1Jos1Después de la muerte de Moisés, el siervo del Señor, el Señor habló a Josué, hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo:
2—Moisés, mi siervo, ha muerto. Ahora levántate y tú, junto con todo este pueblo, pasa el Jordán camino de la tierra que Yo doy a los hijos de Israel. 3Les he dado todos los lugares adonde lleguen sus pisadas, tal como prometí a Moisés. 4Su territorio se extenderá desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Éufrates y abarcará toda la tierra de los hititas hasta el Mar Grande por occidente. 5Nadie se te resistirá en toda tu vida. Lo mismo que estuve con Moisés, estaré contigo. No te rechazaré ni te abandonaré. 6Tú sé fuerte y valiente. Tú vas a repartir a este pueblo la tierra que juré a sus padres que iba a darles. 7Sé muy fuerte y valiente para custodiar y llevar a la práctica toda la Ley que te mandó mi siervo Moisés. No te desvíes ni a derecha ni a izquierda y tendrás éxito allí donde vayas. 8Que no se aparte de tus labios el libro de esta Ley. Medítalo día y noche para llevar a la práctica todo lo que está escrito en él. Así triunfarás en tus caminos y tendrás éxito. 9¿No te he mandado que seas fuerte y valiente? Pues no te acobardes ni tengas miedo, que el Señor, tu Dios, está contigo allá donde vayas.
10Josué dio la siguiente orden a los capataces del pueblo:
11—Pasen por medio del campamento y transmitan al pueblo esta orden: «Abastézcanse de provisiones porque dentro de tres días pasarán el Jordán para tomar posesión de la tierra que el Señor, su Dios, les va a entregar».
12A los de Rubén, a los de Gad y a media tribu de Manasés les dijo:
13—Recuerden el mandato que Moisés, el siervo del Señor, les impuso. El Señor, su Dios, les ha proporcionado un lugar de reposo al entregarles esta tierra. 14Sus mujeres, niños y ganado permanecerán en la tierra que Moisés les ha asignado tras el Jordán. Pero ustedes, los guerreros, lo pasarán armados al frente de sus hermanos para prestarles ayuda 15hasta que el Señor les proporcione un lugar de reposo como a ustedes, y hasta que también ellos hayan tomado posesión de la tierra que el Señor, su Dios, les ha otorgado. Entonces podrán volver a la tierra de su propiedad, la que les otorgó Moisés, el siervo del Señor, al oriente del Jordán, y tomar posesión de ella.
16Respondieron a Josué:
—Haremos todo lo que nos ordenas e iremos adonde nos envíes. 17Como obedecimos en todo a Moisés, así te obedeceremos a ti. Nos basta que el Señor, tu Dios, esté contigo como estuvo con Moisés. 18Todo el que te contradiga y no obedezca tus órdenes, cualesquiera que sean, morirá. ¡Tú, sé fuerte y valiente!
2Jos1Josué, hijo de Nun, envió en secreto desde Sitim dos exploradores diciendo:
—Vayan e inspeccionen la tierra, especialmente Jericó.
Ellos se fueron, llegaron a casa de una prostituta llamada Rajab y se alojaron allí. 2Pero enseguida llegó la noticia al rey de Jericó:
—Mira, unos israelitas han llegado aquí esta noche para explorar toda esta tierra.
3El rey de Jericó mandó que dijeran a Rajab:
—Saca a los hombres que se han llegado a ti, los que vinieron a tu casa, porque vienen a espiar toda esta tierra.
4Pero la mujer tomó a los dos hombres, los escondió y dijo:
—Es verdad, unos hombres vinieron aquí, pero yo no sabía de dónde eran. 5Al oscurecer, cuando iban a cerrar la puerta, esos hombres se marcharon. No sé adónde han ido. Persíganlos a prisa, que los alcanzarán.
6Ella los había hecho subir a la azotea de su casa y los había escondido entre unos haces de lino que tenía almacenados en la azotea.
7Entonces los otros iniciaron su búsqueda camino del Jordán, hacia los vados. En cuanto salieron los perseguidores se cerró la puerta.
8Todavía no se habían acostado los exploradores cuando ella subió a la azotea en la que estaban 9y les dijo:
—Sé que el Señor les ha otorgado esta tierra y estamos atemorizados. Todos los habitantes de esta tierra se han echado a temblar ante ustedes 10porque hemos oído cómo el Señor les secó las aguas del Mar Rojo al salir de Egipto y lo que hicieron a los dos reyes amorreos del otro lado del Jordán, a Sijón y a Og, a quienes exterminaron. 11Cuando oímos esto, nuestro corazón desfalleció y todos nos hemos quedado sin valor ante ustedes, porque el Señor, su Dios, es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra. 12De modo que hagan ahora el favor de jurarme por el Señor que, así como he tenido piedad de ustedes, también ustedes tendrán piedad de mi familia; denme como prenda alguna señal 13de que dejarán con vida a mi padre, madre, hermanos, hermanas y todo lo que poseen, y de que nos librarán de la muerte.
14Los hombres le respondieron:
—La vida de ustedes por la nuestra siempre que no nos delates. Cuando el Señor nos entregue esta tierra te seremos fieles y tendremos piedad de ti.
15Entonces ella los descolgó con una soga a través de su ventana, porque la casa en donde vivía estaba en la misma pared de la muralla. 16Y les dijo:
—Escapen hacia el monte, no vaya a ser que sus perseguidores den con ustedes. Escóndanse allí durante tres días hasta que ellos regresen. Después, reemprendan su camino.
17Los hombres le respondieron:
—Nosotros cumpliremos la promesa que nos has hecho jurar. 18Así que, cuando entremos en esta tierra, ata este cordón de hilo púrpura a la ventana por la que nos has descolgado y reúne en tu casa a tu padre, madre, hermanos y a toda tu familia. 19Si alguien sale fuera de las puertas de tu casa, él será responsable de su muerte y nosotros seremos inocentes. Pero si alguien pone la mano encima de cualquiera que esté contigo en casa, su sangre caerá sobre nuestras cabezas. 20En cambio, si nos delatas, seremos inocentes de que no se cumpla esta promesa que nos has hecho jurar.
21Ella respondió:
—Sea conforme a la palabra de ustedes —y los despidió.
