18»Constituirás jueces y responsables para tus tribus en cada ciudad que el Señor, tu Dios, te dé. Juzgarán al pueblo con juicio justo. 19No darás sentencia injusta. No harás acepción de personas. No aceptarás soborno, porque el soborno ciega los ojos de los sabios y falsea las palabras de los justos. 20Has de comportarte con estricta justicia, para que vivas y mantengas en posesión la tierra que el Señor, tu Dios, te da.
21»No plantarás aserás ni ningún árbol junto al altar que construyas para el Señor, tu Dios. 22Ni levantarás estelas, porque lo aborrece el Señor, tu Dios.
17Dt1»No sacrificarás al Señor, tu Dios, reses de ganado mayor o menor que tengan defecto, cualquier clase de tara, porque sería una abominación para el Señor, tu Dios.
2»Si se encontrara en medio de ti, en alguna de las ciudades que el Señor, tu Dios, te va a dar, un hombre o una mujer que haga el mal a los ojos del Señor, tu Dios, transgrediendo su alianza, 3y que vaya a dar culto a dioses extraños y se prosterne ante ellos —ante el sol, la luna o cualquiera de los seres de los cielos—, cosa que yo no he mandado, 4y te es denunciado, una vez que hayas oído y hecho una buena indagación, si es verdadero y cierto que se ha cometido tal abominación en Israel, 5sacarás a ese hombre o a esa mujer —que ha hecho tal maldad— a las puertas de tu ciudad y lapidarás a tal hombre o a tal mujer hasta que mueran.
6»Sobre la declaración de dos o tres testigos el reo será condenado a muerte; no podrá ser condenado por la declaración de un solo testigo. 7La mano de los testigos será la primera en actuar contra él para darle muerte, y después la mano de todo el pueblo. Así arrancarás el mal de en medio de ti.
8»Si en tus ciudades te resulta demasiado difícil juzgar alguna causa referente a delitos de sangre, litigio de derechos, lesiones y querellas, levántate y sube al lugar que haya elegido el Señor, tu Dios. 9Acude a los sacerdotes levitas y al juez que haya en aquellos días, y consúltales: ellos te dictarán la sentencia del juicio. 10Actúa de acuerdo con la sentencia que te indiquen en aquel lugar que haya elegido el Señor, y esmérate en hacer cuanto te señalen. 11Obra de acuerdo con la norma que te enseñen y con la sentencia que te dicten. No te desvíes del camino que te indiquen ni a derecha ni a izquierda. 12El hombre que obre con altivez, sin escuchar al sacerdote que esté allí para el servicio del Señor, tu Dios, ni al juez, ese hombre morirá. Así arrancarás el mal de Israel. 13Todo el pueblo, al oírlo, temerá y en adelante no obrará con altivez.
14»Cuando entres en la tierra que el Señor, tu Dios, te da y la tomes en posesión y te asientes en ella, si dijeras: «Voy a constituir un rey sobre mí, como todas las naciones que me rodean», 15podrás establecer sobre ti un rey: el que elija el Señor, tu Dios. De entre tus hermanos instituirás un rey sobre ti. No podrás poner sobre ti a un extranjero que no sea hermano tuyo.
16»Con todo, que no tenga gran número de caballos, ni haga volver al pueblo a Egipto para aumentar la caballería, pues el Señor les dijo: «No vuelvan nunca jamás por ese camino». 17Que tampoco tenga gran número de mujeres, para que no se descarríe su corazón. Ni aumente mucho la plata y el oro. 18Cuando se siente en su trono real, que haga escribir para uso suyo en un libro una copia de esta ley, según la que tienen los sacerdotes levitas. 19La tendrá consigo y la leerá todos los días de su vida, para que aprenda a temer al Señor, su Dios, guardando y poniendo en práctica todas las palabras de esta ley y estos decretos; 20y para que no se enorgullezca su corazón por encima de sus hermanos, ni se aparte de los mandamientos ni a derecha ni a izquierda, y se prolonguen en medio de Israel los días de su reinado, tanto del suyo como del de sus hijos.
