COMENTARIO

 Dt 16,13-15 

Esta fiesta se celebraba en el comienzo del otoño, al finalizar las labores de los campos —de ahí que se la llamara también fiesta de la Recolección (Ex 23,16)—, para dar gracias a Dios por los frutos obtenidos. El nombre de Tabernáculos, o Tiendas, obedece a que durante los días de la fiesta los israelitas habitaban en tiendas o chozas, recordando su modo de vivir durante la peregrinación por el desierto (cfr Lv 23,41-43). En algunos lugares del Antiguo Testamento se la designa simplemente como «la Fiesta», quizá por la especial alegría que reinaba durante esos días, lo que la hacía seguramente la más popular de todas (v. 15; cfr Jc 21,19-21; 1 R 8,2; Ez 45,25; Os 9,1-5).

Los israelitas fueron añadiendo diversas ceremonias para dar mayor solemnidad a esta fiesta; el Señor tomará ocasión de algunas de ellas para sus enseñanzas. Así, según recoge la Mishnah, tratado Sukkôt 4,9, cada uno de los ocho días de la celebración se llevaba solemnemente agua en un recipiente de oro, desde la fuente de Siloé al Templo, y se rociaba con ella el altar pidiendo a Dios lluvias abundantes. Jesucristo enseñará tal vez con este motivo: «Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba quien cree en mí» (Jn 7,37), presentándose como el que puede saciar las ansias del corazón humano. También se encendían en el Templo cuatro grandes lámparas cuyo resplandor alcanzaba a toda Jerusalén, recordando la nube luminosa que guió a los israelitas por el desierto: fue probablemente con esta ocasión cuando el Señor se presentó a Sí mismo como «la luz del mundo» (Jn 8,12).

La liturgia de la Iglesia celebra el 5 de octubre, al finalizar la recolección de las cosechas, las «Témporas de petición y acción de gracias». En la oración colecta de la Misa se pide: «Señor Dios, Padre lleno de amor, que diste a nuestros padres de Israel una tierra buena y fértil, para que en ella encontraran descanso y bienestar, y con el mismo amor nos das a nosotros fuerza para dominar la creación y sacar de ella nuestro progreso y nuestro sustento; al darte gracias por todas tus maravillas, te pedimos que tu luz nos haga descubrir siempre que has sido Tú, y no nuestro poder, quien nos ha dado fuerza para crear las riquezas de la tierra».

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