COMENTARIO
El relato sobre las pretensiones monárquicas de Abimélec enseña la lección de que el único rey de Israel es el Señor, o aquel a quien Él haya ungido, y en este contexto religioso ha de ser leído. Cuando un personaje urde estrategias para hacerse con el poder sobre el pueblo es posible que esté movido por la codicia y el afán de mando, y no por una actitud de servicio. Así sucedió con Abimélec que por hacerse con el poder mató a sus hermanos. Aunque al principio logró seducir al pueblo de Siquem con sus razonamientos, a la larga perdió su confianza y terminó derrotado después de haber hecho sufrir mucho a los que ingenuamente apoyaron su acceso al poder. La fábula de Jotam es un bello ejemplo de cómo los que tienen cosas realmente importantes que hacer (el olivo, la higuera, la vid) encuentran dificultades para dedicarse a gobernar, mientras que los más ineptos (la zarza) ambicionan el poder (vv. 7-15). Abimélec contrasta con los restantes jueces; éstos, elegidos por Dios, traen al pueblo la salvación y la paz; aquél quiso actuar por su cuenta y sólo aportó destrucción, fuego y muerte.