18Dt1»Los sacerdotes levitas, toda la tribu de Leví, no tendrán parte ni herencia con Israel. Comerán de las ofrendas consumidas en honor del Señor y de su heredad. 2No tendrán, por tanto, herencia como sus hermanos: el Señor mismo es su herencia, como ya les dijo.
3»Éste será el derecho de los sacerdotes respecto del pueblo, es decir, respecto de aquellos que ofrecen un sacrificio, ya sea de ganado mayor o menor: darán al sacerdote la espaldilla, las quijadas y el cuajar; 4también las primicias de tu grano, de tu mosto y de tu aceite y las primicias del esquileo de tu ganado menor. 5Porque el Señor, tu Dios, lo ha elegido de entre todas las tribus para que él y sus hijos permanezcan siempre ejerciendo el ministerio en nombre del Señor.
6»Cuando de alguna de tus ciudades, de cualquier parte de Israel en que habite, llegue un levita, y, por propio deseo, entre en el lugar que elija el Señor, 7que ejerza el ministerio en nombre del Señor, su Dios, como sus demás hermanos levitas que están allí ante el Señor. 8Comerán exactamente la misma porción, sin contar las ventas de los bienes paternos.
9»Cuando entres en la tierra que el Señor, tu Dios, te da, no imites las abominaciones de esas naciones. 10Que nadie de los tuyos haga pasar por el fuego a su hijo o a su hija, ni practique adivinación, augurios, encantamientos, ni maleficios. 11Que no haya hechiceros, ni quienes consulten a los espíritus; ni adivinos, ni evocadores de muertos. 12Porque todo el que practica esas cosas hace abominación para el Señor, y por causa de esas abominaciones el Señor, tu Dios, los expulsa ante tu presencia. 13Deberás ser perfecto ante el Señor, tu Dios.
14»Esas naciones a las que vas a expulsar escuchan a augures y adivinos. A ti, en cambio, no es eso lo que el Señor, tu Dios, te ha dado.
15»Pues el Señor, tu Dios, suscitará de ti, entre tus hermanos, un profeta como yo; a él han de escuchar. 16Así lo pediste al Señor, tu Dios, en el Horeb, el día de la asamblea, cuando dijiste: «No quiero seguir oyendo la voz del Señor, mi Dios, ni ver más este gran fuego, no vaya a morir». 17Y el Señor me dijo: «Está bien lo que han dicho. 18Les suscitaré un profeta como tú de entre sus hermanos; y pondré mis palabras en su boca; él les hablará cuanto yo le ordene. 19Si alguno no escucha las palabras que hablará en mi nombre, yo le pediré cuentas.
20»Pero el profeta que ose pronunciar en mi nombre una palabra que no le haya mandado decir, y el que hable en nombre de otros dioses, ese profeta morirá». 21Quizá te preguntes en tu corazón: «¿Cómo podremos saber si una palabra no la ha pronunciado el Señor?» 22Si lo que dice el profeta en nombre del Señor no sucede ni se cumple, esa palabra no la ha pronunciado el Señor. El profeta ha hablado presuntuosamente: no le temas.
19Dt1»Cuando el Señor, tu Dios, haya hecho perecer las naciones cuya tierra te va a dar y las hayas dominado, y te hayas aposentado en sus ciudades y en sus casas, 2te reservarás tres ciudades en el interior de esa tierra, que el Señor, tu Dios, te da en posesión. 3Mantendrás expedito el camino y dividirás en tres partes la tierra que el Señor, tu Dios, te da en herencia, para que pueda refugiarse allí quien cometa un homicidio.
4»Éstas son las circunstancias en que el homicida puede buscar refugio allí y salvar la vida: que mate a su prójimo sin querer, sin que haya mostrado odio anteriormente. 5Por ejemplo, si uno va con su prójimo al bosque a cortar leña y, al manejar con fuerza el hacha para cortar un árbol, se desprende el hierro del mango y alcanza a su prójimo y muere, podrá refugiarse en una de esas ciudades y salvar la vida: 6no sea que el vengador de la sangre lo persiga en su furor y lo alcance si el camino es largo, y lo mate, aunque no es reo de muerte, puesto que él no lo odiaba en el tiempo precedente.
