COMENTARIO

 Dt 30,15-20 

El final del discurso dirige esta llamada solemne y patética a Israel, poniéndolo ante sus responsabilidades: es completamente libre para elegir entre el bien y el mal; pero de su fidelidad o infidelidad dependerán las bendiciones del Señor o sus castigos.

La exhortación conclusiva (vv. 19-20) resulta particularmente conmovedora: «elige la vida», viviendo para el amor del Señor, «Él es tu vida». En el Nuevo Testamento hay pasajes en los que resuenan las mismas ideas: «Yo soy la Vida», dirá el Señor (Jn 14,6); y San Pablo: «Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Ga 2,20); «para mí, el vivir es Cristo» (Flp 1,21).

Es de advertir que al comienzo del v. 16 hemos seguido el texto más amplio de la versión griega de los LXX, como también hace la Neovulgata. En el texto hebreo no viene la frase «si escuchas los mandamientos del Señor tu Dios», que sin embargo subraya mejor el contraste con lo que se dirá en el v. 17.

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