padres. 13Y te amará, te bendecirá y te engrandecerá; bendecirá el fruto de tus entrañas y el fruto de tus campos: tu grano, tu mosto y tu aceite; las crías de tus vacas y el crecimiento de tus rebaños en la tierra que prometió a tus padres que te daría. 14Serás el más bendecido de todos los pueblos: no habrá en ti impotente ni estéril, y tampoco en tus rebaños. 15El Señor alejará de ti cualquier enfermedad; no te mandará ninguna de las plagas malignas de Egipto que ya conoces, sino que las dará a cualquiera que te odie. 16Tú devorarás a todos los pueblos que te da el Señor, tu Dios: que tus ojos no tengan compasión por ellos, ni des culto a sus dioses, porque eso sería una trampa para ti.
17»Si dices en tu corazón: «Esas gentes son más numerosas que yo, ¿cómo podré expulsarlas?» 18No les temas. Acuérdate bien de lo que hizo el Señor, tu Dios, con el Faraón y con todo Egipto: 19las tremendas pruebas que vieron tus ojos, las señales y los milagros, la mano fuerte y el brazo extendido con los que te sacó el Señor, tu Dios. Así hará el Señor, tu Dios, con todos los pueblos con los que temes enfrentarte. 20Además, el Señor, tu Dios, les enviará avispas hasta acabar con los que queden y se hayan escondido de ti.
21»No tiembles ante ellos, porque el Señor, tu Dios, está en medio de ti, como Dios grande y temible. 22Poco a poco el Señor, tu Dios, expulsará a esos pueblos ante tu presencia; no podrás exterminarlos de inmediato, no sea que las fieras del campo se multipliquen en perjuicio tuyo. 23El Señor, tu Dios, te los entregará y los turbará con gran confusión hasta destruirlos. 24Entregará sus reyes en tu mano y tú borrarás sus nombres de debajo de los cielos: ninguno podrá resistirte hasta que los hayas exterminado.
25»Quemarás las imágenes de sus dioses y no codiciarás la plata y el oro que las recubre, ni te lo quedarás, no sea que caigas en una trampa: sería algo abominable para el Señor, tu Dios. 26No introducirás, pues, en tu casa nada abominable, pues serías igualmente anatema. Abomínalos por completo y aborrécelos del todo, pues son anatema.
8Dt1»Te esmerarás en poner por obra todos los mandamientos que te ordeno hoy, para que vivan y se multipliquen y puedan ir y tomar posesión de la tierra que prometió el Señor a sus padres. 2Debes recordar todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer por el desierto durante estos cuarenta años, para hacerte humilde, para probarte y conocer lo que hay en tu corazón, si guardas o no sus mandamientos. 3Te humilló y te hizo pasar hambre. Luego te alimentó con el maná, que desconocían tú y tus padres, para enseñarte que no sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca del Señor. 4El vestido que llevabas no se gastó y tus pies no se hincharon en estos cuarenta años. 5Reconoce en tu corazón que el Señor, tu Dios, te corrige como un hombre corrige a su hijo. 6Guarda, por tanto, los mandamientos del Señor, tu Dios, marchando por sus caminos y temiéndole.
7»El Señor, tu Dios, te conduce hacia una tierra excelente, tierra de torrentes de agua, de fuentes y de veneros que brotan en las vegas y en los montes; 8tierra de trigo y de cebada, de viñas, higueras y granados; tierra de olivos, de aceite y de miel; 9tierra en la que no comerás tasado el pan, ni carecerás de nada; tierra cuyas rocas son hierro y de cuyas montañas extraerás cobre. 10Tú comerás y te saciarás, y bendecirás al Señor, tu Dios, por la excelente tierra que te ha dado.
11»Esmérate en no olvidar al Señor, tu Dios, dejando de cumplir los mandamientos y normas que hoy te ordeno. 12No vaya a ocurrir que al comer y saciarte, construir hermosas casas y habitarlas, 13al crecer tus vacadas y tus rebaños, al abundar en plata y oro, al aumentar todos tus bienes, 14se engría tu corazón y te olvides del Señor, tu Dios. Él es el que te sacó del país de Egipto, de la casa de la esclavitud, 15el que te ha conducido por el desierto grande y terrible, con serpientes venenosas y alacranes, por un secarral en el que no hay agua. Él es el que hizo brotar para ti agua de la roca de pedernal; 16el que te alimentó en el desierto con el maná —que no habían conocido tus padres—, sometiéndote a la humillación y a la prueba para que seas feliz en tu porvenir, 17y no digas en tu corazón: «mi fuerza y el vigor de mi mano me han hecho alcanzar este poderío». 18Acuérdate del Señor, tu Dios, porque es Él quien te da la fuerza para hacerte poderoso, manteniendo la alianza que juró a tus padres, como hasta el día de hoy.