7»Por eso, yo mismo te ordeno: te reservarás tres ciudades. 8Y cuando el Señor, tu Dios, ensanche tus fronteras, como juró a tus padres, y te dé toda la tierra que les prometió 9—siempre que guardes todos estos mandamientos, poniendo por obra lo que te ordeno hoy, esto es, amar al Señor, tu Dios, y marchar por sus caminos todos los días—, entonces añadirás tres ciudades más a las anteriores. 10De esa manera no será derramada sangre inocente en medio de tu tierra, que el Señor, tu Dios, te da en herencia, ni recaerá sangre sobre ti.
11»Pero si sucede que un hombre odia a su prójimo, le acecha y se arroja contra él, y le hiere de muerte y muere de hecho, aunque busque refugio en una de esas ciudades, 12los ancianos de su ciudad enviarán a prenderle allí y lo entregarán a manos del vengador de la sangre para que muera. 13Tus ojos no se compadecerán de él. Así purificarás a Israel de sangre inocente, y así te irá bien.
14»No moverás los mojones de tu prójimo, que fijaron los antepasados en la heredad recibida en la tierra que el Señor, tu Dios, te da en posesión.
15»No será suficiente un solo testigo contra un hombre respecto de cualquier transgresión o pecado. Cualquiera que sea el delito cometido, será válida una causa avalada por el testimonio de dos o tres testigos. 16Si se presenta un testigo de cargo contra un hombre acusándole de un delito, 17se presentarán los dos hombres en litigio ante el Señor, delante de los sacerdotes y jueces que estén en funciones en esos días. 18Los jueces investigarán cuidadosamente. Si el testigo resulta ser falso, y ha calumniado a su hermano, 19le harán a él lo que pretendía hacer a su hermano. Así quitarás la maldad de en medio de ti. 20Los demás, al oírlo, temerán y no volverán a cometer una maldad semejante. 21Tus ojos no se compadecerán de él:
»Vida por vida; ojo por ojo; diente por diente; mano por mano; pie por pie.
20Dt1»Cuando vayas a la guerra contra tus enemigos, y veas caballos y carros, un pueblo más numeroso que tú, no les temas, porque el Señor, tu Dios, el que te hizo subir del país de Egipto, está contigo. 2Cuando vayan a entrar en combate, el sacerdote se adelantará y hablará al pueblo, 3y les dirá: «Escucha, Israel. Ustedes entran hoy en combate contra sus enemigos. Que no desmaye su corazón. No teman ni se angustien. No tiemblen ante ellos, 4porque el Señor, su Dios, marcha con ustedes para luchar en su favor contra sus enemigos y salvarlos».
5»Después los responsables hablarán al pueblo, diciendo: «¿Hay alguien que haya construido una casa nueva y no la haya estrenado aún? Que se marche y vuelva a su casa, no sea que muera en la guerra y otro la estrene. 6¿Hay alguien que haya plantado una viña y no haya hecho la primera vendimia? Que se marche y vuelva a su casa, no sea que muera en la guerra y otro la vendimie. 7¿Hay alguien que se haya desposado con una mujer y no la haya aún recibido en su casa? Que se marche y vuelva a su casa, no sea que muera en la guerra y otro la tome por esposa». 8Aún volverán a dirigirse al pueblo los responsables, preguntando: «¿Hay alguien que sienta miedo y temor? Que se marche y vuelva a su casa, no sea que contagie el desaliento al corazón de sus hermanos». 9Cuando los responsables terminen de hablar al pueblo, se designarán jefes de milicias para ir en cabeza.
10»Cuando vayas a atacar a una ciudad, le ofrecerás primero la paz. 11Si te responde con paz y te abre las puertas, todo el pueblo que se encuentre en ella te rendirá tributo y te servirá. 12Pero si no acepta la paz contigo y se apresta a la guerra, la asediarás. 13El Señor, tu Dios, la pondrá en tu mano, y pasarás a filo de espada a todos sus hombres. 14Te apropiarás, en cambio, de las mujeres y de los niños, de los animales y de todos los bienes que haya en la ciudad: todo su botín. Podrás comer lo que captures de los enemigos que el Señor, tu Dios, te ha entregado. 15Así harás con todas las ciudades que estén lejos de ti, que no pertenecen a estos pueblos de aquí.
