COMENTARIO

 Dt 13,1-19 

Es como una ampliación de las indicaciones de los versículos finales del capítulo anterior (12,29-31), señalando las medidas que debían tomarse contra quienes indujeran al culto de otros dioses: sea un falso profeta (tentación de origen religioso: vv. 1-6) o una persona de la propia familia (tentación de origen familiar vv. 7-12). Se contempla también el caso de que una ciudad entera haya sido seducida por cultos idolátricos (tentación de origen social). La dureza y ejemplaridad de los castigos sirve para realzar que la fidelidad al Señor pasa por encima incluso de los lazos familiares o de raza.

En el Nuevo Testamento, prescindiendo de los castigos que aquí se ordenan, se recuerda la misma radicalidad en el seguimiento del Señor. Así, San Pablo enseña a los Gálatas: «Aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os anuncie un evangelio diferente del que os hemos predicado, ¡sea anatema!» (Ga 1,8). Y el Señor había dicho: «Quien ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y quien ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí» (Mt 10,37). Son enseñanzas que ponen de manifiesto la decisión y prontitud con que ha de rechazarse todo lo que pueda separar de Dios: «Aparta, Señor, de mí lo que me aparte de ti», pedía Santa Teresa.

Volver a Dt 13,1-19