COMENTARIO

 Jos 8,1-29 

La conquista de las ciudades es en realidad la toma de posesión que se hace de ellas cuando Dios las entrega a su pueblo. Después del intento previo que terminó en fracaso debido a la prevaricación de Acán, el Señor pone en manos de los israelitas la ciudad de Ay. En este caso no hay ninguna acción extraordinaria como sucedió en la toma de Jericó, sino que la conquista es fruto de una estratagema urdida por Josué.

En el texto aparece un detalle que realza la continuidad entre Josué y Moisés: así como en la lucha contra los amalecitas Moisés mantuvo alzados sus brazos con el bastón en la mano hasta que el pueblo logró una victoria completa (cfr Ex 17,11-13), así Josué levantó su lanza en dirección a la ciudad para dar a los emboscados la señal de intervenir y no bajó su brazo hasta que se culminó la acción guerrera con la destrucción completa de la ciudad, convertida en un montón de ruinas.

Este relato proporcionaría sin duda una explicación de cómo se había formado la montaña de ruinas abandonadas que las generaciones de israelitas posteriores al establecimiento de su pueblo en Canaán encontraban en medio del campo y que llamaban con el nombre de Ay, que en hebreo significa «ruina, escombros».

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