Ellos se marcharon y la mujer ató el cordón de hilo púrpura a la ventana. 22Al irse se diirigieron al monte y se quedaron allí tres días hasta que sus perseguidores regresaron. Éstos habían rastreado todo el camino pero no habían encontrado nada. 23Los dos hombres se dieron la vuelta, bajaron del monte, vadearon el río, llegaron hasta Josué, hijo de Nun, y le contaron todo lo que les había ocurrido. 24Le dijeron:
—Verdaderamente el Señor ha puesto en nuestras manos toda esta tierra: todos sus habitantes se han echado a temblar ante nosotros.
3Jos1Josué se levantó al amanecer y partió de Sitim junto con todos los israelitas. Llegaron al Jordán y acamparon allí antes de pasarlo. 2Al cabo de tres días, los capataces pasaron por el campamento 3transmitiendo al pueblo esta orden:
—Cuando vean que el arca de la alianza del Señor, su Dios, es llevada por los sacerdotes levitas, pónganse en marcha desde el lugar donde estén y caminen tras ella 4guardando una distancia de unos dos mil codos, sin acercarse a ella. De este modo sabrán el camino que deben seguir ya que no han pasado antes por allí.
5Josué se dirigió al pueblo:
—Purifíquense, que el Señor va a hacer mañana cosas prodigiosas en medio de ustedes.
6Y, después, a los sacerdotes:
—Levanten el arca de la alianza y pasen delante del pueblo.
Ellos levantaron el arca de la alianza y marcharon delante del pueblo.
7Entonces el Señor dijo a Josué:
—A partir de hoy te haré grande a los ojos de todo Israel porque sabrán que estaré contigo lo mismo que estuve con Moisés. 8Tú, da esta orden a los sacerdotes que llevan el arca de la alianza: «Cuando lleguen a la orilla del Jordán, deténganse».
9Josué dijo a los israelitas:
—Acérquense aquí y escuchen las palabras del Señor, su Dios.
10Y añadió Josué:
—Van a saber que el Dios vivo está en medio de ustedes y les quitará de delante al cananeo, al hitita, al jeveo, al perezeo, al guirgaseo, al amorreo y al jebuseo. 11Miren, el arca del Señor de toda la tierra va a cruzar el Jordán delante de ustedes. 12Tomen, pues, doce hombres de las tribus de Israel, un hombre por cada tribu. 13Cuando los sacerdotes que llevan el arca del Señor, el Señor de toda la tierra, apoyen la planta de sus pies en las aguas del Jordán, las aguas del Jordán se dividirán y las aguas que bajan desde arriba se alzarán como un dique.
14El pueblo partió del campamento para pasar el Jordán, y los sacerdotes llevaban el arca de la alianza delante del pueblo. 15Y en cuanto los que llevaban el arca llegaron al río, cuando los pies de los sacerdotes que llevaban el arca se sumergieron en el agua de la orilla —pues el Jordán durante todo el tiempo de la siega inunda sus riberas—, 16se detuvieron las aguas que bajaban desde arriba; y, muy lejos, en Adam, la ciudad que está al lado de Saretón, se alzaron como un dique. Mientras, las aguas que bajaban al Mar de la Arabá, al Mar de la Sal, se separaron de ellas por completo. Y el pueblo pasó frente a Jericó. 17En tanto que todo Israel pasaba por tierra seca, los sacerdotes que llevaban el arca de la alianza del Señor permanecían quietos en lugar seco en medio del cauce del río hasta que toda la gente terminó de pasar el Jordán.
4Jos1Cuando toda la gente terminó de pasar el Jordán, el Señor dijo a Josué:
2—Tomen a doce hombres del pueblo, un hombre por cada tribu, 3y denles esta orden: «Llévense doce piedras del cauce del Jordán, del lugar en que se han apoyado los pies de los sacerdotes; tómenlas con ustedes y déjenlas donde pasen esta noche».
4Entonces Josué llamó a los doce hombres que habían seleccionado los israelitas, uno por cada tribu, 5y les dijo:
—Pasen delante del arca del Señor, su Dios, al cauce del Jordán y que cada uno cargue una piedra sobre sus hombros, una piedra por cada tribu de los israelitas, 6para que sea una señal entre ustedes. Cuando el día de mañana sus hijos les pregunten: «¿Qué significado tienen para ustedes esas piedras?», 7les dirán: «Las aguas del Jordán se dividieron delante del arca de la alianza del Señor. Mientras ella pasaba el Jordán, sus aguas se separaron». Estas piedras serán un memorial perpetuo para los israelitas.
8Los israelitas hicieron lo que Josué les había mandado y se llevaron doce piedras del cauce del Jordán, tal como el Señor le había ordenado a Josué, una por cada tribu de los israelitas. Se las llevaron hasta el lugar en donde iban a pasar la noche y las dejaron allí. 9Josué también erigió doce piedras en el cauce del Jordán, en el sitio donde se habían apoyado los pies de los sacerdotes que llevaban el arca de la alianza, y allí están hasta el día de hoy.
10Los sacerdotes que llevaban el arca permanecían de pie en el cauce del Jordán mientras se terminaba de hacer todo lo que Josué había dicho al pueblo conforme a las instrucciones del Señor, tal como se lo había mandado Moisés. El pueblo se dio prisa en pasar 11y, en cuanto terminó de pasar todo el pueblo, pasaron también el arca del Señor y los sacerdotes, que se pusieron al frente del pueblo. 12Los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la mitad de la tribu de Manasés pasaron armados delante de los israelitas, según lo había mandado Moisés. 13Desfilaron delante del Señor unos cuarenta mil guerreros armados, dispuestos para el combate, hacia las estepas de Jericó. 14Aquel día el Señor hizo grande a Josué a los ojos de todo Israel, y lo respetaron como habían respetado a Moisés todos los días de su vida.
15El Señor dijo a Josué:
16—Manda a los sacerdotes que llevan el arca del testimonio que salgan del Jordán.
17Y Josué les transmitió la orden:
—Salgan del Jordán.
18Cuando los sacerdotes que llevaban el arca de la alianza del Señor salieron del cauce del Jordán y sus pisadas se encaminaron hacia terreno seco, las aguas del Jordán llenaron su cauce y corrieron rebosantes como en los días anteriores.
