COMENTARIO

 Jc 7,1-8 

Una de las lecciones que el autor sagrado repite a lo largo del libro es que la salvación que el pueblo encontraba en las situaciones difíciles era debida a la intervención de Dios y no a las fuerzas de los que luchaban. Ahora se expresa esa enseñanza de modo gráfico: la tropa que Gedeón ha reclutado es demasiado numerosa y si triunfa podría pensar que era por méritos propios. Dios le pide que disminuya el número de gente hasta quedarse solamente con trescientos hombres. Con ellos, Gedeón alcanzaría una gran victoria, gracias al favor de Dios.

Dios no llama a su servicio a los hombres más fuertes o a los que ofrecen más esperanza de poder humano, sino que elige los instrumentos que considera adecuados en cada momento para que se vea que la obra es suya: «Considerad si no, hermanos, vuestra vocación; porque no hay entre vosotros muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que Dios escogió la necedad del mundo para confundir a los sabios y Dios eligió la flaqueza del mundo, para confundir a los fuertes; escogió Dios a lo vil, a lo despreciable del mundo, a lo que es nada, para destruir lo que es, de manera que ningún mortal pueda gloriarse ante Dios» (1 Co 1,26-29).

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