COMENTARIO

 Jos 10,1-43 

El ataque a los gabaonitas, aliados de Israel, por parte de la coalición formada por los reyes de la región central y meridional de Canaán propicia una batalla que dejará en manos de los israelitas las fortalezas que dominaban esa región. En este avance rápido de la conquista por ese amplio territorio, el autor sagrado subraya una vez más que la victoria es un don de Dios, que «luchaba a favor de Israel» (vv. 14 y 42). Esto se hace notar con la indicación de que la mayor parte de las bajas en el ejército enemigo no las produjo la espada de los israelitas sino que fue obra de las piedras de granizo que Dios hizo caer desde el cielo; incluso la aparición del sol después de la larga y densa oscuridad de la tormenta supuso una prolongación del día que sirvió para que el pueblo terminara de destruir a sus enemigos. El recuerdo de aquellos acontecimientos memorables quedó plasmado en el Libro del Justo (v. 13), una composición poética en la que se cantaban las hazañas de los héroes israelitas; aparece citada también en 2 S 1,18, pero no ha llegado a nosotros.

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