COMENTARIO

 Dt 31,14-30 

De nuevo se refiere el autor sagrado a las infidelidades del pueblo de Israel, que traen sobre él terribles castigos. El Cántico de Moisés sirve de testimonio contra los israelitas infieles (v. 19).

La abundancia de bienes materiales resulta con frecuencia un peligro para la santidad de las personas y de los pueblos (cfr 8,7-20). Así lo vaticina este pasaje (v. 20) y lo repite el profeta Oseas: «Yo en el desierto te cuidé, en la tierra de la sequedad; Yo los apacenté y se saciaron, y, saciados, se engrió su corazón, y se olvidaron de Mí» (Os 13,6-7). De hecho, en la Historia Sagrada hubo quienes fueron justos y piadosos, hasta que al abundar en riquezas y poder se pervirtieron, como sucedió al rey Salomón (cfr 1 R 10-11).

Por otra parte, la triste experiencia del pueblo elegido se repite continuamente en la historia de los hombres que, conociendo tantos dones de Dios (la Encarnación, la muerte de Jesús en la Cruz, los Sacramentos…), se apartan de Él y le son infieles. De ahí que el Catecismo Romano exhorte a pedir «que no condescendamos con los apetitos desordenados, ni desmayemos en resistir a las tentaciones, ni nos desviemos de los caminos del Señor (Dt 31,29); que guardemos igualdad y firmeza de ánimo, así en los sucesos adversos como en los prósperos, y que en ninguna situación nos deje Dios desamparados de su protección» (4,15,15).

La apostasía de Israel es presentada con la imagen de la prostitución (v. 16), como en otros lugares del Pentateuco (cfr, p.ej., Ex 34,15-16; Lv 20,5), porque la Alianza entre el Señor y su pueblo es considerada como un matrimonio. Se trata de una figura que desarrolla ampliamente el profeta Oseas.

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