COMENTARIO

 Dt 31,9-13 

Se prescribe aquí una lectura periódica de la Ley en el año de la Remisión (cfr 15,1-18), en la que deben estar presentes todos los habitantes de Israel y no sólo los hombres, que eran quienes debían acudir normalmente a la fiesta de los Tabernáculos (cfr 16,16). Esta lectura debería facilitar el conocimiento y la familiaridad con los mandamientos del Señor (cfr 30,11-14). La indicación de que se reúnan en un mismo sitio se adapta mejor a tiempos antiguos, cuando Israel era todavía un pueblo muy pequeño; y, con todo, expresa la unidad del pueblo, de su fe y de su norma de conducta.

Haciendo una aplicación al Nuevo Testamento, San Juan Pablo II ha escrito: «Promover y custodiar, en la unidad de la Iglesia, la fe y la vida moral es la misión confiada por Jesús a los Apóstoles (cfr Mt 28,19-20), la cual se continúa en el ministerio de sus sucesores. Es cuanto se encuentra en la Tradición viva, mediante la cual —como afirma el Concilio Vaticano II— “la Iglesia con su enseñanza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree (…)”. Dentro de la Tradición se desarrolla, con la asistencia del Espíritu Santo, la interpretación auténtica de la ley del Señor. El mismo Espíritu, que está en el origen de la Revelación, de los mandamientos y de las enseñanzas de Jesús, garantiza que sean custodiados santamente, expuestos fielmente y aplicados correctamente en el correr de los tiempos y circunstancias. Esta “actualización” de los mandamientos es signo y fruto de una penetración más profunda de la Revelación y una nueva comprensión de las nuevas situaciones históricas y culturales bajo la luz de la fe» (Veritatis splendor, n. 27).

Las referencias a la actividad escritora de Moisés aparecen también en el libro del Éxodo (cfr Ex 17,14; 34,27).

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