16»Pero de las ciudades de estos pueblos que el Señor, tu Dios, te da en herencia, no quedará nadie con vida: 17consagrarás al anatema al hitita y al amorreo, al cananeo y al perezeo, al jeveo y al jebuseo, como te ordenó el Señor, tu Dios, 18para que no les enseñen a ustedes a practicar ninguna de las abominaciones que hacen a sus dioses, y pequen contra el Señor, su Dios.
19»Cuando para tomar una ciudad tengas que ponerle sitio durante mucho tiempo, guerreando a su alrededor, no destruyas sus árboles a golpe de hacha, porque de ellos has de comer. No los talarás, porque ¿acaso los árboles del campo son hombres que puedan venir contra ti en el asedio? 20Sólo puedes destruir y talar los árboles que sepas que no dan fruto, para fabricar con ellos máquinas de asedio contra la ciudad que está en guerra contigo, hasta que la venzas.
21Dt1»Si en la tierra que el Señor, tu Dios, te da en posesión se encontrara una persona muerta, tendida en el campo, sin que se sepa quién la mató, 2saldrán tus ancianos y tus jueces y medirán la distancia desde la víctima a las ciudades de alrededor, 3y determinarán cuál sea la ciudad más próxima al cadáver. Después, los ancianos de esa ciudad tomarán una ternera con la que aún no se haya trabajado ni haya tirado del yugo. 4Harán bajar la ternera al lecho de un río de agua perenne, que no haya sido labrado ni sembrado, y allí, en el torrente, la desnucarán. 5Entonces se acercarán los sacerdotes hijos de Leví: a ellos eligió el Señor, tu Dios, para su servicio, para bendecir en su nombre y para que según su palabra se dirima cualquier pleito y cualquier lesión. 6Luego, todos los ancianos de esa ciudad más próxima al cadáver, se lavarán las manos en el río sobre la ternera desnucada, 7y declararán solamente: «Nuestras manos no han derramado esta sangre y nuestros ojos no han visto nada: 8¡Oh Señor! Perdona a tu pueblo Israel, al que liberaste, y no imputes la sangre inocente a tu pueblo Israel». Y les será expiada esta sangre. 9Así purificarás el derramamiento de sangre inocente en medio de ti, haciendo lo que es recto a los ojos del Señor.
10»Cuando salgas a la guerra contra tus enemigos, y el Señor, tu Dios, los entregue en tu poder y hagas prisioneros, 11si ves entre los cautivos a una mujer hermosa, te prendas de ella y deseas tomarla por esposa, 12la llevarás a tu casa. Ella se rapará la cabeza y se arreglará las uñas. 13Luego se quitará el vestido de cautiva, se acomodará en tu casa, y hará duelo por su padre y por su madre un mes completo. Después podrás llegarte a ella y tomarla por mujer, y ella será tu esposa. 14Si más tarde ya no te complaces en ella, la dejarás irse libre, pero de ninguna manera la venderás por plata, ni la maltratarás, porque la humillaste.
15»Si un hombre tuviera dos mujeres, una muy amada y la otra aborrecida, y ambas le dieran hijos, y el de la aborrecida fuera el hijo primogénito, 16al llegar el día de dejar sus bienes en herencia a sus hijos, no podrá dar la primogenitura al hijo de la amada, en perjuicio del primogénito de la aborrecida; 17sino que reconocerá como primogénito al hijo de la aborrecida, para darle doble parte de todo lo que posee, porque él es la primicia de su vigor: suyo es el derecho de primogenitura.