19»Pero ten por seguro que si te olvidaras del Señor, tu Dios, y, marchando tras dioses extraños, les rindieras culto y te prosternaras ante ellos, les aseguro hoy en presencia de ustedes que perecerán irremisiblemente, 20de la misma manera que las naciones a las que el Señor ha hecho perecer ante su vista: así perecerán por no haber escuchado la voz del Señor, su Dios.
9Dt1»¡Escucha, Israel! Hoy estás a punto de pasar el Jordán para conquistar pueblos más grandes y más poderosos que tú; ciudades grandes y fortificadas hasta el cielo; 2un pueblo numeroso y de elevada estatura, los anaquitas, que tú ya conoces y de los que has oído decir: «¿Quién puede resistir a los hijos de Anac?» 3Has de saber hoy que el Señor, tu Dios, es quien pasa delante de ti como fuego devorador. Él los destruirá y los abatirá ante ti, y tú los apresarás y acabarás con ellos en seguida, como te ha dicho el Señor.
4»Cuando el Señor, tu Dios, los expulse ante ti, no pienses en tu corazón: «por mi justicia me ha traído el Señor para poseer esta tierra». Al contrario, es por la perversidad de esas gentes por lo que el Señor los expulsa ante ti. 5No es, pues, por tu justicia ni por la rectitud de tu corazón por lo que vas a poseer su tierra, sino que es por la perversidad de esas gentes por lo que el Señor, tu Dios, las expulsa ante ti, y para mantener la palabra que juró el Señor a tus padres, a Abrahán, a Isaac y a Jacob. 6Has de saber, por tanto, que no es por tu justicia por lo que el Señor, tu Dios, te da en posesión esta excelente tierra, pues tú eres un pueblo de dura cerviz.
7»Recuerda; no olvides que irritaste al Señor, tu Dios, en el desierto. Desde el día en que saliste del país de Egipto hasta la llegada de ustedes a este lugar, han sido rebeldes al Señor. 8Incluso en el Horeb irritaron al Señor, y se encolerizó contra ustedes, y a punto estuvo de destruirlos.
9»Yo había subido a la montaña a recibir las tablas de piedra, las tablas de la alianza que había sellado con ustedes el Señor. Permanecí en la montaña cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua. 10Entonces me dio el Señor las dos tablas de piedra, escritas por el dedo de Dios, sobre las que estaban todas las palabras que les había dicho el Señor en la montaña, desde el fuego, el día de la asamblea. 11Cuando al término de cuarenta días y cuarenta noches me dio el Señor las dos tablas de piedra, las tablas de la alianza, 12me dijo: «Levántate, baja deprisa de aquí, porque ha pecado tu pueblo, el que sacaste de Egipto. Pronto se han desviado del camino que les había ordenado. Se han hecho un ídolo de metal fundido». 13Y continuó el Señor, diciéndome: «Observo que ese pueblo es un pueblo de dura cerviz. 14Déjame que los destruya y que borre su nombre de debajo de los cielos. Yo haré de ti una nación más poderosa y más numerosa que ellos».
15»Me volví y bajé de la montaña, que ardía en llamas, llevando en mis manos las dos tablas de la alianza. 16Entonces vi que habían pecado contra el Señor, su Dios: ustedes se habían hecho un becerro de metal fundido. Pronto se habían desviado del camino que les había ordenado el Señor. 17Agarrando las dos tablas, las arrojé de mis manos y las hice pedazos ante los ojos de ustedes. 18Después me postré en la presencia del Señor. Como la primera vez, estuve cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua, por todos los pecados que habían cometido haciendo el mal en la presencia del Señor, provocándole a la ira; 19porque yo estaba atemorizado ante la cólera y la indignación con que el Señor se había airado contra ustedes hasta el punto de querer destruirlos. Pero el Señor también me escuchó esta vez. 20Asimismo, se había irritado profundamente contra Aarón, hasta el punto de querer hacerle perecer. También intercedí en favor de él en aquella ocasión. 21Tomé el becerro, obra del pecado de ustedes, le prendí fuego y lo destrocé, triturándolo hasta hacerlo polvo fino, y arrojé sus cenizas al torrente que baja de la montaña.
