COMENTARIO
La imagen que ofrecen estas páginas de las tribus israelitas luchando por conseguir asentarse en la tierra de Canaán es algo diversa de la que podría deducirse de las narraciones contenidas en el libro de Josué. Allí, para manifestar mejor la unidad del pueblo, no se aludía con claridad a que las acciones de las tribus para dominar el territorio habían sido con frecuencia individuales. Ahora, se hace notar que la llegada de las tribus israelitas no tuvo lugar mediante una invasión organizada, sino que cada tribu fue ocupando paulatinamente la región a la que llegaba, sin lograr controlarla por completo. Lo más probable es que el primer asentamiento tuviera lugar en el campo y en las aldeas, y sólo después de mucho tiempo los israelitas consiguieran dominar los valles y las zonas más fértiles, y habitar en las grandes ciudades.
Aunque en la mayor parte de las narraciones contenidas en el libro de los Jueces no se habla de la tribu de Judá, la narración del establecimiento de las tribus en la tierra de Canaán comienza por dicha tribu debido a la importancia que tenía cuando se compuso este libro (v. 2). En realidad, no se proporcionan muchos detalles sobre su acción conquistadora; se incluyen, en cambio, algunos relatos anecdóticos como el del castigo impuesto a Adoní-Bézec (v. 6), aplicándole la ley del Talión (cfr Lv 24,19-20), y la ocupación del territorio de Hebrón (v. 10), ya conocidos por el libro de Josué (cfr 15,13-19).
Una vez terminados los relatos sobre la lucha de Judá por su territorio, se confirma que Caleb recibió la ciudad de Hebrón y después, de modo muy escueto, se dan noticias de lo sucedido al resto de las tribus. En todos los casos se hace notar que cada una de ellas fue esforzándose por dominar su territorio, pero que no llegaron a conseguirlo plenamente, porque los cananeos eran más fuertes que ellos. En la enumeración de las tribus se sigue un orden que va de sur a norte. Después de tratar de Caleb, se habla de la tribu de Benjamín, más adelante de la Casa de José (Efraím y Manasés) (v. 22), y a continuación del resto de las tribus hasta terminar con la de Dan (v. 34). Precisamente en ese orden se inspiró el autor del libro para colocar los relatos que le habían llegado acerca de los principales jueces. Primero habla de Otniel, que es del clan de Caleb (3,7-11); después de Ehud, que pertenece a Benjamín (3,12-30); siguen los jueces de la Casa de José: Débora, de Efraím (4,1-5,32), y Gedeón, de Manasés (6,1-8,35); más adelante se habla de Jefté, procedente de Galaad, en Transjordania (10,6-12,7); y por último de Sansón, de la tribu de Dan (13,1-16,31).
El nombre de Jobab (v. 16) no aparece en el texto hebreo. La Neovulgata lo incluye de acuerdo con el texto griego y otras versiones antiguas.