12»Cada tres años, el año del diezmo, cuando acabes de contar el diezmo de toda tu cosecha y de darlo al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda para que coman dentro de tu ciudad y queden saciados, 13dirás en la presencia del Señor, tu Dios: «He retirado de mi casa lo consagrado y se lo he dado al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda, de acuerdo con el mandato que me has dado. No he transgredido ni olvidado tus mandamientos. 14Nada de ello he comido en mi luto, nada he ofrecido al muerto. He escuchado la voz del Señor, mi Dios. He obrado según todo lo que me has ordenado. 15Mira desde la morada de tu santidad, desde los cielos, y bendice a tu pueblo, a Israel, y la tierra que nos has dado, según habías prometido a nuestros padres, tierra que mana leche y miel».
16»Hoy, el Señor, tu Dios, te ordena poner por obra estas leyes y normas: guárdalas y llévalas a la práctica con todo tu corazón y con toda tu alma.
17»Hoy has hecho comprometerse al Señor que Él será tu Dios, y que tú marcharás por sus caminos y guardarás sus leyes, mandamientos y normas, escuchando su voz. 18El Señor te ha hecho testimoniar hoy que serás el pueblo de su propiedad —como te había dicho— y guardarás todos sus mandatos. 19Él, por su parte, te constituirá como el más excelso en honor, renombre y gloria entre todos los pueblos que Él hizo, para que seas el pueblo consagrado al Señor, tu Dios, según te prometió.
27Dt1Moisés y los ancianos de Israel ordenaron al pueblo lo siguiente:
—Guarden todos los mandamientos que yo les prescribo hoy.
2»El día que pasen el Jordán hacia la tierra que el Señor, tu Dios, te da, te erigirás unas piedras grandes y las revocarás con cal. 3Escribirás en ellas todas las palabras de esta ley, una vez que hayas entrado en la tierra que el Señor, tu Dios, te da; tierra que mana leche y miel, conforme te dijo el Señor, Dios de tu padres.
4»Cuando hayan pasado el Jordán, erigirán, pues, esas piedras que hoy les mando, en el monte Ebal, y las revocarás con cal. 5Edificarás allí un altar al Señor, tu Dios, altar de piedras sobre las que no haya trabajado el hierro; 6con piedras sin labrar edificarás un altar al Señor, tu Dios, y le ofrecerás sobre él holocaustos. 7Inmolarás sacrificios de comunión, que comerás allí, y te alegrarás ante el Señor, tu Dios. 8Grabarás con esmero sobre las piedras todas las palabras de esta ley.
9Después, Moisés y los sacerdotes levitas hablaron así a todo Israel:
—Guarda silencio y escucha, Israel. Hoy te has convertido en el pueblo del Señor, tu Dios. 10Escucharás la voz del Señor, tu Dios, y cumplirás sus mandatos y sus leyes que hoy te ordeno.
11Aquel día Moisés ordenó al pueblo lo siguiente:
12—Cuando hayan pasado el Jordán, éstos se situarán sobre el monte Garizim para pronunciar la bendición al pueblo: Simeón, Leví, Judá, Isacar, José y Benjamín. 13Y estos otros se situarán sobre el monte Ebal para pronunciar la maldición: Rubén, Gad, Aser, Zabulón, Dan y Neftalí.
14»Los levitas recitarán en voz alta a todos los hombres de Israel:
15«¡Maldito el hombre que haga un ídolo esculpido o fundido —abominación para el Señor, obra de manos de artífice— y lo ponga en un lugar secreto!» Y todo el pueblo responderá: «¡Amén!»
16«¡Maldito quien desprecie a su padre y a su madre!» Y todo el pueblo responderá: «¡Amén!»
17«¡Maldito quien modifique los mojones de su prójimo!» Y todo el pueblo responderá: «¡Amén!»
18«¡Maldito quien haga salirse del camino a un ciego!» Y todo el pueblo responderá: «¡Amén!»
19«¡Maldito quien viole el derecho del extranjero, del huérfano o de la viuda!» Y todo el pueblo responderá: «¡Amén!»
20«¡Maldito quien yazca con la mujer de su padre, porque alzaría la cubierta del lecho paterno!» Y el pueblo responderá: «¡Amén!»
21«¡Maldito quien se ayunte con cualquier bestia!» Y todo el pueblo responderá: «¡Amén!»
22«¡Maldito quien yazca con su hermana, hija de su padre o hija de su madre!» Y todo el pueblo responderá: «¡Amén!»
23«¡Maldito quien yazca con su suegra!» Y todo el pueblo responderá: «¡Amén!»
24«¡Maldito quien mate a su prójimo en secreto!» Y todo el pueblo responderá: «¡Amén!»
25«¡Maldito quien acepte soborno para dar muerte a un inocente!» Y todo el pueblo responderá: «¡Amén!»
26«¡Maldito quien no mantenga todas las palabras de esta ley ni las ponga en práctica!» Y todo el pueblo responderá: «¡Amén!»
28Dt1»Si escuchas la voz del Señor, tu Dios, esmerándote en poner por obra todos sus mandamientos que te prescribo hoy, el Señor, tu Dios, te hará el más excelso de todos los pueblos de la tierra. 2Y, si escuchas la voz del Señor, tu Dios, vendrán sobre ti y te alcanzarán todas estas bendiciones:
3»¡Bendito tú en la ciudad y bendito en el campo!
