COMENTARIO
El segundo juez enviado por Dios del que se habla es Ehud, un benjaminita (v. 15), que vence a Eglón, rey de Moab, región situada en la orilla oriental del Mar Muerto. Los moabitas, contando con el apoyo de los amonitas y amalecitas, habían pasado a la orilla derecha del Jordán y se habían apoderado de Jericó, «la ciudad de las palmeras» (v. 13), invadiendo el territorio de la tribu de Benjamín (cfr Jos 18,21).
La narración de sus hazañas se ajusta al esquema habitual del libro (cfr nota a 3,7-11). El relato es pintoresco y expresa la rudeza de la época. Sin embargo, el autor sagrado no se detiene en hacer una valoración moral de los actos de Ehud. Lo que le interesa es transmitir el recuerdo de la astucia del juez y, sobre todo, enseñar que logró humillar a quien oprimió a su pueblo no con sus dotes personales, sino porque Dios puso el triunfo en sus manos. Apoyado en esta confianza, Ehud llama a los israelitas a enfrentarse con sus enemigos (v. 28) y consigue una gran victoria.