18»Si un hombre tuviera un hijo rebelde e incorregible, que no escucha la voz de su padre ni de su madre y, aunque le corrigen, no les hace caso, 19su padre y su madre lo tomarán y lo conducirán a los ancianos de su ciudad, a la puerta del lugar. 20Entonces declararán ante ellos: «Este hijo nuestro rebelde e incorregible no escucha nuestra voz; es un comilón y bebedor». 21Entonces, todos los hombres de la ciudad lo lapidarán hasta que muera. Así quitarás el mal de en medio de ti: todo Israel lo oirá y temerá.
22»Si un hombre hubiera cometido un delito digno de muerte, y es ejecutado colgándolo de un árbol, 23su cadáver no pasará la noche pendiente del madero, sino que lo sepultarás aquel mismo día: porque el que cuelga de un madero es una maldición de Dios, y no has de hacer impura la tierra que el Señor, tu Dios, te da en herencia.
22Dt1»Si vieras perdido un buey o un cordero de tu hermano, no te desentiendas de ellos: condúcelos a tu hermano. 2Pero si tu hermano no vive cerca de ti o no sabes quién es, guárdalo en tu casa y que esté contigo hasta que tu hermano venga a buscarlo: entonces se lo devolverás. 3De la misma manera harás con su asno, con su manto y con cualquier cosa que se le haya perdido: no debes desentenderte de lo que encuentres. 4Si vieras el asno o el buey de tu hermano caídos en el camino, no te desentenderás de ellos: le ayudarás a levantarlos.
5»La mujer no se vestirá traje de varón ni el varón se pondrá vestido de mujer, pues cualquiera que hace esas cosas se convierte en una abominación para el Señor, tu Dios.
6»Si al caminar encuentras casualmente un nido de pájaros en un árbol o en el suelo, y a la madre incubando sobre los polluelos o los huevos, no capturarás la madre que está sobre las crías. 7Dejarás la madre y podrás quedarte con las crías, para que te vaya bien y vivas mucho tiempo.
8»Si edificas una casa nueva, hazle un pretil al terrado, para que si alguien se cayera de él no te hagas responsable de sangre por razón de tu casa.
9»No sembrarás en tu viña otras simientes, no sea que la vendimia se convierta en cosa sagrada, tanto la semilla que sembraste como la cosecha de la viña.
10»No ararás con buey y asno juntos.
11»No te vestirás con paño tejido de lana y lino.
12»Te harás flecos para las cuatro puntas del manto con que te cubras.
13»Si un hombre después de tomar esposa y cohabitar con ella le cobrara aversión y 14le atribuyera acciones deshonrosas, difamándola y diciendo: «Me casé con esta mujer, pero al allegarme a ella no la encontré virgen», 15entonces, el padre y la madre de la muchacha tomarán las pruebas de su virginidad y las mostrarán a los ancianos ante la puerta de la ciudad. 16El padre de la muchacha dirá a los ancianos: «He dado mi hija como esposa a este hombre y la ha aborrecido. 17Él le atribuye acciones difamantes diciendo: “No he encontrado virgen a tu hija”. Sin embargo aquí están las señales de la virginidad de mi hija». Y desplegarán la ropa en presencia de los ancianos de la ciudad. 18Tomarán entonces los ancianos de aquella ciudad al hombre, lo castigarán 19y le impondrán una multa de cien piezas de plata, que darán al padre de la muchacha, porque difamó a una virgen de Israel. Quedará como su esposa y no podrá repudiarla nunca.
20»Pero si fuera cierto tal hecho, no habiéndose encontrado signos de la virginidad de la joven, 21la sacarán a la puerta de la casa de su padre y los hombres de la ciudad la lapidarán hasta que muera, por haber cometido una vileza en Israel al prostituir la casa de su padre. Así quitarás el mal de en medio de ti.
22»Si un hombre es sorprendido yaciendo con una mujer casada, ambos morirán: tanto el hombre que yace con la mujer como ella. Así quitarás el mal de Israel.
