COMENTARIO
El pueblo guiado por Josué, sucesor de Moisés, revive los prodigios del Éxodo. El autor sagrado narra el paso del Jordán en tono litúrgico y festivo, como si el pueblo fuera en una gran procesión presidida por el Arca en su acceso a la tierra prometida. Subraya de este modo la acción de Dios en la toma de posesión de la tierra y el gozo del pueblo al experimentar su cercanía.
Si el paso del Mar Rojo fue el momento culminante de la liberación de la esclavitud de Egipto llevada a cabo por el Señor, en la toma de posesión de la tierra lo es el paso del Jordán, gracias a la protección divina. Cuando salieron de Egipto la presencia de Dios se manifestaba mediante su ángel y con la columna de nube que los acompañaba (cfr Ex 14,19), ahora esa función la desempeña el Arca de la Alianza que es testimonio del compromiso que ya se ha establecido entre Dios y el pueblo.
El paso del Jordán quedará en la tradición de la Iglesia como una imagen anticipada del Bautismo: «El Bautismo es prefigurado en el paso del Jordán, por el que el pueblo de Dios recibe el don de la tierra prometida a la descendencia de Abraham, imagen de la vida eterna. La promesa de esta herencia bienaventurada se cumple en la nueva Alianza» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1222).
La frase «el Dios vivo está en medio de vosotros» (v. 10) es sumamente expresiva. El Dios verdadero es el único «Dios vivo», es decir, «que da vida e interviene en la historia» (ibidem, n. 2112).