19El pueblo salió del Jordán el día diez del mes primero y acampó en Guilgal, al oriente de Jericó. 20Josué hizo erigir en Guilgal aquellas doce piedras que habían sacado del Jordán 21y dijo a los israelitas:
—Cuando el día de mañana sus hijos pregunten a sus padres: «¿Qué son estas piedras?», 22les dirán para que lo sepan: «Israel pasó el Jordán por tierra seca, 23pues el Señor, su Dios, les secó las aguas del Jordán hasta que ustedes pasaron, 24lo mismo que nos secó el Mar Rojo hasta que nosotros pasamos, 25para que todos los pueblos de la tierra sepan qué poderosa es la mano del Señor y teman siempre al Señor, su Dios».
5Jos1Cuando todos los reyes amorreos del lado oeste del Jordán y todos los reyes cananeos cercanos al mar oyeron que el Señor les había secado a los israelitas las aguas del Jordán hasta que hubieron pasado, desfallecieron en su corazón y no tuvieron el valor de enfrentarse a ellos.
2En aquel tiempo dijo el Señor a Josué:
—Hazte unos cuchillos de pedernal y circuncida de nuevo a los israelitas.
3Josué se hizo unos cuchillos de pedernal y circuncidó a los israelitas en la colina de Aralot. 4Josué los circuncidó por este motivo: todos los varones del pueblo que habían salido de Egipto —todos los guerreros— habían muerto en el desierto a lo largo del camino. 5Aunque todos los que habían salido de Egipto estaban circuncidados, ninguno de los que nacieron en el desierto a lo largo del camino fue circuncidado. 6Los israelitas anduvieron por el desierto durante cuarenta años hasta que pereció todo ese tropel de guerreros salidos de Egipto que no habían obedecido a la voz del Señor. A ellos el Señor les juró que no verían la tierra que había prometido a sus antepasados que iba a dar, una tierra que mana leche y miel. 7Tras ellos suscitó a sus hijos, a los que Josué circuncidó porque estaban sin circuncidar, ya que nadie los había circuncidado en el camino. 8Cuando terminó de circuncidar a toda aquella gente, se quedaron en el campamento donde estaban hasta que se restablecieron. 9El Señor dijo a Josué:
—Hoy les he quitado de encima el oprobio de Egipto.
Y se llamó a aquel lugar Guilgal hasta el día de hoy.
10Los israelitas estaban acampados en Guilgal y celebraron la Pascua la tarde del día catorce de ese mes en las estepas de Jericó. 11Y desde el mismo día siguiente a la Pascua comieron de los productos de la tierra: panes ácimos y grano tostado. 12El maná desapareció a partir de ese día en que comieron los productos de la tierra. El maná se terminó para los israelitas, pero aquel año comieron de lo que produjo la tierra de Canaán.
13Cuando Josué estaba en Jericó, alzó sus ojos y vio a un hombre que estaba de pie frente a él con una espada desenvainada en la mano. Josué se dirigió hacia él y le dijo:
—¿Eres de los nuestros o de nuestros enemigos?
14Él respondió:
—No. Soy el jefe del ejército del Señor y acabo de llegar.
15Josué se postró rostro en tierra, lo adoró y le dijo:
—¿Qué dice mi señor a su siervo?
16El jefe del ejército del Señor le dijo:
—Quítate las sandalias de los pies, pues el lugar en el que estás es santo.
Y Josué así lo hizo.
6Jos1Jericó estaba completamente cerrada a causa de los israelitas; nadie se atrevía a entrar ni a salir. 2El Señor dijo a Josué:
—Mira, pongo en tus manos Jericó, a su rey y a sus valientes guerreros. 3Que todos los combatientes rodeen la ciudad dándole una vuelta. Así harán durante seis días. 4Siete sacerdotes llevarán siete trompetas de cuerno de carnero delante del arca. El día séptimo den la vuelta a la ciudad siete veces, y que los sacerdotes hagan sonar las trompetas. 5Cuando suene el cuerno de carnero, cuando escuchen el sonido de la trompeta, que todo el pueblo dé un gran alarido: la muralla de la ciudad se desplomará sobre sí misma. Entonces el pueblo se lanzará al asalto, cada uno hacia lo que tenga delante.
6Josué, hijo de Nun, llamó a los sacerdotes y les dijo:
—Lleven el arca de la alianza, y que siete sacerdotes lleven siete trompetas de carnero delante del arca del Señor.
7Y dijo al pueblo:
—Den una vuelta a la ciudad, y que las tropas de vanguardia pasen delante del arca del Señor.
8Se hizo como Josué había dicho al pueblo. Los siete sacerdotes que llevaban las siete trompetas de carnero pasaron delante del Señor haciéndolas sonar mientras el arca de la alianza del Señor les seguía. 9Las tropas de vanguardia iban delante de los sacerdotes que hacían sonar las trompetas y el resto iba detrás del arca caminando mientras éstas sonaban. 10Josué había dado órdenes al pueblo diciendo:
—No griten. Que no se les oiga, que no salga ni una palabra de su boca hasta el momento en que les diga: «¡Griten!». Entonces gritarán.
11El arca de la alianza dio una vuelta alrededor de la ciudad y regresó al campamento. Allí pasaron la noche.
12Josué se levantó al amanecer y los sacerdotes tomaron el arca del Señor. 13Siete sacerdotes iban delante del arca del Señor con siete trompetas de carnero que hacían sonar mientras caminaban. Las tropas de vanguardia iban delante de ellos y el resto iba detrás del arca, caminando mientras sonaban las trompetas. 14El día segundo dieron otra vuelta alrededor de la ciudad y regresaron al campamento. Así hicieron durante seis días.
15El día séptimo se levantaron al disiparse la oscuridad y dieron siete vueltas a la ciudad de esa misma manera; aquel día fue el único que dieron siete vueltas a la ciudad. 16Al dar la séptima vuelta los sacerdotes hicieron sonar las trompetas y Josué dijo al pueblo:
—¡Griten! El Señor les ha entregado la ciudad. 17La ciudad y todo lo que hay en ella serán consagrados al anatema en honor del Señor. Sólo sobrevivirán Rajab, la prostituta, y quienes se encuentren en su casa, porque ella escondió a los mensajeros que enviamos. 18Tengan mucho cuidado con el anatema, no vaya a ser que dejen algo de lo consagrado al anatema sin destruir y se lo queden, porque entonces harían recaer el anatema sobre el campamento de Israel y le ocasionarían una desgracia. 19Toda la plata, el oro y los objetos de bronce y de hierro están consagrados al Señor: se depositarán en su tesoro.