22»También en Taberá, en Masá y en Quibrot–Ha-Taavá irritaron al Señor. 23Y cuando los envió el Señor desde Cadés–Barnea diciendo: «Suban y apodérense de la tierra que les he dado», ustedes se rebelaron contra la palabra del Señor, su Dios; no le creyeron ni escucharon su voz. 24Han sido rebeldes al Señor desde el día que los conocí.
25»Me postré, pues, ante el Señor y continué en postración durante cuarenta días y cuarenta noches, porque el Señor había hablado de aniquilaros. 26Y le dije en mi súplica: «Mi Señor Dios: No destruyas a tu pueblo y a tu heredad, que rescataste por tu grandeza, al que sacaste de Egipto con mano fuerte. 27Acuérdate de tus siervos Abrahán, Isaac y Jacob. No te fijes en la dureza de este pueblo, ni en su perversidad, ni en su pecado. 28Que no diga el país del que nos sacaste: “El Señor no ha podido llevarlos hasta la tierra de que les habló; los sacó para hacerlos morir en el desierto, porque los odiaba”. 29Pero ellos son tu pueblo y tu heredad, que sacaste con tu mano fuerte y tu brazo extendido».
10Dt1»En aquella ocasión me dijo el Señor: «Talla dos tablas de piedra como las anteriores y sube hacia mí, al monte. Haz también un arca de madera. 2Yo grabaré en las tablas las palabras que había en las primeras que has destrozado; luego las pondrás dentro del arca». 3Hice, pues, el arca con madera de acacia; tallé dos tablas de piedra como las anteriores y subí al monte, llevando en mi mano las tablas. 4Entonces, lo mismo que había escrito en las primeras, el Señor grabó en las tablas las Diez Palabras que les había hablado en el monte, desde el fuego, el día de la asamblea, y me las devolvió. 5Me volví, bajé del monte y puse las tablas dentro del arca que había hecho. Y ahí están, conforme el Señor me mandó.
(6Luego los hijos de Israel partieron de Beerot–Bené-Yaacán, hacia Moserá. Allí murió y fue sepultado Aarón. Su hijo Eleazar le sucedió en el sacerdocio. 7De allí marcharon a Guidgad y de Guidgad a Yotbatá, zona de torrentes de agua. 8En aquella ocasión destinó el Señor la tribu de Leví para portar el arca de la alianza del Señor, para estar en la presencia del Señor, servirle y dar la bendición en su nombre, hasta el día de hoy. 9Por esto Leví no ha tenido parte ni herencia con sus hermanos: el Señor es su heredad, de acuerdo con lo que le dijo el Señor, tu Dios.)
10»Por lo que a mí respecta, permanecí en el monte cuarenta días y cuarenta noches, como en la ocasión anterior. También esta vez me escuchó el Señor y decidió no perderte, 11sino que me dijo el Señor: «Levántate y marcha al frente del pueblo para que entren y tomen posesión de la tierra que prometí a sus padres que les daría».
12»Ahora, pues, Israel, ¿qué es lo que el Señor, tu Dios, te pide sino que temas al Señor, tu Dios, y marches por todos sus caminos, amando y dando culto al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, 13y que guardes los mandamientos del Señor y sus leyes, que hoy te ordeno para tu bien?
14»Del Señor, tu Dios, son los cielos y los cielos de los cielos, la tierra y cuanto en ella hay. 15Sin embargo, el Señor se prendó de tus padres, amándolos y eligiendo a su descendencia, a ustedes, de entre todos los pueblos, hasta hoy mismo.
16»Por tanto, circunciden el prepucio de su corazón y no endurezcan más su cerviz. 17Porque el Señor, su Dios, es el Dios de los dioses y el Señor de los señores, el Dios grande, fuerte y temible, que no hace acepción de personas ni admite soborno; 18el que hace justicia al huérfano y a la viuda y ama al extranjero, dándole el pan y el vestido. 19Así, ustedes, amen al extranjero, pues extranjeros fueron en la tierra de Egipto. 20Al Señor, tu Dios, temerás y darás culto, a Él te adherirás y en su nombre harás tus juramentos. 21Él es tu alabanza, Él es tu Dios, el que ha hecho por ti aquellas cosas grandes y temibles que han visto tus ojos. 22Setenta personas eran tus padres cuando bajaron a Egipto, pero ahora el Señor, tu Dios, te ha hecho tan numeroso como las estrellas de los cielos.