4»¡Bendito el fruto de tus entrañas, el fruto de tu tierra, el fruto de tu ganado, las crías de tus reses y las crías de tus rebaños!
5»¡Bendita tu talega y tu artesa!
6»¡Bendito tú cuando entres y bendito cuando salgas!
7»¡Que el Señor haga postrarse derrotados en tu presencia a los enemigos que se alcen contra ti! ¡Si por un camino atacan, que por siete caminos huyan de ti!
8»¡Que el Señor envíe la bendición que estará contigo sobre tus graneros y todas tus obras! ¡Que el Señor, tu Dios, te bendiga en la tierra que te ha dado!
9»¡Que el Señor te constituya en su pueblo santo, según te prometió, si guardas los mandatos del Señor, tu Dios, y marchas por sus caminos! 10Así verán todos los pueblos de la tierra que el Nombre del Señor es invocado en tu favor y te temerán.
11»¡Que el Señor te haga abundar en bienes: frutos de tus entrañas, frutos de tu ganado, frutos de tus campos en la tierra que el Señor, tu Dios, prometió a tus padres que te daría!
12»¡Que el Señor te abra su óptimo tesoro, los cielos, dando a su tiempo la lluvia a la tierra y la bendición a todas las obras de tus manos!
»¡Que des en préstamo a muchas naciones y tú, en cambio, no tengas que pedir prestado!
13»¡Que el Señor te constituya en cabeza y no en cola, y estés siempre por encima y nunca por debajo, si es que escuchas los mandatos del Señor, tu Dios, que hoy te ordeno guardar y poner en práctica, 14sin desviarte ni a derecha ni a izquierda de todas las palabras que hoy te mando, sin ir tras otros dioses para rendirles culto!
15»Pero si no escuchas la voz del Señor, tu Dios, y no procuras poner por obra todos sus mandatos y leyes que hoy te prescribo, te sobrevendrán y te alcanzarán todas estas maldiciones:
16»¡Maldito tú en la ciudad y maldito en el campo!
17»¡Maldita tu talega y tu artesa!
18»¡Maldito el fruto de tus entrañas, el fruto de tu tierra, las crías de tus reses y las crías de tus rebaños!
19»¡Maldito tú cuando entres y maldito cuando salgas!
20»¡Que el Señor te mande la maldición, la confusión y el fracaso en todas las obras de tus manos que emprendas, hasta tu destrucción y perdición, a causa de la perversidad de tus acciones, por las que me has abandonado!
21»¡Que el Señor haga que se te contagie la peste hasta que te consuma sobre la tierra en la que entrarás a tomar posesión!
22»¡Que el Señor te hiera de tisis y calentura, de inflamación y gangrena, de quemaduras y de ictericia, y que te sigan hasta que perezcas!
23»¡Que los cielos que hay sobre tu cabeza sean de bronce y la tierra bajo tus pies de hierro!
24»¡Que el Señor convierta en polvo la lluvia de tu tierra, y que caiga arena de los cielos sobre ti hasta que te destruya!
25»¡Que el Señor te postre derrotado ante tus enemigos: si por un camino les atacas, que por siete caminos huyas de su presencia, y seas escarmiento para todos los reinos de la tierra!
26»¡Que tu cadáver sea pasto de las aves del cielo y de las fieras de la tierra, y no haya quien las espante!
27»¡Que el Señor te azote con tiña de Egipto y tumores, con sarna y úlceras, de las que no puedas curarte!
28»¡Que el Señor te aflija con locura, ceguera y delirio, 29de modo que tengas que ir a tientas a mediodía, como a tientas va el ciego en su tiniebla, y no prosperes en tus caminos!
»¡Que estés oprimido y expoliado todos los días, y no haya quien te salve!
30»¡Que te desposes con una mujer y que otro cohabite con ella!
»¡Que edifiques una casa y no la habites!
»¡Que plantes una viña y no la vendimies!
31»¡Que sea degollado un ternero tuyo ante tus ojos y no puedas comer de él!
»¡Que tu asno sea robado en tu presencia y no te lo devuelvan!
»¡Que tus ovejas sean entregadas a tus enemigos y no tengas quien te socorra!
32»¡Que tus hijos y tus hijas sean entregados a un pueblo extraño y lo vean tus ojos y se consuman por ellos cada día, sin que tus manos puedan hacer nada!
33»¡Que un pueblo desconocido se coma los frutos de tus campos y de toda tu fatiga, mientras que tú estés siempre oprimido y aplastado!
34»¡Que te vuelvas loco por el espectáculo que vean tus ojos!
35»¡Que el Señor te hiera en las rodillas y en las piernas, desde la planta de los pies hasta la coronilla, con úlceras malignas que no puedas curar!
36»¡Que el Señor los lleve a ti y al rey que hayas constituido sobre ti, a una nación que desconozcas tú y tus padres, y allí des culto a dioses extranjeros de madera y piedra, 37y sirvas de estupor, de proverbio y de burla para todos los pueblos a donde te lleve el Señor!
38»¡Que arrojes mucha semilla en el campo y coseches poca, porque la devore la langosta!