20El pueblo gritó y sonaron las trompetas. Cuando el pueblo oyó el sonido de la trompeta, dio un gran alarido y la muralla se desplomó sobre sí misma. Entonces el pueblo se lanzó al asalto de la ciudad, cada uno hacia lo que tenía delante, y la tomaron. 21Consagraron al anatema todo lo que había en ella: pasaron a filo de espada a hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, a bueyes, ovejas y burros.
22Josué dijo a los dos hombres que habían explorado la tierra:
—Vayan a casa de la prostituta y sáquenla de allí junto con sus pertenencias, tal como se lo habían jurado.
23Los jóvenes exploradores fueron y sacaron a Rajab, a su padre, a su madre, a sus hermanos y todo lo que tenía. Sacaron a toda su familia y los instalaron fuera del campamento de Israel.
24Prendieron fuego a la ciudad y a cuanto había en ella, pero la plata, el oro y los objetos de bronce y de hierro los depositaron en el tesoro de la casa del Señor. 25Josué dejó con vida a Rajab, la prostituta, a su parentela y a todo lo que tenía. Ella se quedó con Israel hasta el día de hoy por haber escondido a los mensajeros que Josué había enviado a explorar Jericó.
26En aquella ocasión Josué pronunció el siguiente juramento:
—¡Maldito sea delante del Señor quien levante y reconstruya esta ciudad de Jericó! ¡Que ponga sus cimientos sobre su hijo mayor y coloque sus puertas sobre su hijo menor!
27El Señor estaba con Josué y su fama se extendió por toda la tierra.
7Jos1Pero los israelitas violaron las normas del anatema, pues Acán, hijo de Carmí, hijo de Zabdí, hijo de Zéraj, de la tribu de Judá, se quedó con algo consagrado al anatema. Por eso se encendió la ira del Señor contra los israelitas.
2Josué había enviado unos hombres desde Jericó a Ay, que está junto a Bet–Aven, al este de Betel, y les había dicho:
—Suban a explorar la tierra.
Aquellos hombres subieron a explorar Ay 3y al volver dijeron a Josué:
—Que no suba todo el pueblo. Dos o tres mil hombres son suficientes para asaltar y conquistar la ciudad. No hace falta que todo el pueblo se moleste en acercarse allí pues ellos son pocos.
4Subieron allí unos tres mil hombres del pueblo y se tuvieron que batir en retirada ante los hombres de Ay. 5Los hombres de Ay mataron como a treinta y seis de ellos: los persiguieron desde delante de la puerta hasta Sebarim y los derrotaron en la bajada. Entonces el corazón del pueblo desfalleció y se les hizo como agua.
6Josué se rasgó las vestiduras, se postró rostro en tierra ante el arca del Señor hasta la tarde, junto con los ancianos de Israel, y se echaron polvo sobre sus cabezas. 7Josué dijo:
—¡Ah Señor, Dios mío! ¿Para qué has hecho cruzar el Jordán a este pueblo? ¿Para dejarnos en manos de los amorreos y exterminarnos? ¡Ojalá nos hubiéramos quedado al otro lado del Jordán! 8Y yo, Señor mío, ¿qué voy a decir después de que Israel ha vuelto la espalda ante sus enemigos? 9Los cananeos y todos los habitantes de esta tierra se enterarán, nos rodearán y borrarán nuestro nombre de la tierra. ¿Qué vas a hacer por tu grandioso nombre?
10El Señor dijo a Josué:
—¡Anda, levántate! ¿Por qué yaces postrado rostro en tierra? 11Israel ha pecado, ha violado el pacto que les impuse. Se han quedado con algo consagrado al anatema, lo han robado y lo han escondido poniéndolo entre sus enseres. 12Los israelitas no podrán hacer frente a sus enemigos sino que les darán la espalda porque se han convertido en anatema. No volveré a estar con ustedes mientras no destruyan al que se ha convertido en anatema.
13»¡Levántate! Purifica al pueblo y diles: «Purifíquense para mañana, pues así dice el Señor, Dios de Israel: “Lo consagrado al anatema está en medio de ti, Israel, y no podrás hacer frente a tus enemigos mientras no aparten de ustedes al que se ha convertido en anatema”».
14»Por la mañana se presentarán según sus tribus, y la tribu que el Señor designe se presentará por clanes, y el clan que el Señor designe se presentará por familias, y de la familia que el Señor designe se presentarán todos sus miembros. 15Y el que sea designado como anatema será quemado en la hoguera junto con todo lo que tiene, pues ha violado el pacto con el Señor y ha cometido una infamia en Israel.
16Josué se levantó por la mañana e hizo que se presentara Israel por tribus, y fue designada la tribu de Judá. 17Se presentaron los clanes de Judá, y fue designado el clan de Zéraj. Se presentó el clan de Zéraj por familias, y fue designado Zabdí. 18Se presentaron los miembros de su familia, y fue designado Acán, hijo de Carmí, hijo de Zabdí, hijo de Zéraj, de la tribu de Judá. 19Josué dijo a Acán:
—Hijo mío, glorifica al Señor, Dios de Israel, y confiésalo. Cuéntame lo que has hecho, no me lo ocultes.
20Acán respondió a Josué diciendo:
—Es verdad que he pecado contra el Señor, Dios de Israel, porque he hecho esto: 21cuando vi entre el botín un buen manto de Sinar, doscientos siclos de plata y un lingote de oro de cincuenta siclos de peso, me encapriché de ellos y me los llevé. Están escondidos en tierra dentro de mi tienda, con la plata debajo.
22Josué entonces mandó a unos mensajeros que fueron corriendo a su tienda; y comprobaron que allí estaba todo escondido, con la plata debajo. 23Lo sacaron del interior de la tienda y lo llevaron a Josué y a todos los israelitas. Ellos lo depositaron delante del Señor.
