COMENTARIO
Llama la atención en estos primeros relatos sobre Sansón el contraste entre su comportamiento personal y la acción que Dios realiza a través de él. El episodio del león y la miel tiene un fuerte valor simbólico que ayuda a encontrar el sentido de todo el pasaje. Los animales impuros pueden aludir a los pueblos paganos, y el león, por su ferocidad, a los que además son enemigos de los israelitas, como era el caso de los filisteos. La miel tomada de un panal en el cadáver del león tal vez se refiera a la mujer filistea de Timná, de la que Sansón se enamora (v. 8). De acuerdo con la Ley (cfr Lv 11,32-38; 22,4), la miel estaba impura por el contacto con un cadáver, por eso Sansón la ofrece a sus padres sin explicar su origen. Sin embargo, él la come a pesar de conocer su procedencia (v. 9). Así pues, en todo el pasaje se observa la ligereza con la que Sansón actúa, en abierto contraste con la Ley de Dios: busca como esposa a una mujer extranjera atendiendo solamente a su belleza (cfr Dt 7,3); toca a un cadáver, acción especialmente prohibida a los nazareos (cfr Nm 6,6); y manifiesta, además, una débil voluntad ante la seducción de su mujer para obtener la respuesta a su adivinanza. Sin embargo, el espíritu del Señor irrumpe en él para llenarlo de fortaleza y prepararlo así para llevar a cabo sus acciones salvadoras (vv. 6.19). Dios eligió a Sansón como instrumento para salvar a su pueblo de los filisteos, y pese a todo actuaba a través de él. Es una muestra más de que el poder salvífico de Dios está por encima de las limitaciones de los hombres. Reflexionando sobre las infidelidades de los Jueces, San Agustín afirma: «El Espíritu del Señor actúa por medio de los buenos y de los malos, por medio de los que lo saben y por medio de los que no lo saben, lo que sabe y decide hacer. Pues, incluso por medio de Caifás, acérrimo perseguidor del Señor, hizo una famosa profecía, sin saber que la hacía, pues dijo que era necesario que muriera Cristo por el pueblo» (Quaestiones in Heptateuchum 7,49).