23»Si una joven virgen está desposada con un hombre, y otro la encuentra en la ciudad y yace con ella, 24sacarán a ambos a la puerta de esa ciudad y lapidarán a ambos hasta que mueran: a la joven porque no gritó estando en la ciudad, y al hombre porque violó a la desposada de su prójimo. Así quitarás el mal de en medio de ti. 25Pero si el hombre encuentra en el campo a la joven desposada y sujetándola por la fuerza yace con ella, morirá sólo el hombre que yació con ella. 26No harás nada a la joven, pues no hay en ella culpa de muerte, porque es como si se alza un hombre contra su prójimo y lo mata: así es este caso; 27porque al encontrarse en el campo la joven desposada, aunque gritara, no habría nadie que pudiera librarla.
28»Si un hombre encuentra a una joven virgen, que no está desposada, y la sujeta y yace con ella, y son sorprendidos, 29el hombre que ha yacido con ella entregará al padre de la muchacha cincuenta piezas de plata. Quedará como esposa suya, puesto que la humilló: no podrá repudiarla en toda su vida.
23Dt1»Nadie tomará a la mujer de su padre ni alzará la cubierta del lecho paterno.
2»No podrá tomar parte en la asamblea del Señor quien tenga los testículos castrados o el pene mutilado. 3No podrá tomar parte en la asamblea del Señor el bastardo; ni siquiera en la décima generación podrá tomar parte.
4»No podrán tomar parte en la asamblea del Señor los amonitas ni los moabitas; ni siquiera en la décima generación podrán tomar parte en la asamblea del Señor: jamás, 5porque no quisieron acudir a encontrarlos con pan y agua en el camino cuando ustedes salieron de Egipto, y porque contrataron contra ustedes a Balaam, hijo de Beor, originario de Petor en Aram–Naharaim, para que pronunciara contra ti las maldiciones. 6Sin embargo, el Señor, tu Dios, no quiso escuchar a Balaam, sino que el Señor, tu Dios, convirtió la maldición en bendición, porque el Señor, tu Dios, te amaba. 7No buscarás su paz ni su prosperidad en toda tu vida, para siempre.
8»No aborrecerás al idumeo, porque es hermano tuyo. Tampoco aborrecerás al egipcio, porque fuiste extranjero en su tierra. 9Los hijos que tengan podrán formar parte de la asamblea del Señor a la tercera generación.
10»Cuando salgas y estés acampado contra tus enemigos, guárdate de toda acción mala. 11Si hubiera contigo alguien que no esté en estado de pureza por polución nocturna, que salga fuera del campamento y no entre en él. 12Pero al caer la tarde que se bañe en agua y, al ponerse el sol, que vuelva al campamento.
13»Deberás tener fuera del campamento un lugar al que salir para hacer tus necesidades. 14Entre tus enseres llevarás una estaca. Cuando hayas de evacuar fuera, excavarás con ella, te darás la vuelta y cubrirás tus excrementos. 15Porque el Señor, tu Dios, anda por medio del campamento, para protegerte y entregar en poder tuyo a tus enemigos. Por eso tu campamento es sagrado, y no debe haber en ti nada indecoroso, no sea que Él se aparte de ti.
16»No entregarás a su amo al esclavo que, huyendo de él, intente salvarse junto a ti. 17Que habite contigo en el lugar que elija, en una de tus ciudades, donde le convenga. No lo maltratarás.
18»No habrá prostituta sagrada entre las hijas de Israel, ni hieródulo sagrado entre los hijos de Israel. 19No entregarás a la casa del Señor, tu Dios, salario de prostituta ni precio de perro, cualquiera que sea el voto, porque ambos son abominables para el Señor, tu Dios.
20»No prestarás a interés a tu hermano, cualquiera que sea el préstamo: ni dinero, ni alimentos ni cualquier otra cosa. 21Podrás prestar a interés al extranjero, pero a tu hermano no, para que te bendiga el Señor, tu Dios, en todas tus obras en la tierra de la que vas a tomar posesión.
22»Si haces un voto al Señor, tu Dios, no te retrases en cumplirlo, porque el Señor, tu Dios, no dejaría de reclamártelo, e incurrirías en pecado. 23Si te abstienes de hacer un voto no incurres en pecado. 24Pero cumple lo que sale de tus labios y, conforme prometiste al Señor, tu Dios, pon por obra la ofrenda voluntaria que libremente pronunciaste con tus labios.