24Josué, y todo Israel con él, tomó a Acán, hijo de Zéraj, con la plata, el manto y el lingote de oro, así como a sus hijos e hijas, bueyes, asnos, ovejas, su tienda y todo lo que tenía, y los subieron al valle de Acor. 25Y dijo Josué:
—¡Que el Señor te traiga en el día de hoy la desventura que nos has traído!
Todo Israel le lapidó; quemaron sus bienes en la hoguera y los cubrieron de piedras. 26Y levantaron sobre él un gran montón de piedras que se conserva hasta el día de hoy. Así se aplacó el Señor del furor de su ira. Por eso aquel lugar se llama valle de Acor hasta el día de hoy.
8Jos1El Señor dijo a Josué:
—No temas ni desfallezcas. Toma contigo todo el ejército y sube al asedio de Ay. Mira, pongo en tus manos al rey de Ay, su pueblo, su ciudad y toda su tierra. 2Haz con Ay y con su rey lo mismo que hiciste con Jericó y con su rey. Se podrán quedar, sin embargo, con su botín y su ganado. Prepara una emboscada por detrás de la ciudad.
3Josué subió entonces al asedio de Ay junto con todo el ejército. Escogió a treinta mil guerreros y los envió de noche 4con las siguientes órdenes:
—Escóndanse por detrás de la ciudad, pero sin alejarse mucho, y esten preparados. 5Toda la gente que me acompaña y yo nos acercaremos a la ciudad, y cuando salgan por nosotros, como sucedió la primera vez, nos batiremos en retirada. 6Saldrán en nuestra persecución hasta lejos de la ciudad, pues se dirán: «Huyen de nosotros como la otra vez». Así que, mientras nos damos a la fuga, 7salgan de su escondite y conquisten la ciudad. El Señor, su Dios, la pondrá en sus manos. 8Y cuando la hayan tomado préndanle fuego, tal como el Señor lo ha mandado. ¡Éstas son mis órdenes!
9Josué los despidió y se fueron a preparar la emboscada situándose entre Betel y Ay, al oeste de Ay. Josué pasó aquella noche con el pueblo.
10Muy de mañana se levantó Josué, pasó revista a la tropa y subió hacia Ay, marchando él y los ancianos de Israel a la cabeza del pueblo. 11Todos los guerreros que lo acompañaban en el asalto avanzaron hasta llegar frente a la ciudad y acamparon al norte de Ay, separados de ésta por el valle. 12Tomó, pues, a unos cinco mil hombres y preparó una emboscada entre Betel y Ay, al oeste de la ciudad. 13El grueso del ejército instaló el campamento al norte de la ciudad, con la avanzadilla al oeste. Josué avanzó aquella noche hasta el medio del valle. 14En cuanto el rey de Ay se dio cuenta, se levantó a toda prisa y salió junto con todo su pueblo, todos los hombres de la ciudad, dispuesto a presentar batalla a Israel en el lugar convenido, frente a la Arabá. Él no sabía que había una emboscada por detrás de la ciudad. 15Entonces Josué y todo Israel simularon que eran derrotados y huyeron en dirección al desierto. 16Todo el ejército de la ciudad fue convocado a salir tras ellos. Salieron en persecución de Josué y se fueron alejando de la ciudad. 17No quedó nadie en Ay ni en Betel que no saliera tras Israel. Cuando salieron tras Israel, dejaron la ciudad abierta.
18Entonces dijo el Señor a Josué:
—Dirige hacia Ay la lanza que tienes en tu mano, porque en tu mano te la entregaré.
Josué dirigió la lanza que tenía en su mano hacia la ciudad, 19y los emboscados se levantaron a prisa de donde estaban y corrieron en la dirección que él les indicaba con su mano. Llegaron a la ciudad, la conquistaron y rápidamente le prendieron fuego. 20Cuando los hombres de Ay volvieron la vista atrás, vieron que el humo de su ciudad subía hacia el cielo y que estaba fuera de su alcance el escapar hacia delante o hacia atrás: el ejército que escapaba hacia el desierto se había vuelto contra ellos 21—pues cuando Josué y todo el pueblo vieron que los emboscados habían conquistado la ciudad y que ascendía humo de ella, se dieron la vuelta y atacaron a los hombres de Ay—. 22Éstos se vieron en medio de Israel por uno y otro lado, ya que también los de la ciudad habían salido contra ellos, y fueron derrotados sin que quedase ningún superviviente ni fugitivo. 23Pero atraparon vivo al rey de Ay y se lo llevaron a Josué.
24Una vez que Israel mató en el campo, en el desierto por donde los habían perseguido, a todos los habitantes de Ay de modo que hasta el último de ellos cayese a filo de espada, todo Israel se volvió hacia Ay. Pasaron también a filo de espada a los que estaban en la ciudad. 25Aquel día cayeron doce mil entre hombres y mujeres, todos los habitantes de Ay. 26Josué no dobló el brazo que tenía extendido con la lanza hasta que exterminaron a todos los habitantes de Ay.
27Israel se quedó solamente con los ganados y con el botín de la ciudad, conforme a lo que el Señor había dicho a Josué. 28Josué prendió fuego a Ay y la convirtió en un montón perpetuo de ruinas que dura hasta el día de hoy, 29y colgó de un árbol al rey de Ay hasta el atardecer. Cuando se puso el sol, Josué mandó que bajaran del árbol su cadáver. Lo arrojaron a la entrada de la puerta de la ciudad y levantaron sobre él un gran montón de piedras que se conserva hasta el día de hoy.
30Entonces Josué construyó un altar al Señor, Dios de Israel, en el monte Ebal, 31un altar de piedras sin labrar, sobre las que nunca había trabajado el hierro, tal como lo había mandado Moisés, el siervo del Señor, a los israelitas, de acuerdo con lo que está escrito en el libro de la Ley de Moisés. Y sobre él ofrecieron al Señor holocaustos y sacrificios de comunión. 32Allí, delante de los israelitas, escribió sobre piedras una copia de la Ley que Moisés había escrito. 33Todo Israel, sus ancianos, sus capataces y sus jueces, así como los extranjeros y los nativos, estaban de pie a uno y otro lado del arca, frente a los sacerdotes levitas que llevaban el arca de la alianza del Señor, la mitad junto al monte Garizim y la otra mitad junto al monte Ebal, como lo había dispuesto Moisés, el siervo del Señor, para la primera bendición al pueblo de Israel. 34Después leyó todas las palabras de la Ley, la bendición y la maldición, tal y como está escrito en el libro de la Ley. 35Josué no dejó de leer en presencia de toda la asamblea de Israel, de las mujeres, de los niños y de los extranjeros que marchaban con ellos, ni una palabra de cuanto había mandado Moisés.