39»¡Que plantes y cultives viñas, pero no bebas vino ni vendimies, porque las consuman los gusanos!
40»¡Que tengas olivares en todo tu territorio, pero no puedas ungirte con aceite, porque se caigan tus aceitunas!
41»¡Que engendres hijos e hijas, pero no sean para ti, porque vayan al cautiverio!
42»¡Que todos los árboles y frutos de tu suelo los devaste la langosta!
43»¡Que el extranjero que vive contigo se eleve sobre ti, cada vez más arriba, mientras tú caigas cada vez más abajo!
44»¡Que él te dé en préstamo, mientras que tú no puedas prestarle! ¡Que él esté a la cabeza y tu estés en la cola!
45»Caerán sobre ti todas estas maldiciones, te perseguirán y te alcanzarán hasta que seas destruido, si no escuchas la voz del Señor, tu Dios, guardando sus mandamientos y leyes que te prescribió. 46Éstos servirán de señal y asombro para ti y tu descendencia eternamente.
47»En caso de que no des culto al Señor, tu Dios, con alegría y buen ánimo cuando abundes en todo, 48servirás a tus enemigos que el Señor enviará contra ti, con hambre, sed, desnudez e indigencia completa, y pondrán sobre tu cuello un yugo de hierro hasta exterminarte. 49El Señor alzará contra ti de lejos, desde el extremo de la tierra, una nación que vuela como el águila, una nación cuya lengua no comprendes; 50una nación cruel, que no respeta al anciano ni tiene piedad del niño. 51Devorará las crías de tu ganado y los frutos de tu tierra hasta que seas aniquilado; no te dejará grano, mosto ni aceite, ni los terneros de tus reses, ni las crías de tus rebaños, hasta hacerte perecer. 52Asediará cada una de tus ciudades de toda tu tierra, hasta que se derrumben las altas y fuertes murallas en que confiabas. Te sitiará en todas tus ciudades y en toda la tierra que te haya dado el Señor, tu Dios.
53»Y, por la angustia y miseria con que te afligirá el enemigo, te comerás el fruto de tu vientre, la carne de tus hijos y de tus hijas que te había dado el Señor, tu Dios. 54El hombre más delicado y tierno entre los tuyos mirará con malos ojos a su hermano, a la esposa que abraza y a los hijos que le queden, 55para no tener que compartir con ellos la carne de sus hijos que él se estará comiendo: por la angustia y la miseria a que te someterá el enemigo en todas tus ciudades ya no le quedará otra cosa.
56»La mujer más delicada y tierna entre los tuyos, que por su finura y delicadeza no se habría atrevido a posar la planta del pie sobre la tierra, mirará con malos ojos al esposo que abraza, a su hijo y a su hija 57e, incluso, a la placenta que acaba de salir de su seno y al hijo que acaba de dar a luz, para comérselos a escondidas: tanta será la penuria por la angustia y la miseria a que te someterá el enemigo en tus ciudades.
58»Si no te esmeras en poner en práctica todas las palabras de esta ley, escritas en este libro, temiendo el nombre glorioso y tremendo del Señor, tu Dios, 59el Señor hará pasmosas tus plagas y las de tu descendencia, plagas horribles y permanentes, enfermedades malignas e incurables. 60Y hará que vuelvan y permanezcan sobre ti todas las plagas de Egipto ante las que te llenaste de miedo. 61Incluso todas las enfermedades y todas las plagas que no están escritas en el libro de esta ley, el Señor las suscitará contra ti hasta que seas destruido. 62De manera que, a pesar de haber sido tan numerosos como las estrellas de los cielos, de ustedes quedarán pocos hombres, por no haber escuchado la voz del Señor, tu Dios.
63»Y así como antes se había gozado el Señor en ustedes, haciéndolos felices y muy numerosos, así se gozará haciéndolos perecer y destruyéndolos, de modo que sean arrancados de la tierra que van a tomar en posesión. 64El Señor te dispersará por todos los pueblos, desde un confín al otro de la tierra, y allí darás culto a dioses extranjeros, de madera y piedra, desconocidos de ti y de tus padres. 65Y en esas naciones no tendrás tranquilidad, ni habrá lugar de reposo para la planta de tus pies. Allí te dará el Señor un corazón trémulo, unos ojos lánguidos y un alma acongojada. 66Y tu vida estará siempre pendiente de un hilo y estarás temblando noche y día, sin ninguna seguridad en tu vida. 67Por la mañana dirás: «¡Ojalá llegue la tarde!» Y por la tarde dirás: «¡Ojalá llegue la mañana!», por el miedo que espantará tu corazón y por el espectáculo que verán tus ojos. 68E incluso el Señor te hará volver a Egipto en barcas, por el camino del que yo te dije: «¡Nunca más lo volverás a ver!» Allí ustedes se ofrecerán en venta a sus enemigos como esclavos y esclavas, pero no habrá comprador.
69Éstas son las palabras de la alianza que el Señor mandó a Moisés sellar con los hijos de Israel en el país de Moab, además de la alianza que había sellado con ellos en el Horeb.
