COMENTARIO
El primer salvador enviado por Dios para librar a su pueblo es Otniel, del clan de Caleb, que ya había sido mencionado al comienzo del libro (cfr 1,13). A estos enviados por el Señor se les llama «jueces». La raíz hebrea que se utiliza para designar a estos personajes y a su función tiene un significado más amplio que el de juzgar. Aunque la administración de justicia era una de sus tareas, su función principal era la de gobernar tanto en el ámbito civil como en el militar. Sobre ellos recaía la responsabilidad de resolver las situaciones comprometidas, liberar a los oprimidos, o restaurar la justicia. En la ciudad de Tiro, al norte de Canaán, hubo unos gobernantes que también utilizaron ese título.
La narración de su actividad salvadora se ajusta al siguiente esquema: a) los israelitas hacían el mal a los ojos del Señor; b) por eso, eran dominados por sus enemigos; c) pero clamaban al Señor que les suscitaba un salvador; d) que impulsado por el espíritu del Señor los libraba de los opresores; e) el país descansaba y alcanzaba de nuevo la paz.
Además de esos datos no se proporciona ningún detalle concreto acerca de Otniel, excepto el nombre del monarca extranjero que los oprimía y fue derrotado: Cusán Risataim. El nombre de este rey en hebreo suena a apodo: Cusán puede estar relacionado con la tierra de Cus, país que estaba situado en la actual Etiopía; Risataim significa «doble perversidad»; el nombre significa algo así como «el etíope doblemente malo (“remalo”)».
El autor sagrado estructura de modo análogo la narración de las hazañas de los demás jueces. Organiza de acuerdo con ese esquema las noticias que le proporcionaban las tradiciones de las tribus sobre las gestas de sus jueces: a) los israelitas hicieron el mal (3,7; 3,12; 4,1; 6,1; 10,6 y 13,1), b) fueron oprimidos (3,8; 3,14; 4,3; 6,1; 10,8 y 13,1), c) clamaron al Señor y Él les envió un salvador (3,9; 3,15; 4,3ss.; 6,7ss.; 10,10ss.), d) revestido por el espíritu del Señor (3,10; 6,34; 11,29; 13,24; 14,19; 15,14), e) que, derrotando a los enemigos, trajo la paz a su pueblo (3,11; 3,30; 5,32; 8,28; 11,33).
De este modo se ilustra con recuerdos diversos y de distinta procedencia el mensaje teológico de todo el libro que se había formulado anteriormente (cfr 2,11-23).