9Jos1Cuando se enteraron, todos los reyes de este lado del Jordán, de la montaña, de la Sefelá y de toda la costa del Mar Grande hasta el Líbano —hititas, amorreos, cananeos, perezeos, jeveos y jebuseos— 2se aliaron para hacer un frente común contra Josué y contra Israel.
3Pero los habitantes de Gabaón se habían enterado de lo que Josué había hecho con Jericó y con Ay, 4de modo que actuaron con astucia. Se fueron a disfrazar y colocaron sobre sus asnos unas alforjas raídas y odres de vino desgastados, rasgados y remendados, 5se pusieron calzados rotos y parcheados en sus pies, y se vistieron con ropas andrajosas; todo el pan de sus provisiones estaba duro y se deshacía en migajas. 6Se encaminaron hacia Josué que estaba en el campamento de Guilgal para decirle a él y a todos los israelitas:
—Venimos de una tierra lejana. Hagan una alianza con nosotros.
7Los israelitas respondieron a aquellos jeveos:
—Podría ser que vivieran cerca de nosotros. ¿Cómo vamos a hacer una alianza con ustedes?
8Y dijeron a Josué:
—Somos siervos tuyos.
Josué les dijo:
—¿Quiénes son y de dónde vienen?
9Le respondieron:
—Tus siervos venimos de una tierra muy lejana atraídos por el renombre del Señor, tu Dios, ya que nos ha llegado noticia de su fama, de todo lo que hizo en Egipto 10y de todo lo que hizo a los dos reyes amorreos del otro lado del Jordán, a Sijón, rey de Jesbón, y a Og, rey de Basán, que estaba en Astarot. 11Los ancianos y todos los habitantes de nuestra tierra nos dijeron: «Abastézcanse de provisiones para el camino, salgan a su encuentro y díganles: “Somos siervos suyos, hagan una alianza con nosotros”». 12Éste es nuestro pan: estaba caliente cuando lo tomamos de nuestras casas el día que salimos al encuentro de ustedes, y ahora está duro y convertido en migajas. 13Estos odres los llenamos cuando estaban nuevos, y ahora están rasgados. Éstas son nuestras ropas y calzados, gastados por tan largo camino.
14Los hombres de Israel compartieron sus provisiones sin consultar el oráculo del Señor. 15Josué hizo con ellos un acuerdo de paz y se comprometió mediante una alianza a dejarlos vivir. Así se lo juraron los príncipes de la comunidad.
16Pero sucedió que al cabo de tres días de haberse comprometido con ellos mediante esa alianza, se enteraron de que eran sus vecinos y de que habitaban a su lado. 17De modo que los israelitas se pusieron en marcha y al tercer día llegaron a sus ciudades. Éstas eran: Gabaón, Quefirá, Beerot y Quiriat–Yearim. 18Pero los israelitas no los mataron ya que los príncipes de la comunidad así se lo habían jurado por el Señor, Dios de Israel. Entonces toda la comunidad se puso a murmurar de sus príncipes. 19Pero todos ellos les dijeron:
—Nosotros se lo juramos así por el Señor, Dios de Israel; por eso ahora no podemos hacerles daño. 20De modo que les haremos lo siguiente: los dejaremos con vida para que no descargue la ira sobre nosotros por no haber cumplido el juramento que les hicimos. 21Los dejaremos con vida —insistieron los príncipes— pero se quedarán como leñadores y aguadores al servicio de toda la comunidad.
Se actuó de acuerdo con lo expresado por los príncipes.
22Josué los llamó y les dijo:
—¿Por qué nos han engañado diciendo que eran de muy lejos, cuando en realidad viven a nuestro lado? 23¡Malditos sean! Ninguno de ustedes dejará de ser siervo, leñador y aguador, de la casa de mi Dios.
24Respondieron a Josué:
—Había llegado noticia a tus siervos de lo que el Señor, tu Dios, había dicho a Moisés, su siervo: que les entregaría toda esta tierra y haría desaparecer de la presencia de ustedes a todos sus habitantes. Por eso, por causa suya, temimos mucho por nuestras vidas y hemos actuado así. 25Ahora estamos en tus manos. Haz con nosotros lo que te parezca bueno y justo.
26Hizo con ellos lo que había dicho, protegiéndolos de los israelitas para que no les dieran muerte. 27Entonces Josué los destinó a ser leñadores y aguadores al servicio de la comunidad y del altar del Señor hasta el día de hoy, en el lugar que él escogería.
10Jos1Cuando Adoní–Sédec, rey de Jerusalén, se enteró de que Josué había conquistado Ay y la había exterminado —pues hizo con Ay y con su rey lo mismo que había hecho con Jericó y con su rey—, y de que los habitantes de Gabaón habían hecho la paz con Israel y estaban con ellos, 2se llenó de terror, ya que Gabaón era una ciudad grande, tan importante como una ciudad real, mayor que Ay, y todos sus hombres eran aguerridos. 3Adoní–Sédec, rey de Jerusalén, envió a decir a Hoham, rey de Hebrón, a Piram, rey de Yarmut, a Yafía, rey de Laquís, y a Debir, rey de Eglón:
4—Vengan, ayúdenme. Vamos a asediar Gabaón pues ha hecho la paz con Josué y con los israelitas.
5Los cinco reyes amorreos —el rey de Jerusalén, el rey de Hebrón, el rey de Yarmut, el rey de Laquís y el rey de Eglón— unieron sus fuerzas, subieron con sus tropas y acamparon junto a Gabaón para asediarla.
6Los hombres de Gabaón mandaron aviso a Josué, que estaba en el campamento de Guilgal:
—No abandones a tus siervos. Ven, date prisa en salvarnos. Ayúdanos, porque todos los reyes amorreos de la montaña se han aliado contra nosotros.
