COMENTARIO
Josué, siguiendo el comportamiento de Moisés, comienza inmediatamente a ejercer su tarea de mediador entre Dios y el pueblo. Ha recibido el mensaje del Señor, y lo hace llegar a todos con prontitud; da órdenes para afrontar inmediatamente la misión y, con iniciativa, comienza por concretar algunos medios: disponerse para la marcha y preparar provisiones. Pero la principal disposición, como sucesor de Moisés, consiste en recordar a las tribus que se iban a asentar en Transjordania que, antes de quedarse a disfrutar de los territorios que Moisés les había adjudicado (cfr Nm 32,1-42), colaboren con sus hermanos en la toma de posesión de la tierra prometida (cfr Dt 3,18-20), de modo que sean todas las tribus las que reciban ese don de Dios.
El deseo de unidad que manifiestan las tribus de Israel, que es un obsequio al Señor, tiene como consecuencia inmediata la pronta adhesión a las disposiciones del hombre escogido por Dios para presidir a su pueblo. La respuesta animosa de las tribus de Transjordania a Josué es también una continua invitación a sacudir la propia comodidad para buscar con hechos y de verdad la unidad del nuevo Pueblo de Dios, en torno al Romano Pontífice y a los Obispos que «dirigiendo bien su propia Iglesia, como porción de la Iglesia universal, contribuyen eficazmente al bien de todo el Cuerpo místico que es también el Cuerpo de las Iglesias» (Conc. Vaticano II, Lumen gentium, n. 23).