29Dt1Convocó Moisés a todo Israel y les dijo:
—Han visto todo cuanto ha hecho el Señor ante ustedes en el país de Egipto con el Faraón, con todos sus siervos y con toda su tierra: 2las grandes pruebas que presenciaron sus ojos, aquellos signos y prodigios imponentes. 3Sin embargo, hasta hoy día, el Señor no les ha dado corazón para entender, ni ojos para ver, ni oídos para oír.
4»Durante cuarenta años los he conducido por el desierto sin que sus ropas se gastaran de llevarlas, ni sus sandalias se gastaran de calzarlas. 5Tampoco comieron pan ni bebieron vino y licor, para que entendieran que yo, el Señor, soy su Dios.
6»Al llegar a este lugar salieron Sijón —rey de Jesbón— y Og —rey de Basán— a nuestro encuentro, en son de guerra, y los derrotamos. 7Tomamos sus tierras y se las dimos en heredad a los de Rubén, a los de Gad y a media tribu de Manasés. 8Así, pues, guarden las palabras de esta alianza y pónganlas por obra para que triunfen en cuantas cosas hagan.
9»Hoy están presentes ante el Señor, su Dios, todos ustedes —los jefes de sus tribus y sus ancianos, sus responsables y todos los hombres de Israel, 10sus niños, sus mujeres y los extranjeros que viven en tus campamentos, desde los leñadores hasta los aguadores— 11para entrar en la alianza del Señor, su Dios, y en el pacto solemne que el Señor, tu Dios, sella hoy contigo, 12a fin de constituirte en pueblo suyo y ser Él tu Dios, como te ha dicho y como prometió a tus padres, a Abrahán, Isaac y Jacob.
13»Pero no sólo con ustedes establezco esta alianza y este pacto solemne, 14sino también con quienes están aquí hoy con nosotros en la presencia del Señor, nuestro Dios, y con quienes no se encuentran hoy con nosotros.
15»Ustedes saben cómo habitábamos en el país de Egipto y cómo tuvimos que pasar por medio de ciertas naciones. 16Y han visto sus abominaciones y los execrables ídolos de madera y de piedra, de plata y de oro que tenían. 17Que no haya entre ustedes hombre, mujer, familia o tribu cuyo corazón se desvíe hoy del Señor, nuestro Dios, para ir a rendir culto a los dioses de esas naciones. Que no haya entre ustedes raíz que produzca veneno y ajenjo. 18Si alguno, al oír las palabras de estos juramentos, se jacta en su corazón diciendo: «Tendré prosperidad aunque marche en mi obstinación, aunque la riada se lleve el regadío y el secano», 19el Señor no querrá perdonarlo, sino que, en tal caso, la cólera y el celo del Señor se encenderán contra ese hombre. Sobre él caerán todas las imprecaciones escritas en este libro y el Señor borrará su nombre bajo los cielos. 20Para su desgracia, el Señor lo apartará de todas las tribus de Israel, conforme a las imprecaciones de esta alianza, escrita en el libro de esta ley.
21»La generación venidera, sus hijos que los sucederán y el extranjero que vendrá de una tierra lejana, cuando vean las plagas de esta tierra y las enfermedades con las que el Señor la habrá castigado, dirán: 22«¡Azufre, sal; calcinación es su tierra entera! Jamás se podrá sembrar; nada podrá brotar; no crecerá en ella hierba alguna. Es como la destrucción de Sodoma y Gomorra, de Admá y Seboim, que en su cólera y furor devastó el Señor». 23Todas las naciones dirán: «¿Por qué ha tratado así el Señor a esta tierra? ¿Por qué el furor de tan gran cólera?». 24Y responderán: «Porque abandonaron la alianza del Señor, el Dios de sus padres, que había establecido con ellos al sacarlos del país de Egipto, 25y fueron a dar culto a otros dioses, prosternándose ante ellos; unos dioses que no conocían ni se les habían dado en heredad. 26Por eso se inflamó la ira del Señor contra esta tierra, descargando sobre ella todas las maldiciones escritas en este libro, 27y los arrancó el Señor de su suelo con ira, furor y exasperación, y los arrojó a otro país, hasta el día de hoy».
28»Los misterios pertenecen al Señor, nuestro Dios, pero las cosas reveladas son en beneficio nuestro y de nuestros hijos para siempre, con el fin de que pongamos por obra todas las palabras de esta ley.
30Dt1»Cuando todas estas palabras, la bendición y la maldición que te he presentado, se cumplan en ti, si las meditas en tu corazón, en medio de todas las naciones en las que el Señor, tu Dios, te haya dispersado; 2si te conviertes al Señor, tu Dios, si escuchas su voz en todo cuanto hoy te ordeno, tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma, 3entonces el Señor, tu Dios, hará volver a tus cautivos, se compadecerá de ti y te reunirá de nuevo desde todos los pueblos a donde el Señor, tu Dios, te haya dispersado. 4Aunque estén tus deportados en los confines de los cielos, desde allí te reunirá, te congregará el Señor, tu Dios, 5y te reconducirá a la tierra que poseyeron tus padres; la volverás a poseer y te mostrará su favor y te multiplicará aún más que a tus padres.
6»El Señor, tu Dios, circuncidará tu corazón y el de tus descendientes, para que ames al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas.
7»Por el contrario, el Señor, tu Dios, hará que recaigan todas estas maldiciones sobre tus enemigos y sobre los que te odien y te hayan perseguido.
