COMENTARIO

 Dt 32,1-14 

Se recuerdan con acentos poéticos entrañables los cuidados del Señor hacia su pueblo. En este sentido, se le muestra distribuyendo a las distintas naciones por el mundo y reservándose para Sí a Israel, como su porción elegida, teniendo presente hasta el número de los israelitas (vv. 8-9). En la traducción griega de los LXX, en lugar de «hijos de Israel» (v. 8) dice «ángeles de Dios» —más o menos equivalente a la variante «hijos de Dios» de algunos manuscritos hebreos—; según esto se estaría indicando que Dios encarga el cuidado de cada nación a uno de sus ángeles (cfr Dn 10,13.20-21), pero de la protección de Israel se cuida Él mismo. La descripción de la solicitud maternal de Dios por Israel resulta particularmente conmovedora en las imágenes utilizadas en los vv. 10-11.

El nombre de «la Roca» (v. 5) con el que se designa al Señor —y que se repite a lo largo del Canto— subraya su lealtad a la Alianza. Aparece también en otros lugares del Antiguo Testamento, como el Sal 89,27: «Él me invocará: ¡Tú eres mi Padre, mi Dios y la Roca de mi salvación!»; o Is 44,8b: «Vosotros sois testigos: ¿Hay otro Dios fuera de Mí? ¡No hay otra Roca; yo no la conozco!» (cfr también Sal 18,32; Is 17,10). En el Nuevo Testamento se aplica a Cristo este nombre, manifestando así su divinidad (cfr 1 Co 10,4 y nota correspondiente).

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