COMENTARIO

 Jos 14,6-15 

El clan de Caleb tuvo particular importancia en la época en que las tribus israelitas se asentaban en Canaán. Según parece, era de origen edomita (cfr Gn 36,42) y posteriormente se incorporó a la tribu de Judá. Así consta en el libro de los Números, donde se dice que Caleb fue uno de los exploradores enviados por Moisés desde Cadés a la tierra prometida, el designado por la tribu de Judá (cfr Nm 13,6). Al regreso, cuando los demás exploradores desalentaron al pueblo magnificando las dificultades que iban a encontrar, sólo Caleb y Josué hicieron frente a la murmuración suscitada y animaron a emprender la conquista confiando en el Señor (cfr Nm 13,30 y 14,6-9). Como premio a su fidelidad, se prometió a Caleb que llegaría a entrar en la tierra prometida y recibiría en heredad la región que había inspeccionado (cfr Nm 14,24). Ahora, cuando se está haciendo en Guilgal el reparto de toda la tierra, Josué le entrega su heredad, de acuerdo con lo que el Señor le había prometido. Se trata de un pequeño episodio más, pero al que el autor sagrado ha concedido particular relevancia situándolo al comienzo del reparto de la tierra que correspondió a Judá para insistir en que Dios cumplió siempre todos sus compromisos.

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