COMENTARIO

 Dt 9,26 

El verbo «rescatar, redimir», de donde viene «redención», es un término de importancia primordial en la historia salvífica. A lo largo del Antiguo Testamento se observa un progreso en el concepto de redención–liberación. Primero, Dios libera de desgracias, esclavitudes y peligros temporales: así aparece en los textos del Éxodo y del Deuteronomio, referidos a la liberación de Egipto, considerada como prototipo de toda acción liberadora de Dios. En los Profetas, la atención va desplegándose a la liberación de las desgracias espirituales y del pecado. De este modo, al concepto de redención va unido el de salvación que aportará el Mesías, manifestado en el anuncio del ángel a San José como el que «salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,21). Jesucristo se presenta a Sí mismo como el que ha venido a «dar su vida en redención por muchos» (Mt 20,28).

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