25»Si entras en la viña de tu prójimo podrás comer todas las uvas que quieras, hasta quedar satisfecho, pero no podrás meterlas en tu cesta. 26Si entras en la mies de tu prójimo podrás arrancar espigas con tu mano, pero no usarás la hoz en la mies de tu prójimo.
24Dt1»Si un hombre toma una mujer y se casa con ella, pero luego la mujer no encuentra gracia a sus ojos por haber hallado en ella alguna cosa oprobiosa, y le escribe un libelo de repudio, lo entrega en su mano y la despide de su casa, 2y saliendo de allí, se marcha y viene a pertenecer a otro hombre, 3y la aborrece también este otro, le escribe libelo de repudio, se lo entrega en mano y la despide de su casa —o muere el segundo hombre que la tomó por mujer—, 4el primer marido que la despidió no podrá volver a tomarla por esposa después de que ésta quedó impura. Porque eso sería abominación ante el Señor, y tú no debes hacer pecar la tierra que el Señor, tu Dios, te da en herencia.
5»Si un hombre está recién casado, no saldrá con el ejército ni se le obligará a ningún servicio: quedará libre para atender a su casa por un año y alegrar a la mujer que ha tomado.
6»No se tomará en prenda ni el molino de mano ni su piedra superior, porque son la vida de quien los empeña.
7»Si se descubre a un hombre que ha raptado a uno de sus hermanos entre los hijos de Israel, y lo retiene como esclavo o lo ha vendido, ese ladrón debe morir: así quitarás el mal de en medio de ti.
8»En caso de lepra, esmérate en observar minuciosamente y poner por obra todo cuanto les indiquen los sacerdotes levitas: deben actuar con todo esmero de acuerdo con todo lo que yo les he ordenado. 9Recuerda lo que hizo el Señor, tu Dios, a María en el camino, cuando salieron de Egipto.
10»Si haces un préstamo a tu prójimo a cambio de alguna cosa, no entres en su casa para llevarte la prenda. 11Te quedarás fuera, y será el hombre a quien has hecho el préstamo quien te sacará la prenda. 12Y si es pobre, no te acostarás reteniendo su prenda: 13debes devolvérsela a la puesta del sol, para que pueda acostarse con su manto y te bendiga: así se te imputará como justicia ante el Señor, tu Dios.
14»No explotarás al jornalero pobre y necesitado, ya sea uno de tus hermanos o un extranjero que viva en tu tierra, en tus ciudades: 15le pagarás su jornal en el mismo día, antes de que el sol se ponga, porque es pobre y de él depende su vida. Así no clamará contra ti al Señor y no incurrirás en pecado.
16»Los padres no han de ser castigados con la muerte por culpa de los hijos, ni los hijos por culpa de los padres: cada uno morirá sólo por su propio pecado.
17»No violarás el derecho del extranjero ni del huérfano. No tomarás en prenda el vestido de la viuda. 18Recuerda que fuiste esclavo en Egipto y que de allí te liberó el Señor, tu Dios,: por eso te ordeno que pongas en práctica este precepto.
19»Cuando siegues la mies en tu campo, si dejas en él olvidada una gavilla, no vuelvas a buscarla: será para el extranjero, el huérfano y la viuda. Así te bendecirá el Señor, tu Dios, en todas las obras de tus manos. 20Cuando varees tu olivar no hagas rebusco después: será para el extranjero, el huérfano y la viuda. 21Cuando vendimies tu viña, no tornes para hacer el rebusco: será para el extranjero, el huérfano y la viuda. 22Recuerda que fuiste esclavo en la tierra de Egipto: por eso te ordeno que pongas en práctica este precepto.
25Dt1»Cuando haya pleito entre varios, que se presenten a juicio y que sean juzgados; que se declare justo al justo y culpable al culpable. 2Si el culpable merece azotes, el juez mandará que se eche en tierra y le darán azotes en su presencia, en número proporcionado a su maldad. 3Podrá mandar darle hasta cuarenta azotes; no podrá añadir ninguno más: si se excediera de esos azotes, tu hermano quedaría envilecido ante tus ojos.