7Josué subió desde Guilgal, junto con toda la tropa y todos sus guerreros. 8Y el Señor le dijo:
—No les tengas miedo, que los he puesto en tus manos. Ninguno de ellos se te resistirá.
9Después de haber subido desde Guilgal durante toda la noche, Josué cargó sobre ellos por sorpresa 10y el Señor los dispersó delante de Israel. Les infligieron una tremenda derrota en Gabaón, los persiguieron por el camino que sube a Bet–Jorón y los batieron hasta Azecá y Maquedá. 11Y sucedió que cuando ellos huían delante de Israel por la pendiente de Bet–Jorón hasta Azecá, el Señor hizo caer sobre ellos grandes piedras desde el cielo que dieron muerte a muchos. Murieron más por las piedras del granizo que por la espada de los israelitas.
12Entonces, el día en que el Señor entregó los amorreos a los israelitas, Josué habló al Señor y dijo en la presencia de Israel:
¡Sol, detente en Gabaón,
y tú, luna, en el valle de Ayalón!
13Y se detuvo el sol,
y la luna se paró
hasta que el pueblo se vengó de sus enemigos.
¿No está escrito así en el «Libro del Justo»? El sol se paró en medio del cielo y demoró su puesta casi un día completo. 14No hubo un día como aquel ni antes ni después. El Señor obedeció a la voz de un hombre porque luchaba a favor de Israel.
15Josué y todo Israel volvieron al campamento de Guilgal.
16Pero los cinco reyes habían huido y se habían escondido en la cueva de Maquedá. 17Le fue comunicado a Josué:
—Se ha descubierto que los cinco reyes están escondidos en la cueva de Maquedá.
18Josué respondió:
—Hagan rodar grandes piedras ante la entrada de la cueva y pongan junto a ella hombres que la custodien, 19pero ustedes no se queden allí. Persigan a sus enemigos y acósenlos. No dejen que lleguen a sus ciudades porque el Señor, su Dios, las ha puesto en sus manos.
20Cuando Josué y los israelitas terminaron de derrotarlos hasta el exterminio, y los fugitivos que lograron escapar se metieron en sus fortalezas, 21todo el pueblo regresó sano y salvo al campamento donde estaba Josué, en Maquedá. Y ya nadie se atrevió a amenazar a los israelitas.
22Josué dijo:
—Despejen la entrada de la cueva y sáquenme de ella a esos cinco reyes.
23Así lo hicieron, y sacaron de la cueva a aquellos cinco reyes: el rey de Jerusalén, el rey de Hebrón, el rey de Yarmut, el rey de Laquís y el rey de Eglón. 24Cuando los sacaron delante de Josué, éste llamó a todos los hombres de Israel y dijo a los jefes de los guerreros que le acompañaban:
—Acérquense y pongan sus pies encima de sus cuellos.
Ellos se acercaron y pusieron sus pies encima de sus cuellos.
25Josué les dijo:
—No teman ni se asusten. Sean fuertes y valientes, que así hará el Señor con todos los enemigos contra los que luchen.
26Después Josué los golpeó y les dio muerte y los colgó de cinco árboles. Estuvieron colgados de los árboles hasta el atardecer, 27pero cuando llegó el momento de ponerse el sol, Josué mandó que los bajaran de los árboles y los arrojaran a la cueva en la que se habían escondido. Y pusieron grandes piedras a la entrada de la cueva que permanecen hasta el mismo día de hoy.
28Aquel día Josué conquistó Maquedá y la pasó a filo de espada. Exterminó a su rey y a cuantas personas había en ella sin dejar supervivientes. Hizo con el rey de Maquedá lo que había hecho con el rey de Jericó.
29Josué y todo Israel marcharon de Maquedá a Libná y la asediaron. 30El Señor puso la ciudad y a su rey en manos de Israel, que la pasó a filo de espada con cuantas personas había en ella sin dejar supervivientes, e hizo con su rey lo que había hecho con el rey de Jericó.
31Josué y todo Israel marcharon de Libná a Laquís, acamparon junto a ella y la asediaron. 32El Señor puso la ciudad y a su rey en manos de Israel, que la conquistó al segundo día y la pasó a filo de espada con cuantas personas había en ella, lo mismo que había hecho con Libná. 33Entonces subió Horam, rey de Guézer, para ayudar a Laquís y Josué lo derrotó a él y a su pueblo sin dejar supervivientes.
34Josué y todo Israel marcharon de Laquís a Eglón, acamparon junto a ella y la asediaron. 35La conquistaron aquel día y la pasaron a filo de espada con cuantas personas había en ella. Aquel día la exterminó, lo mismo que había hecho con Laquís.
36Josué y todo Israel marcharon de Eglón a Hebrón y la asediaron. 37La conquistaron y la pasaron a filo de espada, así como a su rey, todas sus fortalezas y a cuantas personas había en ellas, sin dejar supervivientes, lo mismo que había hecho con Eglón. La exterminaron así como a cuantas personas había en ella.
38Josué y todo Israel volvió a Debir y la asedió. 39La conquistaron y pasaron a filo de espada a su rey y a todas sus fortalezas, y exterminaron a cuantas personas había en ella sin dejar supervivientes. Lo mismo que había hecho con Hebrón y con Libná y con su rey, hizo con Debir y con su rey.
40Así pues, Josué batió a todo el país —la montaña, el Négueb, la Sefelá y sus laderas— y a todos sus reyes sin dejar supervivientes. Exterminó a todo ser vivo, tal y como el Señor, Dios de Israel, lo había mandado. 41Josué los batió desde Cadés–Barnea hasta Gaza; y también a todo el país de Gosen hasta Gabaón. 42Josué conquistó a todos aquellos reyes y sus tierras de una sola vez porque el Señor, Dios de Israel, luchaba a favor de Israel. 43Entonces, Josué y todo Israel regresaron al campamento de Guilgal.
