COMENTARIO

 Dt 23,18-19 

La prostitución sagrada o hierodulía era una institución surgida alrededor de algunos lugares de culto del antiguo Oriente, mediante la cual se pretendía alcanzar del dios respectivo diversas bendiciones y fecundidad; las ganancias, todo o parte, se entregaban para el culto de la divinidad. Tal aberración no es exclusiva de algunos pueblos del antiguo Oriente: también, p.ej., se daba en Corinto —y durante el siglo I d.C.— en relación con el culto de Afrodita.

La repulsa de la Escritura a tales prácticas se basa en que es de Yahwéh de quien dependen la vida y la muerte, la fecundidad y la esterilidad, tanto de las personas como del resto de la naturaleza. El calificativo de «perro» con que se designa al hieródulo pone de manifiesto el profundo horror que inspira al autor sagrado.

A pesar de esta legislación, tales extravíos se introdujeron en ocasiones en Israel, e incluso en Jerusalén (cfr, p.ej., 1 R 14,24; 2 R 23,7). Quizá influyeran los cultos cananeos agrícolas de la fecundidad: de los cananeos aprendieron los israelitas unas técnicas agrícolas muy superiores a las suyas —pueblo ancestralmente de pastores—; pero para los israelitas no siempre fue fácil distinguir entre las técnicas agrícolas y los ritos religiosos de esos pueblos.

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