8»Tú, en cambio, te convertirás y oirás la voz del Señor, y pondrás por obra todos sus mandamientos, que yo te ordeno hoy. 9Y el Señor, tu Dios, te hará próspero en todas las empresas de tus manos, en el fruto de tus entrañas, en el fruto de tu ganado y en el fruto de tu tierra. Porque el Señor volverá a complacerse en tu prosperidad, como se complacía con tus padres, 10si escuchas la voz del Señor, tu Dios, guardando sus mandamientos y sus leyes, escritos en el libro de esta ley, y te conviertes al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma.
11»Por lo demás, el presente mandamiento que hoy te ordeno no es imposible para ti, ni inalcanzable. 12No está en los cielos para decir: «¿Quién podrá ascender por nosotros a los cielos a traerlo y hacérnoslo oír, para que lo pongamos por obra?». 13Tampoco está allende los mares para decir: «¿Quién podrá cruzar por nosotros el mar a traerlo y hacérnoslo oír, para que lo pongamos por obra?». 14No. El mandamiento está muy cerca de ti: está en tu boca y en tu corazón, para que lo pongas por obra.
15»Hoy pongo ante ti la vida y el bien, o la muerte y el mal. 16Si escuchas los mandamientos del Señor, tu Dios, que yo te ordeno hoy, amando al Señor, tu Dios, marchando por sus caminos y guardando sus mandamientos, leyes y normas, entonces vivirás y te multiplicarás: el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra que vas a tomar en posesión. 17Pero si tu corazón se desvía y no escuchas, si te dejas arrastrar prosternándote ante otros dioses y dándoles culto, 18entonces les anuncio hoy que perecerán sin remedio y no prolongarán los días en la tierra que vas a tomar en posesión, una vez que pases el Jordán.
19»Hoy pongo por testigos contra ustedes los cielos y la tierra: pongo ante ustedes la vida y la muerte, la bendición y la maldición; elige, pues, la vida, para que tú y tu descendencia vivan, 20amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz y adhiriéndote a Él, porque Él es tu vida y la prolongación de tus días en la tierra que el Señor prometió dar a tus padres Abrahán, Isaac y Jacob.
31Dt1Después, Moisés comunicó estas palabras a todo Israel:
2—He cumplido ciento veinte años. No puedo ya ni ir ni venir. Además, el Señor me ha dicho: «No pasarás el Jordán». 3El Señor, tu Dios, será quien pase al frente de ti. Él destruirá esas naciones ante tu presencia y tú te apoderarás de ellas. Será Josué el que pasará al frente de ti, según ha dicho el Señor. 4El Señor hará con ellas como hizo con Sijón y con Og, reyes de los amorreos, y con sus tierras, que destruyó. 5El Señor se las entregará a ustedes, y harán con ellas según les he ordenado. 6Sean fuertes y valientes. No teman ni se asusten delante de ellas, porque el mismo Señor, tu Dios, marcha contigo: no te dejará ni te abandonará.
7Luego llamó Moisés a Josué y le dijo en presencia de todo Israel:
—Sé fuerte y valiente, porque tú introducirás a este pueblo en la tierra que el Señor prometió a sus padres que les daría; tú se la entregarás en posesión. 8El Señor mismo marcha delante de ti. Él está contigo. No te dejará ni te abandonará. No temas ni te asustes.
9Escribió Moisés esta ley y la entregó a los sacerdotes hijos de Leví, los que portan el arca de la alianza del Señor, y a todos los ancianos de Israel, 10y les dio esta orden:
—Cada siete años, al llegar el año de la Remisión, en la fiesta de los Tabernáculos, 11cuando venga todo Israel a presentarse ante el Señor, tu Dios, en el lugar que elija, leerás esta ley para que la oiga todo Israel. 12Reúne entonces al pueblo: hombres, mujeres, niños y a los extranjeros que viven en tus ciudades, para que escuchen y aprendan, y así adquieran el temor del Señor, su Dios, y se esmeren en poner por obra todas las palabras de esta ley. 13De ese modo, sus hijos, que no las conocen todavía, las escucharán; y aprenderán a temer al Señor, su Dios, todos los días que vivan en la tierra que van a tomar en posesión al pasar el Jordán.
14Dijo el Señor a Moisés:
—Se acerca el tiempo de tu muerte. Llama a Josué. Preséntense en la Tienda de la Reunión y yo le daré instrucciones.
Marcharon entonces Moisés y Josué y se presentaron en la Tienda de la Reunión. 15El Señor se manifestó en la Tienda en columna de nube, que se mantenía inmóvil por encima de la puerta de la Tienda. 16El Señor dijo a Moisés:
—Escucha, vas a descansar con tus padres. Este pueblo se va a prostituir yendo en pos de dioses extranjeros de la tierra en que va a entrar. Me abandonará y quebrantará la alianza que pacté con él. 17Aquel día se inflamará mi ira contra él, los abandonaré y les ocultaré mi rostro. Servirá de presa y le alcanzarán muchos males y angustias, de modo que exclamará en aquel día: «¿No me habrán venido estas desgracias porque ya no está mi Dios en medio de mí?». 18Pero yo en ese día ocultaré irremisiblemente mi rostro por toda la maldad que habrá hecho al haberse vuelto en pos de dioses extranjeros.
