COMENTARIO
En el momento sublime del paso del Jordán, cuando las aguas dejan abierto el camino al pueblo de Dios, se acentúa el protagonismo del Señor a través del Arca de la Alianza. Las aguas del río habían detenido su curso cuando los sacerdotes portadores del Arca pisaron sus orillas, y vuelven a correr cuando todo el pueblo ha terminado de pasar y los sacerdotes reemprenden su marcha. Israel revive y celebra los acontecimientos salvíficos realizados por Dios en su historia. Por eso, para no perder esa memoria histórica, toman doce piedras del Jordán y las erigen como monumento conmemorativo en Guilgal, donde quedarán como un recordatorio importante para todas las generaciones.
De este modo, el relato del paso del Jordán da razón de la presencia de doce grandes piedras en el santuario de Guilgal, al que se hace referencia en otros textos de la Biblia. El mismo nombre de Guilgal (de la raíz hebrea galal, «dar vueltas, girar») probablemente haga referencia a un «círculo» de piedras o estelas conmemorativas (frecuentes en los santuarios cananeos) que habría allí. La unción de Saúl como rey de Israel (1 S 11,15) se sitúa en ese santuario, que durante la monarquía israelita fue un gran centro de peregrinaciones para la gente del reino del Norte. Tales peregrinaciones serán recriminadas más tarde por los profetas debido a la proliferación de los cultos idolátricos en aquel lugar (cfr Os 4,15; 9,15; 12,12; Am 4,4; 5,5).