11Dt1»Amarás, pues, al Señor, tu Dios, y guardarás sus preceptos, sus leyes, sus normas y sus mandamientos en todo tiempo. 2Ustedes deben reconocer hoy —y no sus hijos, que no han conocido ni han visto la enseñanza del Señor, su Dios, ni su grandeza, ni su mano fuerte y su brazo extendido— 3las señales y las hazañas que realizó en Egipto contra el Faraón, rey de Egipto, y todo su país; 4y lo que hizo con el ejército de Egipto, con sus caballos y sus carros, sobre los que precipitó las aguas del Mar Rojo cuando los perseguían, aniquilándolos el Señor hasta hoy; 5y cuanto realizó por ustedes en el desierto hasta que llegaron a este lugar. 6Y lo que obró contra Datán y Abiram, hijos de Eliab, hijo de Rubén: cómo la tierra abrió su boca y se los tragó, junto con sus familias, sus tiendas y todos sus bienes, en medio de todo Israel. 7Porque sus ojos han visto toda la gran obra que el Señor ha realizado.
8»Observen, pues, todos los mandamientos que les ordeno hoy, para que sean capaces de entrar y conquistar la tierra a la que van a pasar y tomar en posesión. 9Así prolongarán sus días sobre la tierra que el Señor prometió dar a sus padres y a su descendencia; una tierra que mana leche y miel.
10»Porque la tierra donde vas a entrar para tomarla en posesión no es como el país de Egipto de donde salieron, en el que después de sembrar tenían que regar con tu pie, como se riega una huerta. 11La tierra a la que van a pasar y tomar en posesión, es un país de montañas y de vegas, regado con el agua de la lluvia del cielo. 12Una tierra de la que cuida el Señor, tu Dios, en la que siempre están puestos sus ojos, desde el comienzo del año hasta el final.
13»Si observan con esmero mis mandamientos, que hoy les ordeno, amando y dando culto al Señor, su Dios, con todo su corazón y toda su alma, 14entonces yo daré lluvia a su tiempo a su tierra: lluvia de otoño y de primavera; y cosecharás tu grano, tu mosto y tu aceite. 15También haré crecer hierba en tus campos para tu ganado, y comerás y te saciarás.
16»Cuiden de que su corazón no sea seducido, no sea que, desviándose, den culto a otros dioses y se postren ante ellos. 17Pues la cólera del Señor se encendería contra ustedes, y Él cerraría los cielos, y al no caer la lluvia, la tierra no produciría su fruto y bien pronto perecerían en esta excelente tierra que les da el Señor.
18»Graben bien estas palabras mías en su corazón y en sus almas. Átenlas como un signo a su mano y sirvan entre sus ojos como recordatorio. 19Enséñenlas a sus hijos. Háblenles de ellas cuando estés en tu casa y cuando marches de camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. 20Las escribirás también en las jambas de tu casa y en tus portones, 21para que tus días y los días de tus hijos sobre la tierra que el Señor prometió dar a sus padres, duren tanto como los días que los cielos permanezcan sobre la tierra.
22»Si observan con esmero todos estos mandamientos que les ordeno poner por obra, amando al Señor, su Dios, marchando por todos sus caminos y adhiriéndose a Él, 23el Señor, su Dios, expulsará a todas esas gentes ante su presencia y conquistarán naciones mayores y más poderosas que ustedes. 24Todo lugar que pise la planta de sus pies les pertenecerá, desde el Desierto hasta el Líbano, desde el Río, esto es, el río Éufrates, hasta el Mar Occidental. 25Nadie se les podrá resistir. Ante ustedes, el Señor, su Dios, infundirá terror y miedo sobre la faz de todo el país que van a pisar, conforme les tiene dicho.
26»Miren, pongo hoy ante ustedes bendición y maldición. 27La bendición, si escuchan los mandamientos del Señor, su Dios, que les ordeno hoy. 28Y la maldición, si no escuchan los mandatos del Señor, su Dios, y se desvían del camino que les prescribo hoy, yendo tras dioses extraños que no conocen. 29Una vez que el Señor, tu Dios, te haya introducido en la tierra a la que vas a llegar para tomar en posesión, pondrás la bendición sobre el monte Garizim y la maldición sobre el monte Ebal. 30Sepan que ambos están al otro lado del Jordán, tras el camino de Occidente, en el país del cananeo que habita en la Arabá, frente a Guilgal, junto a la encina de Moré. 31Porque ustedes pasarán el Jordán para ir a conquistar la tierra que el Señor, su Dios, les da, y la conquistarán y se asentarán en ella. 32Presten atención para poner por obra todas las leyes y las normas que les entrego hoy.
