COMENTARIO

 Jc 10,6-12,15 

Concluida la narración sobre Abimélec, que el autor sagrado situó unida a la de Gedeón-Yerubaal, reaparece la infidelidad del pueblo y la voluntad salvífica de Dios que vuelve a hacerse presente mediante el apoyo prestado a Jefté, para que resuelva una nueva situación comprometida.

Hasta ahora, además de Otniel, del clan de Caleb —que fue el primero de quien se habló en este libro—, se han contado las hazañas de un juez de cada una de las grandes tribus de la región central de Canaán: Benjamín, Efraím y Manasés. Ahora llega el turno a uno de la región transjordana: Jefté de Galaad.

Se comienza aludiendo al peligro que se cernía sobre los hijos de Israel por el avance de los amonitas, pueblo de origen nómada que se había establecido al este de Galaad, en una región esteparia de escasos recursos naturales, por lo que ocasionalmente penetraban en los territorios israelitas de la Transjordania para proveerse de ganado y del fruto de las cosechas. El texto hace notar que se impusieron a los hijos de Israel debido a la infidelidad de éstos a su Dios al que habían abandonado dando culto a los dioses de los países de alrededor. Después de que reconocieran su pecado, el Señor se aplacó y las dificultades que les amenazaban desaparecieron (10,6-16) gracias a la intervención de Jefté. Este personaje de origen poco noble es escogido por los príncipes de Galaad para tomar el mando en la batalla (10,17-11,11). Antes de entablar combate envía a unos mensajeros que expusieran a los amonitas los motivos históricos que tenía para reivindicar legitimidad de sus derechos de posesión sobre esas tierras de Transjordania (11,12-28). Cuando la confrontación parece inevitable, Jefté hace un voto temerario a Dios para implorar su ayuda en la batalla (11,29-31). Derrotados los amonitas (11,32-33), paga cara su imprudencia con el sacrificio de su propia hija (11,34-40). Por último, los efraimitas, que reivindicaban mayor protagonismo en la acción, se enfrentan con Jefté y los hombres de Galaad, y son derrotados (12,1-7).

Esta sección del libro termina con breves referencias a algunos jueces menores. Desde el comienzo, se han ido añadiendo escalonadamente las tradiciones de seis jueces menores a las de los jueces mayores, hasta que completen con Sansón el número de doce, el mismo número de las tribus de Israel: al relato del segundo juez mayor, se le añadió el de un juez menor: Samgar; a la del cuarto juez mayor, se le añadieron dos historias de jueces menores: Tolá y Yaír; y ahora, por último, a la historia de Jefté, se le añaden noticias sobre tres jueces menores: Ibsán (12,8-10); Elón (12,11-12) y Abdón (12,13-15).

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