COMENTARIO

 Dt 32,6 

En todo el Antiguo Testamento a Dios se le llama Padre más de 20 veces. Con tal calificativo va unido el aspecto de su dominio absoluto, o el carácter radical de Creador de cielos y tierra, o de Fundador de Israel. Un texto relevante acerca de tal concepción es precisamente el presente versículo. Otros pasajes importantes para este tema son, p.ej., Ex 4,22-23, Os 11,1-4 y el mismo Dt 1,31. La paternidad de Dios, en el Antiguo Testamento, se refiere la mayoría de las veces a las relaciones con Israel en su conjunto. Son unas cincuenta veces en el Antiguo Testamento las que expresan la relación paterno–filial entre Dios y el pueblo de Israel. El Señor, pues, se relaciona con Israel como un padre con su hijo, a quien da la vida y el sustento, a quien llena de beneficios (cfr Jr 31,9) y también corrige (cfr Pr 3,11-12). El sentido más íntimo y profundo de la paternidad divina se encuentra en las oraciones del justo en los Salmos (cfr Sal 88) y en los libros Sapienciales (cfr Si 23,1.4; Sb 2,16; 14,3).

Sin embargo, la piedad individual israelita no había llegado a expresarse en los términos en que lo hace Jesucristo y lo enseña a sus discípulos. Los textos del Nuevo Testamento a este respecto son innumerables. Acudir a Dios como padre en la piedad personal podemos decir que fue una revelación de Jesús, recibida por la primitiva comunidad cristiana.

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