12Dt1»Éstas son las leyes y las normas que se esmerarán en poner por obra en la tierra que les da el Señor, Dios de tus padres, para que la poseas todos los días que vivan sobre la tierra.
2»Destruirán por completo todos los lugares en que las naciones gentiles que van a conquistar han dado culto a sus dioses: sobre las montañas altas, sobre las colinas y bajo cualquiera de los árboles frondosos. 3Destruirán sus altares, quebrarán sus estelas, quemarán sus aserás en el fuego, destrozarán las imágenes de sus dioses, hasta borrar sus nombres de esos lugares.
4»No obrarán así con el Señor, su Dios. 5Por el contrario, irán a buscarlo al lugar que el Señor, su Dios, escoja entre todas sus tribus para poner allí su Nombre y morar en él. 6Allí llevarán sus holocaustos y sacrificios, sus diezmos y las ofrendas de sus manos, sus ofrendas votivas, sus ofrendas voluntarias y los primogénitos de su ganado mayor y menor. 7Y comerán allí, en la presencia del Señor, su Dios, y se alegrarán ustedes y sus familias, por todas las obras de sus manos en las que el Señor, su Dios, los haya bendecido.
8»No obrarán como hacemos aquí hoy, cada cual según le parece bien. 9Porque hasta ahora no han llegado al descanso y a la heredad que el Señor, tu Dios, te da. 10Pero pasarán el Jordán y habitarán la tierra que el Señor, su Dios, les da en herencia. Él les dará descanso de todos los enemigos que los rodean y vivirán con tranquilidad. 11Entonces llevarán al lugar que escoja el Señor, su Dios, para morada de su Nombre, todo lo que yo les ordeno: sus holocaustos y sacrificios, sus diezmos, las ofrendas de sus manos y lo mejor de sus ofrendas votivas al Señor. 12Se alegrarán en la presencia del Señor, su Dios, ustedes, sus hijos e hijas, sus siervos y sirvientas, y el levita que vive en sus ciudades, pues él no tiene parte ni heredad como ustedes.
13»Esmérate para no ofrecer tus holocaustos en cualquier lugar que veas, 14porque sólo en el lugar que elija el Señor, en una de tus tribus, allí ofrecerás tus holocaustos y harás todo lo que yo te mando.
15»En cambio, en todas tus ciudades, siempre que desees, puedes sacrificar y comer carne, como una bendición que te da el Señor, tu Dios. Tanto el impuro como el puro podrán comerla, como si fuera gacela o ciervo. 16Pero no comerán la sangre; la derramarás por tierra, como el agua.
17»No has de comer en tus ciudades el diezmo de tu grano, de tu mosto y de tu aceite, ni los primogénitos de tu ganado mayor y menor, ni de cuanto hayas prometido con voto, ni de tus ofrendas voluntarias o de las ofrendas de tus manos. 18Sino que en la presencia del Señor, tu Dios, en el lugar que Él elija, los comerás tú, tu hijo y tu hija, tu siervo y tu sirvienta, y el levita que vive en tus ciudades, y te alegrarás en la presencia del Señor, tu Dios, por todas las obras de tus manos. 19Presta atención para no abandonar al levita, mientras vivas en tu tierra.
20»Cuando el Señor, tu Dios, haya dilatado tus fronteras, según te tiene dicho, y digas: «Me gustaría comer carne» porque te apetezca comerla, podrás hacerlo siempre que lo desees. 21Si el lugar que escoja el Señor, tu Dios, para poner allí su Nombre, quedara demasiado lejos de ti, podrás sacrificar el ganado mayor y menor que te haya dado el Señor, de la manera que te he ordenado, y podrás comerlo dentro de tus ciudades siempre que lo desees. 22Lo comerás de la misma manera que se come la gacela y el ciervo: el puro y el impuro podrán comerlo. 23Tan solo manténte firme en no comer sangre, pues la sangre es la vida, y no debes comer la vida junto con la carne. 24No la comerás; la derramarás por tierra, como el agua. 25No la comerás, para que seas feliz, tú y los hijos que te sucedan, por haber obrado rectamente ante los ojos del Señor.
26»Sin embargo, lo que tengas consagrado y tus ofrendas votivas, las tomarás y las llevarás solamente al lugar que elija el Señor. 27Ofrecerás tus holocaustos, la carne y la sangre sobre el altar del Señor, tu Dios. En cuanto a los sacrificios de comunión, derramarás la sangre sobre el altar del Señor, tu Dios, y podrás comer la carne.
28»Observa y pon atención a todas estas palabras que te prescribo, para que seas feliz tú y los hijos que te sucedan por los siglos, por haber obrado bien y rectamente ante los ojos del Señor, tu Dios.
