COMENTARIO

 Jos 1,1-18 

El libro del Deuteronomio terminaba hablando de la muerte y el sepelio de Moisés (Dt 34,1-12). Era el fin de una etapa en la que el pueblo de Dios, guiado por Moisés, había experimentado la protección del Señor en el largo camino recorrido desde su salida de Egipto hasta las puertas de la tierra prometida. Ahora comienza una nueva etapa. Josué sucede a Moisés, y todo el pueblo se dispone a tomar posesión de la tierra que Dios había prometido a sus padres. El libro de Josué tratará del establecimiento de las tribus israelitas en ese territorio y del reparto de la tierra entre las distintas tribus. A estos dos temas se dedicarán respectivamente la primera (2,1-12,24) y la segunda parte del libro (13,1-21,45). Enmarcando ambas partes, el autor sagrado puso un prólogo (1,1-18) y un epílogo (22,1-24,34), que centran la atención sobre dos aspectos de particular relevancia para el mensaje de esta obra: la continuidad entre las misiones de Josué y Moisés como mediadores entre Dios y el pueblo (1,1-9 y 23,1-24,33); y la unidad de ese pueblo cuyas tribus realizan juntas la conquista de todo el país (1,10-18 y 22, 1-34).

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