19»Ahora, escriban para ustedes este cántico. Enséñalo a los hijos de Israel. Ponlo en sus bocas, para que me sirva de testimonio contra ellos, 20cuando yo les haga entrar en la tierra que prometí a sus padres, tierra que mana leche y miel, y después de comer hasta saciarse y engordar bien, se vuelvan hacia dioses extranjeros, dándoles culto, mientras a mí me desprecien y quebranten mi alianza. 21Pero cuando le alcancen muchos males y angustias, este cántico servirá de testimonio contra él, puesto que no será olvidado en boca de su descendencia. Conozco los planes que maquina hoy, aun antes de que lo introduzca en la tierra que les prometí.
22Moisés escribió este cántico aquel mismo día y lo enseñó a los hijos de Israel. 23Después dio órdenes a Josué, hijo de Nun, diciéndole:
—Sé fuerte y valiente, porque tú introducirás a los hijos de Israel en la tierra que prometí, y yo estaré contigo.
24Cuando Moisés acabó de escribir hasta el final en un libro las palabras de esta ley, 25dio órdenes a los levitas portadores del arca de la alianza del Señor, diciendo:
26—Tomen este libro de la ley y colóquenlo al lado del arca de la alianza del Señor, su Dios. Ahí servirá de testimonio contra ti, 27porque conozco tu rebeldía y tu dura cerviz. Si ahora, estando todavía yo vivo con ustedes, han sido rebeldes al Señor, ¡cuánto más lo serán después de mi muerte!
28»Convoquen junto a mí a todos los ancianos de sus tribus y a sus responsables, pues deseo decirles en sus propios oídos algunas palabras, y poner los cielos y la tierra como testigos contra ellos. 29Porque sé que después de mi muerte prevaricarán una y otra vez, apartándose del camino que les he prescrito, y los alcanzará la desgracia en días venideros, pues harán lo que es malo a los ojos del Señor, irritándole con las obras de sus manos.
30Entonces, pronunció Moisés a oídos de toda la asamblea de Israel, hasta el final, las palabras de este cántico:
32Dt—1¡Oh Cielos! Presten oído, que voy a hablar.
Que escuche la tierra los dichos de mi boca.
2Caiga como lluvia mi enseñanza,
destilen cual rocío mis palabras,
cual llovizna sobre el césped,
como gotas en la hierba.
3Voy a invocar el Nombre del Señor:
Ensalcen a nuestro Dios,
4Él es la Roca: sus obras son perfectas,
todos sus caminos son justicia.
Es el Dios Fiel: no hay en Él deslealtad alguna,
Justo y Recto: así es Él.
5Le ofendieron sus hijos descastados,
una generación perversa y retorcida.
6¿Es ése el pago que dan al Señor,
oh pueblo necio e insensato?
¿Acaso no es Él tu Padre, tu Creador,
el que te hizo y te formó?
7Recuerda los días de antaño,
discierne los años, generación tras generación;
pregunta a tu padre y él te explicará,
a tus mayores y ellos te dirán.
8Cuando el Altísimo daba a cada pueblo su heredad,
cuando distribuía a los hijos de Adán,
fijó las fronteras de los pueblos,
teniendo en cuenta a los hijos de Israel.
9Pues el lote del Señor fue su pueblo,
Jacob la parte de su herencia.
10Él le sale al encuentro en tierra yerma,
en el desierto, en el aullido de la soledad.
Lo rodea, lo llena de cuidados,
lo guarda como a la niña de sus ojos.
11Como águila que incita a volar a su nidada,
y revolotea sobre sus polluelos,
así Él extiende sus alas, lo recoge,
lo lleva sobre sus plumas.
12Sólo el Señor lo guía,
ningún dios extraño está con Él.
13Lo hace cabalgar sobre las colinas de la tierra;
lo nutre con los frutos del campo.
Le da a gustar la miel de la peña
y el aceite de la dura roca,
14la cuajada de vacas y la leche de ovejas,
con grasa de corderos,
y los carneros de raza de Basán y los machos cabríos,
con flor de harina de trigo:
y bebes la sangre de uva fermentada.
15¡Ha engordado Yesurún y ha comenzado a cocear!:
—¡Te has puesto grueso, cebado, lustroso!—
y abandona a Dios, su Hacedor,
y deshonra a la Roca, su Salvación.
16Le dan celos con dioses extraños,
le provocan a ira con sus abominaciones.
17Hacen sacrificios a demonios —que no son Dios—,
dioses nuevos, advenedizos,
a los que no honraban sus padres.
18En cambio, desprecias a la Roca que te engendró,
te olvidas de Dios, que te dio a luz.
19Pero el Señor lo ha visto, se ha irritado,
se ha enojado con sus hijos e hijas.
20Y ha dicho: «Les esconderé mi rostro,
veré cómo terminan,
pues son una generación perversa,
hijos muy desleales.
21Me han dado celos con un no–dios,
me han provocado a la ira con sus ídolos vanos.
Pues yo también les daré celos con un no–pueblo,
Yo les provocaré a la ira con una vil nación.
