COMENTARIO

 Dt 32,19-33 

La lógica indignación del Señor trae como consecuencia el castigo de Israel. A su perversión con los ídolos, no–dioses, Dios va a responder permitiendo que sean avasallados por una nación pagana, «un no–pueblo» (v. 21). Incluso podría permitir la desaparición del pueblo elegido (v. 26); pero la necedad y arrogancia de los opresores, atribuyendo a su propio poderío lo que es un castigo del Señor, lo impiden (vv. 26-33): es un argumento similar al que utiliza Moisés cuando —tras el episodio del becerro de oro— el Señor habla de destruir a su pueblo (9,25-29; Ex 32,7-14).

En su Carta a los Romanos San Pablo aplicará el v. 21 a la conversión de los gentiles, en contraste con la infidelidad de Israel (cfr Rm 10,19).

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