29»Cuando el Señor, tu Dios, haya aniquilado ante ti las naciones gentiles que vas a ir a conquistar, cuando las conquistes y te asientes en su tierra, 30esmérate para no caer en la trampa, siguiéndoles después de haber sido aniquilados ante ti, y para no indagar acerca de sus dioses, diciéndote: «¿Cómo rendían culto a sus dioses estas naciones paganas para hacer yo lo mismo?» 31No obres de esa manera con el Señor, tu Dios: porque ellos hicieron en honor de sus dioses precisamente las abominaciones que el Señor aborrece, ya que incluso queman en fuego a sus hijos e hijas en honor de sus dioses.
13Dt1»Esmérense en poner por obra todas estas cosas que yo les prescribo. No les añadirás ni quitarás nada.
2»Si entre ustedes surgiese un profeta, o un visionario de sueños, y te diera señal o prodigio, 3y, aun en el caso de que se cumpliera esa señal o prodigio que te había anunciado, dijera: «Vayamos tras otros dioses —que no conoces— y démosles culto», 4no escucharás las palabras de ese profeta o vidente de sueños. Es que el Señor, su Dios, los está probando para conocer si realmente lo aman con todo su corazón y con toda su alma. 5Seguirán al Señor, su Dios, le temerán, obedecerán sus preceptos, escucharán su voz, le rendirán culto y vivirán unidos a Él. 6Y ese profeta o visionario de sueños deberá morir por haber predicado la apostasía contra el Señor, su Dios, que los sacó del país de Egipto y te libró de la casa de la esclavitud, por querer apartarte del camino que te mandó seguir el Señor, tu Dios. Así quitarás el mal de en medio de ti.
7»Si tu hermano, hijo de tu madre, tu hijo o tu hija, la mujer que reposa en tu regazo, o tu amigo íntimo, te intenta seducir en secreto diciendo: «Vayamos y demos culto a otros dioses» —que no has conocido ni tú ni tus padres—, 8entre los dioses de los pueblos cercanos o lejanos que los rodean, de un confín a otro de la tierra, 9no le consientas, ni le escuches; no se apiaden ni se compadezcan de él tus ojos; no le perdones ni le encubras. 10Por el contrario, deberás darle muerte: tu mano será la primera en hacerle morir, y después la mano de todo el pueblo. 11Lo lapidarás hasta que muera, por haber intentado apartarte del Señor, tu Dios, que te sacó del país de Egipto, de la casa de la esclavitud. 12Y que todo Israel lo oiga y tema, para que no vuelvan a cometer una maldad como ésa en medio de ti.
13»Si en alguna de las ciudades que el Señor, tu Dios, te da para que en ella habiten, oyes decir que 14de en medio de ti han salido hombres hijos de Belial, que seducen a los habitantes de la ciudad proponiéndoles: «Vayamos y demos culto a otros dioses» —a los que ustedes no conocen—, 15investigarás, examinarás y preguntarás cuidadosamente. Si en verdad es cierto que se ha cometido esa abominación en medio de ti, 16pasarás a filo de espada a los habitantes de esa ciudad, la consagrarás al anatema con todo lo que haya en ella; también a los animales pasarás a filo de espada. 17Juntarás todo el botín en medio de la plaza y prenderás fuego a la ciudad y todo el botín como ofrenda total para el Señor, tu Dios. Quedará como ruina perpetua y no será reedificada. 18Que no se pegue a tu mano nada del anatema, para que el Señor revoque el furor de su ira, se muestre clemente y misericordioso contigo y te multiplique, como prometió a tus padres, 19por haber escuchado la voz del Señor, tu Dios, habiendo guardado todos sus mandamientos que te ordeno hoy, para que obres lo recto a los ojos del Señor, tu Dios.
14Dt1»Hijos son del Señor, su Dios: No se hagan incisiones ni tonsura en las cejas por un muerto, 2porque tú eres un pueblo consagrado al Señor, tu Dios, que te ha elegido para que seas el pueblo de su propiedad entre todos los pueblos que hay sobre la faz de la tierra.
3»No comerás nada abominable.
4»Los animales que pueden comer son: buey, cordero, cabrito; 5ciervo, gacela, gamo, cabra montés, antílope, búfalo y rebeco. 6Pueden comer todo animal que tenga la pezuña hendida en dos partes y que rumie. 7Pero tanto de los rumiantes como de los que tienen la pezuña hendida, no podrán comer los siguientes: el camello, la liebre y el damán, que rumian pero no tienen la pezuña hendida: éstos son impuros para ustedes. 8Tampoco el cerdo, que tiene la pezuña hendida pero no rumia: será impuro para ustedes. No comerán su carne ni tocarán sus cadáveres.