22Ya se ha encendido el fuego de mi ardor,
que abrasará hasta el abismo más hondo,
que devorará la tierra y sus frutos,
y quemará los fundamentos de los montes.
23Sobre ellos amontonaré desgracias,
contra ellos agotaré mis flechas.
24Consumidos de hambre, devorados de fiebre
y de peste hedionda,
contra ellos enviaré los dientes de las fieras,
y el veneno de los que reptan por el polvo.
25Fuera, en las calles, los destruirá la espada,
dentro, en las casas, el terror más horrible:
tanto al muchacho como a la doncella,
al niño de pecho y hasta al hombre canoso.
26Yo había dicho: los reduciría a polvo,
borraría su recuerdo entre los hombres,
27si no fuera por la arrogancia del enemigo:
no sea que juzguen al revés sus adversarios y digan:
“¡Nuestra mano ha vencido,
no es el Señor quien hace todo esto!”
28Son un pueblo que ha perdido el juicio,
que no tiene inteligencia.
29Si fueran sabios comprenderían estas cosas,
discernirían su porvenir:
30¿cómo uno podría poner en fuga a mil,
¿No es porque su Roca los ha vendido,
y el Señor los ha entregado?»
31Que su roca no es como nuestra Roca
hasta nuestros enemigos pueden juzgarlo.
32Porque su viña es viña de Sodoma
y sus campos, campos de Gomorra:
por eso uvas venenosas son sus uvas,
racimos amarguísimos sus racimos.
33Veneno de serpientes es su vino,
ponzoña cruel de víboras.
34¿Acaso no están guardadas estas cosas junto a mí,
selladas en mis archivos?
35Mía es la venganza y el castigo
para el momento en que sus pies vacilen;
próximo está ya el día de su ruina,
y se apresura su destino.
36Pues el Señor hará justicia a su pueblo
y de sus siervos tendrá misericordia,
pues verá que se extinguió su fuerza
y no queda ni cautivo ni libre.
37Dirá entonces: «¿Dónde están sus dioses,
la roca en que buscaban refugio
38los que comían la grasa de sus sacrificios,
y bebían el vino de sus libaciones?
¡Que se levanten y les den socorro,
que les sirvan de asilo!
39Vean ahora que yo, sólo yo soy,
y no existe otro dios frente a Mí.
Yo doy la muerte y doy la vida,
yo hago la herida y yo mismo la curo,
y no hay quien pueda librar de mi mano.
40Alzo mi mano a los cielos
y proclamo: ¡Yo vivo eternamente!
41Afilaré el rayo de mi espada
y mi mano empuñará el juicio;
de mis rivales tomaré venganza
y daré su paga a quien me odia.
42Embriagaré de sangre mis saetas
y mi espada se hartará de carne,
de la sangre de caídos y cautivos,
de las cabezas de los jefes enemigos».
43¡Aclamen, oh naciones, a su pueblo!,
porque vengará la sangre de sus siervos,
hará que la venganza se torne contra sus enemigos,
y hará expiación por la tierra de su pueblo.
44Fue Moisés con Josué, hijo de Nun, y pronunció todas la palabras de este cántico a oídos del pueblo.
45Cuando Moisés terminó de recitarlo por entero a todo Israel, 46les dijo:
—Pongan mucha atención a las palabras con que hoy les he dado testimonio, y ordenen a sus hijos que cuiden de poner por obra todos los términos de esta ley. 47No es ésta palabra vana para ustedes, pues ella es su vida, y gracias a esta palabra prolongarán sus días en la tierra que van a poseer al pasar el Jordán.
48Aquel mismo día habló el Señor a Moisés, diciéndole:
49—Sube al monte de los Abarim, esto es, al monte Nebo, que está en el país de Moab, frente a Jericó, y contempla la tierra de Canaán, que doy en propiedad a los hijos de Israel. 50Morirás en el monte al que vas a subir, e irás a reunirte con los tuyos, como murió tu hermano Aarón en el monte Hor y fue a reunirse con los suyos. 51Porque me fueron infieles en medio de los hijos de Israel en las aguas de Meribá de Cadés, en el desierto de Sin, y no proclamaron mi santidad en medio de los hijos de Israel, 52por eso, contemplarás el país desde lejos, pero no entrarás en la tierra que yo doy a los hijos de Israel.
33Dt1Ésta es la bendición con que Moisés, hombre de Dios, bendijo a los hijos de Israel, antes de morir. 2Dijo entonces:
—Desde el Sinaí ha venido el Señor,
desde Seír ha brillado para ellos;
ha iluminado desde el monte Parán,
ha llegado hasta Meribá de Cadés,
desde el Mediodía hasta Asedot.
3¡Cuán amante eres de los pueblos!,
pues todos sus santos están en tu mano.
Ellos están postrados a tus pies,
pero son alzados por tus palabras.
4Una ley nos prescribió Moisés,
herencia para la comunidad de Jacob.
5Habrá un rey sobre Yesurún,
cuando se congreguen los príncipes del pueblo,
cuando se unan las tribus de Israel.
6¡Viva Rubén y jamás muera!,
aunque sus hombres sean pocos.
7Esto dijo respecto a Judá:
—¡Escucha, oh Señor, la voz de Judá!
Condúcelo hacia su pueblo,
que sus manos lo defiendan:
sé socorro contra sus enemigos.
