COMENTARIO
La Alianza entre el Señor e Israel —«para constituirte en pueblo suyo y Él ser tu Dios» (v. 12)— se establece no sólo con la generación presente, sino también con las futuras (vv. 13-14), con todo el pueblo, desde los notables de las tribus hasta los estratos más humildes de la sociedad, como los leñadores y aguadores, oficios generalmente desempeñados por extranjeros al servicio de los israelitas (cfr Jos 9,27).
Se insiste de nuevo en la necesidad de evitar la idolatría (vv. 15-20), y apercibe a quien —desoyendo esa advertencia— pensara evitar el castigo. La expresión proverbial: «Aunque la riada se lleve el regadío y el secano» (v. 18), de traducción dudosa, indica la extensión del castigo y, tal vez, la repercusión social del pecado.
«Pacto solemne» (vv. 11.13.18) que también podría traducirse por «juramento». Las alianzas solían ir acompañadas de unos juramentos, mediante los cuales los contrayentes reclamaban maldiciones diversas para quien no cumpliera lo pactado (cfr 27,14-26; 28,15-68).