9»De los que viven en el agua pueden comer los que tienen aletas y escamas. 10Pero no coman de los que no tienen aletas ni escamas: son impuros para ustedes.
11»Pueden comer cualquier ave pura. 12Éstas son, en cambio, las que no pueden comer: el águila, el quebrantahuesos y el buitre negro; 13el buitre y el milano en todas sus especies; 14el cuervo en todas sus especies; 15el avestruz, el halcón, la gaviota y el azor en todas sus especies; 16el búho, el cisne y el ibis; 17el mergo, el pelícano y el mochuelo; 18la cigüeña y la garza en todas sus especies, la abubilla y el murciélago. 19También cualquier insecto alado es impuro para ustedes: no lo comerán. 20Pueden comer cualquier ave pura.
21»No coman ningún animal muerto; lo pueden dar al extranjero que vive en tus ciudades y él podrá comerlo; o bien véndelo al extranjero: porque tú eres un pueblo consagrado al Señor, tu Dios.
»No cocerás el cabrito en la leche de su madre.
22»Cada año separarás el diezmo de todo fruto que hayas sembrado en tu campo, 23y en presencia del Señor, tu Dios, en el lugar que haya elegido para que habite allí su Nombre, comerás el diezmo de tu grano, de tu mosto y de tu aceite, y los primogénitos de tu ganado mayor y menor, para que aprendas a temer siempre al Señor, tu Dios.
24»Pero si el camino es demasiado largo para ti y no puedes llevarlo, pues te queda muy lejos el lugar que haya elegido el Señor, tu Dios, para establecer allí su Nombre cuando te haya bendecido, 25en ese caso lo venderás, tomarás contigo el dinero y marcharás al lugar que haya elegido el Señor, tu Dios. 26Comprarás entonces con el dinero lo que desees: ganado mayor y menor, vino, licor y cuanto te apetezca; lo podrás comer allí, en la presencia del Señor, tu Dios, y te alegrarás tú y tu casa. 27No abandones al levita que viva en tus ciudades, pues no tiene parte ni heredad como tú.
28»Cada tres años separarás el diezmo de tu cosecha de aquel año y lo llevarás a las puertas de tu ciudad. 29Vendrá el levita, que no tiene parte ni herencia como tú, y el extranjero, el huérfano y la viuda que haya en tu ciudad, y podrán comerlo y saciarse, para que te bendiga el Señor, tu Dios, en toda obra de tus manos.
15Dt1»Cada siete años harás la remisión. 2Éste es el modo como has de hacerla: ningún acreedor reclamará la deuda de su prójimo ni de su hermano, porque se ha proclamado la remisión en honor del Señor. 3Al extranjero le podrás reclamar la deuda, pero renunciarás a lo tuyo que tenga tu hermano. 4De todas formas, no habrá contigo ningún pobre, ya que sin duda el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra que te da en herencia para que la poseas, 5con tal de que escuches con atención la voz del Señor, tu Dios, esmerándote en poner por obra este mandamiento que te ordeno hoy. 6Porque el Señor, tu Dios, te bendecirá, según te tiene dicho, de modo que darás en préstamo a muchas naciones gentiles, mientras tú no pedirás en préstamo; dominarás a muchas naciones, pero a ti nadie te dominará.
7»Y si hubiera junto a ti un hermano tuyo pobre en alguna de tus ciudades, en la tierra que el Señor, tu Dios, te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano a tu hermano pobre; 8sino que le abrirás generosamente tu mano y le prestarás lo que necesite para remediar su indigencia. 9Lleva cuidado para que no venga a tu corazón un pensamiento perverso y digas: «Se acerca el año séptimo, año de la remisión», y mires con malos ojos a tu hermano pobre para no darle; él clamaría al Señor contra ti, y tú cometerías pecado. 10Por tanto, le darás generosamente, sin que se apene tu corazón al darle, porque por esa acción te bendecirá el Señor, tu Dios, en todas tus obras y en todas tus tareas. 11Y ya que no faltarán pobres en la tierra, por eso mismo te ordeno: en tu tierra abre tu mano generosamente a tu hermano, al pobre y al indigente.