11Jos1Cuando llegó la noticia a Yabín, rey de Jasor, éste avisó a Yobab, rey de Madón, a Acsaf, de Simrón, 2y a los reyes que estaban al norte, en la montaña, en la estepa al sur de Genesaret, en la llanura y en las regiones costeras de Dor, 3y al cananeo del este y del oeste, al amorreo, al hitita, al perezeo y al jebuseo de la montaña, y al jeveo que está al pie del Hermón en la tierra de Mispá. 4Salieron con todas sus tropas, una enorme muchedumbre tan numerosa como la arena de la orilla del mar, y con multitud de caballos y de carros. 5Todos aquellos reyes se aliaron, vinieron y acamparon todos juntos al lado de las aguas de Merom para luchar contra Israel.
6El Señor dijo a Josué:
—No les tengas miedo, que mañana a esta hora yo estaré poniendo delante de Israel los cadáveres de todos ellos. Desjarretarás sus caballos y prenderás fuego a sus carros.
7Josué, con toda su tropa, los sorprendieron junto a las aguas de Merom y cayeron sobre ellos. 8El Señor los puso en manos de Israel. Los batieron y persiguieron hasta la gran Sidón, hasta Misrefot–Maim y hasta la vega de Mispá al oriente: los batieron sin dejar supervivientes. 9Josué hizo con ellos lo que el Señor le había dicho: desjarretó sus caballos y prendió fuego a sus carros.
10Entonces Josué se dirigió a la conquista de Jasor y pasó por la espada a su rey —Jasor era antiguamente la capital de todos aquellos reinos—. 11Pasó a espada a todas las personas que había allí, consagrándolas al anatema: no dejó a nadie con vida y prendió fuego a Jasor. 12Josué capturó a todos aquellos reyes con sus ciudades y los batió a filo de espada, consagrándolos al anatema, tal como Moisés, el siervo del Señor, lo había mandado. 13Sin embargo, Israel no incendió las ciudades sólidamente asentadas con la única excepción de Jasor, a la que Josué prendió fuego. 14Los israelitas se apropiaron de todo el botín y el ganado de aquellas ciudades, pero pasaron a filo de espada a todo ser humano: los exterminaron sin dejar a nadie con vida. 15Lo que el Señor había mandado a su siervo Moisés, Moisés lo mandó a Josué y Josué lo hizo: no dejó de hacer nada de lo que el Señor había mandado a Moisés.
16Josué se apoderó de toda esta tierra, de la montaña y de todo el sur, de todo el país de Gosen, de la Sefelá, de la Arabá, de la montaña de Israel y de sus llanos, 17desde el monte Pelado que asciende hacia Seír hasta Baal–Gad en la vega del Líbano, al pie del monte Hermón. Capturó a todos sus reyes, los batió y los mató. 18Josué estuvo en guerra con todos estos reyes durante mucho tiempo. 19Ninguna ciudad hizo la paz con los israelitas, excepto los jeveos que habitaban Gabaón; a todas las tomaron por la fuerza. 20El Señor hizo que se obstinase su corazón en presentar batalla a Israel de modo que fueran consagrados al anatema y no merecieran compasión hasta quedar exterminados, como el Señor había mandado a Moisés.
21En aquel tiempo vino Josué y eliminó a los anaquitas de la montaña, de Hebrón, de Debir, de Anab y de toda la montaña de Judá e Israel. Josué los consagró al anatema junto con sus ciudades. 22No quedó ninguno de ellos en la tierra de los israelitas —sólo en Gaza, Gat y Asdod quedaron unos pocos—. 23Josué se apoderó de toda la tierra, como el Señor lo había mandado a Moisés, y la dio en heredad a los israelitas conforme a su división en tribus. Y el país descansó de la guerra.
12Jos1Ésta es la relación de los reyes del país, a los que los israelitas derrotaron y expulsaron de los territorios que tenían al otro lado del Jordán, al este, desde el torrente Arnón hasta el monte Hermón y en toda la zona oriental de la Arabá:
2Sijón, rey de los amorreos que habitaban en Jesbón, dominaba Aroer, que está a orillas del torrente Arnón, la parte central del valle y la mitad de Galaad hasta el torrente Yaboc, donde está el límite de los hijos de Amón. 3Y también la zona oriental de la Arabá desde el Mar de Genesaret hasta el oriente del Mar de la Arabá, esto es, el Mar de la Sal, por donde está Bet–Ha-Yesimot, hacia al sur, al pie de las laderas del Pisgá.
4Los dominios de Og, rey de Basán, proveniente de un resto de los Refaím que habitaban en Astarot y Edreí, 5abarcaban el monte Hermón, Salcá y todo Jesbón hasta el límite de los guesuritas y los maacatitas, y la mitad de Galaad hasta el límite de Sijón, rey de Jesbón. 6Moisés, el siervo del Señor, y los israelitas los derrotaron. Moisés, el siervo del Señor, dio su territorio a los de Rubén, a los de Gad y a la mitad de la tribu de Manasés.
7Y ésta es la relación de los reyes del país derrotados por Josué y por los israelitas después de pasar el Jordán, al oeste, desde Baal–Gad en la vega del Líbano hasta el monte Pelado que asciende hacia Seír —Josué dio en propiedad a los israelitas, conforme a su división en tribus, la tierra que el hitita, amorreo, cananeo, perezeo, jeveo y jebuseo ocupaban 8en la montaña y en la Sefelá, en la Arabá y en las laderas, en el desierto y en el Négueb—:
9El rey de Jericó, uno. El rey de Ay, que estaba junto a Betel, uno. 10El rey de Jerusalén, uno. El rey de Hebrón, uno. 11El rey de Yarmut, uno. El rey de Laquís, uno. 12El rey de Eglón, uno. El rey de Guézer, uno. 13El rey de Debir, uno. El rey de Guéder, uno. 14El rey de Jormá, uno. El rey de Arad, uno. 15El rey de Libná, uno. El rey de Adulam, uno. 16El rey de Maquedá, uno. El rey de Betel, uno. 17El rey de Tapúaj, uno. El rey de Jéfer, uno. 18El rey de Afec, uno. El rey de Sarón, uno. 19El rey de Madón, uno. El rey de Jasor, uno. 20El rey de Simrón–Merón, uno. El rey de Acsaf, uno. 21El rey de Tanac, uno. El rey de Meguido, uno. 22El rey de Quedes, uno. El rey de Yocneam del Carmelo, uno. 23El rey de Dor, de la región de Dor, uno. El rey de los gentiles de Guilgal, uno. 24El rey de Tirsá, uno.
En total, treinta y un reyes.