COMENTARIO

 Dt 25,5-19 

La ley del levirato —del latín levir, cuñado— se practicaba entre los judíos desde la época patriarcal (cfr Gn 38) con el objeto de evitar la extinción de alguna de las ramas de la familia, hecho tenido como una gran desgracia (vv. 5-10). De acuerdo con esa ley, el primer hijo del nuevo matrimonio era considerado jurídicamente hijo del difunto. Costumbres análogas existían en otros pueblos orientales, como los asirios e hititas. El gesto de entregar la sandalia indicaba la renuncia de un derecho sobre una propiedad (cfr Rt 4,7): el modo en que se realiza aquí (v. 9) supone una gran humillación para el cuñado.

La pregunta capciosa que los saduceos plantean al Señor en relación con esta ley —el caso hipotético de una mujer que se casó sucesivamente con siete hermanos (Mt 22,23-33)— indica que seguía en vigor en esos tiempos, aunque no tenemos documentación que acredite hasta qué punto se cumplía de hecho.

La especial dureza con que deben ser tratados los amalecitas (vv. 17-19) se explica por su perverso comportamiento con los israelitas durante el éxodo (Ex 17,8-16); las costumbres del desierto exigían ayudar a los necesitados con la hospitalidad proverbial entre aquellos pueblos.

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