12»Si se te vende un hermano tuyo, hebreo o hebrea, sírvate durante seis años, pero al séptimo le dejarás marchar libre. 13Y cuando lo despidas libre, no le dejarás ir con las manos vacías: 14generosamente le darás regalos de tu ganado, de tu era y de tu lagar; le darás según te haya bendecido el Señor, tu Dios. 15Recuerda que fuiste esclavo en el país de Egipto y que te redimió el Señor, tu Dios; por eso te ordeno hoy este precepto. 16Pero en el caso de que él te dijera: «No quiero marcharme de tu lado», porque te tomó afecto a ti y a tu casa, y le ha ido bien junto a ti, 17entonces, tomarás un punzón y le perforarás la oreja contra la puerta, y será esclavo tuyo para siempre; y lo mismo harás con tu esclava. 18No resulte duro a tus ojos despedirlo libre, porque te ha servido durante seis años a mitad de salario de un jornalero; y el Señor, tu Dios, te bendecirá en todo lo que hagas.
19»Todo primogénito macho que nazca de tu ganado mayor y menor lo consagrarás al Señor, tu Dios. No usarás para trabajar al primogénito de tu ganado mayor, ni esquilarás al primogénito de tu ganado menor: 20los comerás cada año, tú y tu casa, en la presencia del Señor, tu Dios, en el lugar que Él elija. 21Pero si tiene algún defecto, si es cojo, o ciego, o tiene cualquiera otra tara no lo sacrificarás al Señor, tu Dios; 22sino que lo podrás comer en tus ciudades, tanto el hombre puro como el impuro, como si fuese gacela o ciervo. 23Únicamente no comerás su sangre, sino que la derramarás por tierra, como el agua.
16Dt1»Guarda el mes de Abib y celebra la Pascua en honor del Señor, tu Dios, porque fue en el mes de Abib cuando el Señor, tu Dios, te sacó de Egipto, durante la noche. 2Como víctima pascual sacrificarás al Señor, tu Dios, una res de ganado mayor y menor, en el lugar que elija el Señor para que habite allí su Nombre. 3No comerás junto con la víctima pan fermentado. Durante siete días la comerás con panes ácimos, pan de aflicción, porque con prisa tuviste que salir del país de Egipto. Así, durante toda tu vida, te acordarás del día de tu salida del país de Egipto. 4Durante los siete días no se verá levadura en todos tus territorios. De la carne que hayas sacrificado en la tarde del día primero, nada quedará para la mañana siguiente. 5No podrás sacrificar la Pascua en cualquiera de las ciudades que el Señor, tu Dios, te dé; 6sólo en el lugar que elija el Señor, tu Dios, para que habite allí su Nombre sacrificarás la víctima pascual por la tarde, a la puesta del sol, a la hora en que saliste de Egipto. 7La cocerás y comerás en el lugar que haya elegido el Señor, tu Dios. A la mañana siguiente emprenderás el regreso a tus tiendas. 8Seis días comerás panes ácimos. El séptimo día celebrarás una reunión en honor del Señor, tu Dios. No harás ningún trabajo.
9»Contarás siete semanas. Desde que se comienza a meter la hoz en la mies, empezarás a contar siete semanas. 10Y celebrarás la Fiesta de las Semanas en honor del Señor, tu Dios, dando como ofrenda voluntaria de tu mano en proporción a lo que te haya bendecido el Señor, tu Dios. 11Te alegrarás ante el Señor, tu Dios —en el lugar que elija para que habite allí su Nombre—, tú, tu hijo y tu hija, tu esclavo y tu esclava, el levita que vive en tu ciudad, el extranjero, el huérfano y la viuda que viven junto a ti. 12Recordarás que fuiste esclavo en Egipto, y te esmerarás en poner por obra estas leyes.
13»Celebrarás la Fiesta de los Tabernáculos durante siete días, cuando hayas hecho la recolección de tu era y de tu lagar. 14Te alegrarás en la fiesta tú, tu hijo y tu hija, tu esclavo y tu esclava, el levita, el extranjero, el huérfano y la viuda que viven en tu ciudad. 15Siete días celebrarás fiesta en honor del Señor, tu Dios, en el lugar que elija, porque el Señor, tu Dios, te bendecirá en todas tus cosechas y en todas las obras de tus manos, y estarás muy alegre.
16»Tres veces al año comparecerán todos tus varones en la presencia del Señor, tu Dios, en el lugar que elija: en la Fiesta de los Ácimos, en la Fiesta de las Semanas y en la Fiesta de los Tabernáculos. Y nadie se presentará ante el Señor con las manos vacías: 17cada uno elevará su ofrenda personal en proporción a la bendición que el Señor, tu Dios, te haya dado.