4»No pondrás bozal al buey que trilla.
5»Si varios hermanos viven juntos y uno de ellos muere sin hijos, la mujer del difunto no tendrá que ir fuera para casarse con un extraño: su cuñado irá donde ella, la tomará por esposa y ejercerá así la ley del levirato. 6El primogénito que dé a luz llevará el nombre del hermano difunto, para que no sea borrado su nombre de Israel. 7Pero si el hermano no quiere tomar por mujer a su cuñada, suba ésta a la puerta de la ciudad, donde los ancianos, y diga: «Mi cuñado rehúsa perpetuar el nombre a su hermano en Israel. No quiere ejercer el levirato conmigo». 8Entonces los ancianos de la ciudad le citarán para interrogarle. Si una vez que haya comparecido responde: «No quiero tomarla», 9su cuñada se acercará a él, a la vista de los ancianos, le quitará la sandalia de un pie, le escupirá a la cara y exclamará diciendo: «Así se hace con un hombre que no quiere edificar la casa de su hermano». 10Y se le apodará en Israel: «Casa del descalzado».
11»Si un hombre está peleándose con otro, y se acerca la mujer de uno de ellos para librar a su marido del que le golpea, y alargando la mano lo agarra por sus partes, 12le cortarás la mano: no se apiadarán tus ojos.
13»No tendrás en tu bolsa pesa grande y pesa chica. 14No tendrás en tu casa efah grande y efah chico. 15Tendrás peso cabal y justo, efah cabal y justo: así se prolongarán tus días en la tierra que el Señor, tu Dios, te da. 16Porque todo el que hace esas cosas —cualquiera que comete injusticia—, incurre en la abominación del Señor, tu Dios.
17»Recuerda lo que te hizo Amalec en el camino, cuando salías de Egipto; 18cómo te asaltó en el camino, atacando por detrás de ti a todos los rezagados, cuando te encontrabas fatigado y extenuado, y no temió a Dios. 19Así, cuando el Señor, tu Dios, te dé tranquilidad frente a todos tus enemigos de alrededor —en la tierra que el Señor, tu Dios, te da en herencia para que la poseas—, borrarás el recuerdo de Amalec debajo del cielo. No lo olvides.
26Dt1»Cuando entres en la tierra que el Señor, tu Dios, te da en herencia, y la poseas y te establezcas en ella, 2tomarás una parte de las primicias de todos los frutos que coseches en el suelo de la tierra que el Señor, tu Dios, te da, y poniéndolos en una cesta irás al lugar que elija el Señor, tu Dios, para que habite allí su Nombre. 3Y, presentándote al sacerdote que esté en aquellos días, le dirás: «Declaro hoy ante el Señor, tu Dios, que he entrado en la tierra que el Señor prometió a nuestros padres que nos daría».
4»El sacerdote tomará la cesta de tu mano y la colocará ante el altar del Señor, tu Dios. 5Tú continuarás diciendo ante el Señor, tu Dios:
»Mi padre era un arameo errante, que bajó a Egipto, donde moró con unos pocos hombres; pero llegó a ser allí una nación grande, fuerte y numerosa. 6Luego los egipcios nos maltrataron, nos humillaron y nos impusieron una servidumbre durísima. 7Entonces clamamos al Señor, Dios de nuestros padres. El Señor oyó nuestro clamor y se fijó en nuestra miseria, nuestra fatiga y nuestra opresión. 8Y el Señor nos sacó de Egipto con mano poderosa y brazo extendido, en medio de gran terror, señales y prodigios. 9Y nos condujo a este lugar y nos ha dado esta tierra, una tierra que mana leche y miel. 10Así que ahora he traído las primicias de los frutos del suelo que me ha dado el Señor».
Y dejándolas ante el Señor, tu Dios, te prosternarás en su presencia. 11Después te alegrarás, tú, el levita y el extranjero que vive contigo, por todos los beneficios que te ha concedido el Señor, tu Dios, a ti y a tu casa.