8Dijo respecto a Leví:
—Tus tummim y tus urim
sean para tu hombre fiel,
al que probaste en Masá,
junto con quien luchaste en las aguas de Meribá.
9El que dijo a su padre y a su madre: «no los conozco»;
el que ignoró a sus hermanos
y no reconoció a sus hijos.
Pues han guardado tus palabras,
y han observado tu alianza.
10Ellos enseñarán tus normas a Jacob,
y tu ley a Israel;
ofrecerán incienso ante tu rostro
y holocaustos sobre tu altar.
11¡Bendice, oh Señor, su fortaleza
y acepta la obra de sus manos!
Rompe la espalda de sus enemigos;
que no se levanten quienes los odian.
12Respecto a Benjamín dijo:
—Predilecto del Señor, junto a Él habitará seguro;
el Altísimo lo protegerá cada día,
y en sus colinas morará tranquilo.
13Y dijo respecto a José:
—Bendita del Señor es su tierra
con la fragancia del rocío del cielo,
con las aguas subterráneas desde abajo,
14con las sabrosas cosechas que el sol madura,
y los dulces frutos que las lunas favorecen,
15con las primicias de los viejos montes,
con lo mejor de las colinas eternas,
16con la riqueza de la tierra y cuanto la llena.
Que el favor del que se manifestó en la zarza
descienda sobre la cabeza de José,
sobre la frente del príncipe de sus hermanos.
17Como primogénito de toro, a él la grandeza.
Sus cuernos son como cuernos de búfalo;
con ellos embiste a los pueblos,
a todos juntos, hasta los extremos de la tierra.
Tales son las miríadas de Efraím,
así son los millares de Manasés.
18Dijo respecto a Zabulón:
—Alégrate, Zabulón, en tus empresas,
y tú, Isacar, en tus tiendas.
19Convocarán a los pueblos a la montaña,
y allí inmolarán sacrificios de justicia;
se nutrirán de la riqueza de los mares
y de los tesoros ocultos en la arena.
20Dijo respecto a Gad:
—Bendito el que dilata a Gad.
Cual leona se agazapa al acecho:
desgarra brazos y hasta cabezas.
21Se quedó con las primicias,
la parte reservada al caudillo.
Vino con los príncipes del pueblo:
puso por obra la justicia del Señor
y sus juicios con Israel.
22Y dijo respecto a Dan:
—Dan es un cachorro de león
que salta desde Basán.
23Dijo respecto a Neftalí:
—Neftalí, saciado de favores
y lleno de las bendiciones del Señor:
24Y dijo respecto a Aser:
—¡Bendito entre los hijos es Aser!
Sea el favorito de sus hermanos
y bañe en aceite sus pies.
25De hierro y bronce sean tus cerrojos,
y tu vigor tanto como tus años.
26¡Nadie hay como el Dios de Yesurún!
Cabalga por los cielos en tu auxilio,
y sobre las nubes en su gloria.
27Tu refugio es el Dios de antaño;
sus brazos eternos te sostienen,
expulsa ante ti a los enemigos
y te ordena: ¡Destruye!
28Israel habita en seguro.
La fuente de Jacob está escondida
en una tierra de grano y mosto,
donde los cielos destilan el rocío.
29¡Dichoso tú, Israel! ¿Quién como tú?
Pueblo por el Señor salvado.
Dios es tu escudo protector, ¡oh Aser!,
la espada de tu gloria.
Te intentarán engañar tus enemigos,
pero tú caminarás pisando sus espaldas.
34Dt1Luego, subió Moisés desde las estepas de Moab al monte Nebo, cumbre del Pisgá, que está frente a Jericó. El Señor le mostró todo el país: Galaad hasta Dan, 2todo Neftalí y la comarca de Efraím y Manasés, y toda la comarca de Judá hasta el Mar Occidental; 3el Négueb, la zona de la vega de Jericó, ciudad de las palmeras, hasta Soar. 4Entonces le dijo el Señor:
—Ésta es la tierra que prometí a Abrahán, a Isaac y a Jacob cuando dije: «A tu descendencia se la daré». Te la dejo contemplar con tus ojos, pero no entrarás en ella.
5Allí murió Moisés, siervo del Señor, en el país de Moab, como había dispuesto el Señor. 6Él lo enterró en el valle, en tierra de Moab, frente a Bet–Peor, sin que nadie haya conocido el lugar de su sepultura hasta hoy. 7Tenía Moisés ciento veinte años cuando murió, pero no se había enturbiado su vista ni había perdido su vigor. 8Los hijos de Israel lloraron a Moisés en las estepas de Moab durante treinta días, cumpliendo así el tiempo de duelo por Moisés.
9Josué, hijo de Nun, estaba lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés había impuesto sus manos sobre él. Los hijos de Israel le obedecieron y actuaron conforme el Señor había mandado a Moisés.
10No ha vuelto a surgir en Israel un profeta como Moisés, a quien el Señor trataba cara a cara: 11nadie ha hecho los signos y prodigios que el Señor le envió a realizar en la tierra de Egipto, contra el Faraón, sus servidores y todo su país; 12ni ha habido mano tan fuerte, ni realizado tamaños prodigios como obró Moisés a los ojos de todo Israel.