COMENTARIO

 Dt 26,12-15 

Precisamente, después de confesar los beneficios recibidos de Dios (26,5-10), es la hora de imitar la liberalidad de Dios y, por tanto, de hacer partícipes de los bienes a los más necesitados: el levita (que no ha recibido una tierra), el extranjero (que trabaja para el israelita), el huérfano y la viuda. En otras palabras, la vida en la tierra prometida debe ser una vida feliz para todos, aun para las personas menos acomodadas: es un ideal «terrestre» que prefigura la realidad escatológica, futura, de la patria celestial.

De los diezmos se ha hablado anteriormente (14,22-29). La primera parte del v. 14 se presta a traducciones e interpretaciones diversas: generalmente se considera que el «luto» generaba impureza, al presuponer contacto con algún cadáver (cfr Lv 22,4; Nm 19,4); quizá se está aludiendo a los banquetes fúnebres celebrados con ocasión de un duelo. «Nada he ofrecido al muerto» podría hacer referencia a ritos egipcios que ofrecían alimentos a los difuntos en sus tumbas, considerando que los necesitaban; o más bien a las supersticiones de los cananeos, que conmemoraban anualmente la muerte del dios (Baal) de la fertilidad.

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